Por: Mario Hernán Ramírez
Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina.
Con un cálido recibimiento fuimos honrados por el patriarca de la comunidad profesor e historiador don José Ramón Nieto Silva, Elsa, Juan Fernando, Mario Fernando y quien redacta, en reciente viaje que realizamos al pintoresco y acogedor municipio de Ojojona, uno de los polos de mayor fuerza turística enclavado en la parte sur del departamento de Francisco Morazán. Nuestra visita obedeció al deseo de publicar este artículo; y en efecto logramos el objetivo.
La primera agradable impresión fue la visita a la ermita de El Calvario, que en su interior protege una de las obras de mayor prestigio histórico, por supuesto, religioso, pues se trata de un trabajo monumental esculpido por el gran Murillo, de España, y enviado para su veneración en el mejor sitio de Honduras, nos referimos a la Sangre de Cristo, trabajo sencillamente bello e impresionante, pues parece que el Redentor desea hablar con los visitantes.
Luego pasamos a la bien acondicionada Casa de la Cultura que funciona en ese hermoso y hospitalario rincón turístico de nuestra entrañable tierra.
Allí, con el apoyo de uno de sus hijos, el arqueólogo y antropólogo del mismo nombre (José Ramón), comenzó nuestra charla, abriendo la misma con la presencia imaginaria del ínclito don Eduardo Martínez López, creador de la primera gran biografía, la más completa, dicho sea de paso, del General Francisco Morazán Quesada, por razones obvias.
Enseguida nuestro anfitrión nos refirió pormenorizadamente la vida y obra del malogrado primer pintor hondureño, el egregio Pablo Zelaya Sierra, en cuya memoria el gobierno de la República en 1949 instituyó uno de los premios nacionales que es otorgado anualmente al mejor artista del período; después penetramos a la obra del genial Ladislao Valladares, autor nada más y nada menos de uno de los símbolos más sagrados de nuestra amada Honduras, el Escudo Nacional que fue oficializado en 1935, durante el gobierno del General Carías para su veneración y respeto junto a la Bandera y el Himno Nacional.
El entusiasmo del gran maestro e historiador Nieto Silva se vuelve más ardiente, cuando traemos a cuentas el nombre de una mujer excelsa que marcó huella en el desarrollo artesanal y turístico de Ojojona, nos referimos a la inolvidable “Tía Mina”, que no es más que la ilustre profesora Guillermina Cerrato, dicho sea de paso, tía carnal del connotado doctor Enrique Aguilar Paz Cerrato, y casada con otro de los hombres distinguidos de esta comunidad, el poeta y escritor Samuel Díaz Zelaya; pero, de inmediato surge el nombre de otro que podríamos llamar genio de Ojojona como fue el maestro filarmónico don Francisco R. Díaz Zelaya, ciudadano conspicuo, nacido en 1895; en el mismo año en que nació Pablo Zelaya Sierra, alcanzando los más rotundos éxitos en su vida profesional como maestro de música en diferentes partes de la República, e incluso en el vecino país de El Salvador, habiéndose desempeñado como director por muchos años del primer grupo oficial musical, hondureño, la Banda de los Supremos Poderes.
Enseguida, levantamos nuestra óptica en la personalidad del destacado banquero don Emilio España Valladares, fallecido a la edad de 105 años y que fuera accionista del desaparecido Banco del Ahorro Hondureño, institución a la que honró hasta los últimos días de su existencia.
En tan ameno y constructivo diálogo, saltó el nombre del magnífico profesor don Coronado Nieto, quien además de haber impartido clases en la educación primaria, ocupó cátedra, también, en la media, habiendo formado centenares de coterráneos suyos, que han servido fielmente a la patria.
En paréntesis, nos habló de la riqueza espiritual de que es dueño, al poseer la bendición de tener viva a su santa madre con la respetable edad de 98 años, completamente lúcida y rebosante de salud.
A continuación, el maestro Nieto nos habló de la obra que desarrolló su pariente cercano don Juan Pablo Nieto Silva, cuando este fue alcalde del municipio.
A renglón seguido, volvimos a enfocar nuestra atención en torno a otros ínclitos valores que han hecho de Ojojona lo que hoy día es uno de los lugares eminentemente turísticos por su paisaje, artesanía, gastronomía y sobre todo la simpatía y hospitalidad de los pobladores.
Hablamos entonces del destacado médico naturista al servicio de los pobres, don Gustavo Armando Garay, también, del venerable sacerdote monseñor Santiago Zelaya, orgullo de la comunidad y otros predicadores de la palabra dentro del catolicismo hondureño.
Asimismo, de los ya fallecidos, Alejandro Flores, José Valentín Vásquez, Abel Arturo Valladares y el general de Brigada José Banegas Medina quien con su presencia sigue contribuyendo al mejoramiento de la cuna que meció su infancia.
Pero, por nada del mundo podían pasar desapercibidos los nombres de dos “quijotes” que en su momento se entregaron de lleno al servicio de una de las obras de mayor utilidad para cualquier pueblo civilizado del mundo, los caballeros Ricardo García Archaga y Francisco Alfredo Santos Aguilar, a quienes Ojojona les debe precisamente el arranque definitivo de su prosperidad, pues fueron ellos los pioneros en introducir la energía eléctrica en su lugar de origen, aprovechando que Ricardo (QEPD) fue un líder sindical como pocos ha habido durante los años cincuenta del pasado siglo, desde la presidencia de la Fecesitlih hasta la Confederación de Trabajadores Sindicalizados de Honduras y el Sindicato de la ENEE, en su mejor momento histórico; por su parte nuestro leal amigo, el infatigable Chico Santos, con ese entusiasmo y dinamismo que desde su lejana infancia le ha caracterizado, movilizó todos sus contactos políticos y económicos, hasta alcanzar tan hermoso sueño allá por 1960, por lo que estos dos hondureños tienen que figurar en la galería histórica de Ojojona como dos personajes sobresalientes en el devenir histórico de ese bellísimo paraje.
En resumen, podemos proclamar -misión cumplida-, ya que en un lapso de dos horas y media con nuestro interlocutor maestro Nieto Silva, la conversación se prolongó, abordando múltiples facetas de Ojojona y su entorno, en comunidades como Santa Ana, San Buenaventura, Nueva Armenia, La Trinidad y Sabanagrande, de los que hablaremos próximamente.