Los ancianos de la calle

Por: Miguel Osmundo Mejía Erazo*
*Profesor y periodista
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Los últimos datos al mes de octubre de 2020 de parte del Instituto Nacional de Estadística, la población hondureña llegaba a 9,346,475 de los cuales 4,549,336 somos varones y 4,797,139 hembras, estamos cerca de los nueve millones y medio, posiblemente para el próximo año llegaremos a los diez millones que era la población que tenía la ciudad de México el siglo pasado. Al mes de julio del año pasado había unos 770,905 adultos mayores personas que pasan los sesenta años, a estas alturas posiblemente estemos llegando al millón, de esta cantidad de pobladores potenciales candidatos a contraer el coronavirus y del 100% de estos compatriotas apenas el 7.5% tienen una jubilación y servicios médicos del Seguro Social, excepto los 18,184 maestros jubilados por el INPREMA que crearon el capital semilla el año 1971 y con más de 30 años de cotizar también al Seguro Social, ahora que más lo necesitan los excluyen, se hace necesario una demanda legal contra ambas instituciones por coartar el derecho constitucional a los servicios de salud.

Hablar del adulto mayor en una población de más de nueve millones el 8.5% son mayores de 60 años, hombres y mujeres que deberían ser ejemplo de vida, sabiduría y experiencia, portadores de cultura y respeto. Lamentablemente en nuestro país no es así. El año 2008 se creó la Dirección General del Adulto Mayor (DIGAM) como ente rector de parte del Estado en esta materia, mediante la aprobación de la Ley Integral de Protección al Adulto Mayor y Jubilados, se vislumbró una esperanza para tanto anciano desamparado que no tiene ningún ingreso, y muchos sin familia o abandonados por sus malos hijos en los asilos que en su mayoría son de organizaciones caritativas, unos 35 centros a nivel nacional, dos centros son mayoritarios y sostenidos por el gobierno: el asilo de inválidos San Felipe con 120 ancianos y que funciona desde hace muchos años, igual el Hogar de ancianos Perpetuo Socorro en San Pedro Sula, que atiende unas 112 personas.

Hace 20 años escribí para el periódico ¨El Maestro¨ el tema: ¨Los ancianos abandonados¨, me referí a aquellos ancianos de la calle que viven por la misericordia de Dios y de personas de corazón bondadoso. Cientos de ancianos por todo el país sin ninguna esperanza, la mayoría solamente esperando dejar este mundo, seguramente a una vida mejor y eternamente. Siempre hay quienes se acuerdan de los ancianos de la calle, organizaciones cristianas o filantrópicas y personas como la licenciada en periodismo Ana María Quan (Q.E.P.D.), colega y amiga muy apreciada que siempre la recordamos, dejó el micrófono para dedicarse por completo a atender a los ancianos de la calle y fundó la Asociación para el Desarrollo Círculos (ASODECI), con otras personas visitaban restaurantes, ventas de comida rápida y comedores para alimentar aquellos ancianos que no tenían familia ni amigos, pedía para sus queridos viejitos, como los llamaba. La idea la llevó hasta Olancho donde residió por un tiempo, atendiendo unos 50 ancianos diariamente y en Tegucigalpa unos 275 hombres y mujeres de la tercera edad que lloraron la partida de la amiga Ana María, que padeciendo de una enfermedad incurable hasta el último día de su vida permaneció pendiente de dar alimento a sus invitados especiales.

La siempre recordada colega y amiga Ana María Quan, a quien dedico este escrito, seguro estoy que desde el cielo sigue pendiente de sus ¨queridos viejitos¨. Hay otras organizaciones y personas que están trabajando en los asilos u hogares para ancianos, nuestro reconocimiento. Considero que el gobierno debe hacer más por los adultos mayores, siempre sostenemos que para el Estado y la misma sociedad una persona mayor de 62 años ya no le es productiva es una carga, al contrario, deberían aprovechar la sabiduría lograda por la experiencia como lo hacen los países desarrollados, para los cristianos le creemos al salmista ¨Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan.¨; espero que jóvenes hondureños Dios les permita llegar a la vejez con calidad de vida. No te enojes cuando te digan viejo, eres un triunfador, has llegado a la meta que muchos no alcanzaron o no llegarán, eres un vencedor de mil batallas. Personalmente lo primero que hago por la mañana es agradecer a
Dios por regalarme un día más, muchos familiares y amigos ya no están, solamente se nos han adelantado.