¿Qué piensan los gringos?

Rafael Delgado

La proximidad de las elecciones en Estados Unidos despierta muy elevadas expectativas entre cierto público catracho. Las opiniones se dividen. Unos pocos esperan que la continuidad de Trump siga dándoles oxígeno en sus posiciones de poder, frenando el adecentamiento del país. Otros piensan que el triunfo de Biden garantiza un rechazo a las estructuras de la corrupción y que el problema migratorio podría resolverse en favor de los hondureños.

Sin embargo, los expertos en estos asuntos saben que la política exterior de Estados Unidos se rige por objetivos globales y regionales. La seguridad nacional de ese país que se pretende lograr frenando la migración y combatiendo el narcotráfico son dos campos en esa estrategia regional que se persigue bajo los diferentes escenarios de cada país. Dentro de ese marco no caben consideraciones muy puntuales, mucho menos intereses particulares de un país o de un grupo en especial. Por ende, se conoce de que en el planteamiento global de un problema a enfrentar, Honduras puede ser simplemente una pieza o que en aras de los grandes equilibrios y prioridades internacionales por el momento no sea conveniente esto o aquello por muy urgente que sea para este país.

No obstante, en Honduras existen inquietudes entre algunos sobre a favor de quién o en contra de quién está la política exterior norteamericana en una gama de temas y problemas nacionales. Es común, que después de profundas meditaciones y emocionadas discusiones acerca de la corrupción, sobre el adecentamiento de la justicia, o de la democratización de los partidos, enredados más que al inicio, algunos terminan preguntando ¿y qué piensan los gringos?

Algunos desean descifrar las supuestas intenciones de la política exterior de los EUA simple y sencillamente para alinearse, ya que según ellos no hay zona más cómoda que seguir lo que los gringos supuestamente desean. Por ello es necesario saber qué opinan los funcionarios norteamericanos. Hay otros que preguntan, para esperar una respuesta que valide y le dé fuerza a su posición. Según estos no hay mejor respaldo que el de los EUA para finalmente destrabar los problemas que tanto nos angustian en el país.

Por más insistencia, la respuesta a la pregunta ya está dada en la larga historia de acontecimientos entre EUA y Centroamérica, donde en efecto ha habido matices diferentes, pero todo enmarcado por ejemplo dentro de la lógica de la guerra fría,  donde habían aliados que cumplían y a los que se les concedían dispensas hasta en derechos humanos, y por otro lado enemigos a los que se combatían por todos los medios posibles. En la actualidad, los acentos están marcados en una política de seguridad de sus fronteras frente al narcotráfico, la migración y recientemente la amenaza comercial de China en la región. Dentro de todo esto, hay aliados que deben seguir paso a paso lo que se les indica a cambio de protección y disimulo frente a lo que mal hacen, pese a todo el descalabro que esto signifique al interior del país. Pero también se sabe que los aliados no son para siempre; pueden resultar ser una pesada carga y se cambian no porque quieran los hondureños, sino porque ya no sirven.

Hoy en día los hondureños con sus justas aspiraciones son los perdedores frente a un gobierno corrupto y negligente, al que la política exterior norteamericana le da oxígeno ya que les sirve por el momento. Pero ello, son inútiles las esperanzas de un adecentamiento de la justicia por el hecho que la embajada norteamericana lo manifieste en sus tweets. El cambio vendrá finalmente de nosotros, cuando estemos dispuestos a combatir los vicios sin reservas. En el momento cuando en la política estemos dispuestos a distinguir entre los que quieren a este país y los que están marcados por un pasado de corrupción y narcotráfico se estará contribuyendo sustancialmente a lograr lo que desde afuera nunca se nos otorgará.