Por: José Rolando Sarmiento Rosales
Sin duda alguna que los más de 260 millones de consumidores de drogas en el mundo, como lo revela el Informe de la ONU ya para el año 2018, es más que suficiente incentivo para el crecimiento del narcotráfico, con heroína, cocaína, cannabis o mariguana y las ahora utilizadas drogas sintéticas que se han venido popularizando, por ello observamos que en Honduras frecuentemente se descubren ya no solo plantaciones de coca y de mariguana el norte de Francisco Morazán, Olancho y Colón, las narcoavionetas aterrizando con sus cargamentos de cocaína en Gracias a Dios, contenedores con precursores químicos, pero también la captura casi diaria de personas dedicadas al narcomenudeo, portando dosis de cocaína, envolturas de hojas de mariguana seca, el derivado de cocaína o crack, habiéndose descubierto también pastillas alucinógenas, vendiéndose en alrededores de centros educativos, o de centros de diversión y venta de bebidas embriagantes, en ciudades y hasta en aldeas, lo que implica la existencia de consumidores en su mayoría jóvenes.
Debido a las restricciones para frenar el COVID-19, los narcotraficantes buscan nuevas rutas y métodos, y se cree que han aumentado las actividades a través de la denominada “red oscura” de internet y los envíos por correo, según el informe. Las rutas aéreas -importantes para el tráfico de anfetaminas y drogas sintéticas- y las terrestres -fundamental para la heroína- han tenido que modificarse debido a la cancelación de vuelos y el cierre de fronteras. El incremento de incautaciones de cocaína en puertos europeos o los alijos de heroína intervenidos en barcos en el Índico, como alternativa a la terrestre ruta de los Balcanes, son indicios de esos cambios. El parón del comercio internacional también se ha notado en la escasez de precursores químicos necesarios para producir heroína o cocaína, lo que ha podido reducir su fabricación. La ONU señala que el mayor control en las fronteras está llevando a un menor tráfico de heroína desde México a EEUU, lo que ha generado escasez de ese opioide.
También en Europa se ha detectado una caída de la oferta. Otro indicio de la escasez de la oferta es la subida de los precios de las drogas en diferentes mercados. Las restricciones al movimiento y a las reuniones han podido llevar a una caída momentánea del consumo, especialmente de aquellas drogas -como los estimulantes- que suelen aparecer en festivales de música o discotecas. La ONU advierte que la ausencia de opioides debido a las restricciones ha podido llevar a buscar un sustitutivo en el alcohol, las benzodiacepinas o las drogas sintéticas. También se ha podido sustituir la heroína por sustancias más dañinas producidas localmente, como el fentanilo, un analgésico sintético 50 veces más potente. De esta forma, también se teme que hayan aparecido patrones de consumo más dañinos con sustancias inyectables por medio de jeringuillas, y el consiguiente riesgo de transmisión de enfermedades como el VIH/SIDA o la Hepatitis-C.
La ONU calcula que en 2018 había unos 269 millones de consumidores de drogas en el mundo, lo que equivale al 5.4% de la población adulta mundial. Una de cada 19 personas del planeta. Esa cifra es un 30% mayor que en 2009, mientras que más de 35 millones de personas padecen trastornos graves por drogadicción. El informe repite sus estimaciones sobre 585.000 muertos en 2017 debido al consumo de drogas. El cannabis sigue siendo la droga más popular del mundo con 192 millones de consumidores, pero los opioides, como la heroína o sus análogos, son los más letales ya que están detrás de dos tercios de las muertes. “El cultivo del arbusto de coca continúa en sus niveles históricos más altos”, señala el documento.
En 2018 se produjeron 1.723 toneladas de cocaína con una pureza del cien por cien, por lo que la cifra que llega al mercado es mucho mayor, ya que los narcotraficantes mezclan la droga con otras sustancias para aumentar sus beneficios. En el mundo hay un total de 19 millones de consumidores de cocaína, lo que supone el 0.4% de la población adulta del planeta, y sus dos mayores mercados son América del Norte -con una tasa de consumo del 2.1%- y Europa -con el 1.4%-. Donde se registró la mayor tasa de consumo en el mundo en 2018 fue en Australia y Nueva Zelanda con el 2.2% de la población de 15 a 64 años, mientras que el consumo medio en América Central (0.7%) y América del Sur (1%) también supera la media mundial. En América del Sur hay 2.8 millones de consumidores de cocaína y el mayor mercado regional es Brasil.