Por: Otto Martin Wolf
Hay un principio conocido universalmente: Todos somos iguales ante la Ley.
(Acostumbro poner Ley con mayúsculas para recordar que sobre eso se construyen las sociedades y las naciones).
Pues bien, se supone que en Honduras todos somos iguales cierto?
Entonces por qué razón siguen existiendo cárceles especiales para delincuentes de privilegio?
Algunas de las explicaciones que se han dado a lo largo del tiempo es que se utilizan para garantizar la seguridad de ciertos delincuentes. Quiere eso decir que algunos delincuentes, dependiendo del tipo de fechoría que cometan, tienen un estatus especial ante la Ley?
Se teme que si se les envía a una de las cárceles normales se pueda poner en riesgo su vida?
Independientemente de que eso es un reconocimiento de que el Estado no tiene control ni autoridad suficiente para garantizar la seguridad de los prisioneros -todos los prisioneros- acaso la vida de los otros delincuentes -esos que se encuentran en las cárceles “peligrosas”- no tiene el mismo valor que las vidas de los de “cuello blanco”?
Lo aceptemos o no -y yo lo acepto- la vida de los asesinos, ladrones, violadores, narcotraficantes y demás delincuentes tiene el mismo valor como la tuvo la de Gandhi, Mandela o cualquiera otra persona, de cualquier posición social, color o ideología.
Nuestras “cárceles doradas” son el mejor ejemplo de la desigualdad en Honduras, la verdad es que aquí aparentemente no todos somos iguales ante la Ley.
O, como dicen con ironía, todos somos iguales, solo que hay unos más iguales que otros.
Hay algunos prisioneros en esas “cárceles doradas” que ya se encuentran convictos por algunos delitos y, sin embargo, disfrutan de ese privilegio aparentemente porque tienen otros juicios pendientes.
Dice la Ley que mientras se desarrollan esos juicios -los delincuentes ya convictos- pueden disfrutar de privilegios especiales?
No lo creo, la Ley no puede ser así.
Por otra parte, si se teme por la integridad física de esos delincuentes, no podrían ser enviados a alguna de las cárceles de seguridad -bien caras por cierto- que ha hecho construir el Estado?
Me parece que hasta puede ser un aliciente para los posibles delincuentes, saber que también tienen la posibilidad de pasar gran parte de su condena -o toda- protegidos por el Ejército.
Un Ejército que se supone existe para proteger nuestra soberanía y -precisamente- a la gente honrada de la delincuencia, no para cuidar delincuentes.
La existencia de cárceles de privilegio acaso no equivale entonces a tener cárceles especiales de castigo donde enviar a los más terribles, a los que se nos oponen, o a los que nos caen mal?
Los organismos nacionales e internacionales defensores de los derechos humanos aceptarían que tuviéramos cárceles al estilo de la antigua Isla del Diablo francesa?
Todos somos iguales ante la Ley, pero hay unos que son más iguales que otros.
El caso de la exprimera dama, que fue enviada a una cárcel común -siendo mujer en primer término- y que posteriormente fue encontrada inocente y liberada, no suena a algún tipo de persecución política?
Por qué no se le dio un tratamiento similar al de esos delincuentes privilegiados -y convictos- o -mejor aún- por qué no se les trata igual como lo hicieron con ella?
Por qué entonces delincuentes convictos siguen disfrutando de privilegios tales como televisores, equipos de sonido, facilidad para cocinar, realizar barbacoas casi públicamente y quizá hasta visitas sexuales conyugales y hasta extramaritales?
Esas cosas reciben fuertes críticas cuando quienes las tienen en las cárceles comunes son jefes de maras, pandillas o altos del narcotráfico, pero aparentemente nadie se da cuenta cuando eso sucede en las “cárceles doradas”.
Queremos tener un país donde reine la justicia y realmente se combata la corrupción?
Empecemos por eliminar privilegios a los delincuentes de cuello blanco, mostremos a Honduras y al mundo que aquí la Ley es igual para todos.
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