Por: Carlos Medrano
Periodista
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Yo estoy en la central de riesgo, ya van dos ocasiones en las que he sido incluido en esa figura crediticia que me ha excluido para accesar a dinero de emergencia y para un crédito que necesitaba en un proyecto de emprendimiento que había estudiado y que considere sería un buen negocio.
La primera vez que se me involucró en la nefasta institución reguladora, fue por deber un recibo del teléfono fijo con Hondutel, ya que nunca me avisaron que lo debía, creo que la deuda eran 72 lempiras por derecho de línea.
La segunda vez fue por una deuda con una tarjeta de crédito que, por un error lamentable de un contador, me cobraron una letra por transporte que no me pertenecía, hice el reclamo y quien cometió el error se tardó en pagar dicho dinero y mientras tanto, me cerraron casi todas las puertas del sistema financiero.
En ambas ocasiones, no me considero merecer la implacable sentencia de deudor o casi el apelativo de pícaro, que es como uno se siente al solicitar una gestión en un banco del sistema.
Yo formo parte de miles, me atrevería a decir millones de hondureños y empresas que por x o y circunstancias fueron anotados en la central de riesgos de manera justa o injusta, y que no pueden avanzar en sus proyectos personales como una casa o un emprendimiento, ya que esta mala calificación evita que la gente mejore y prospere por estas “trabas” impuestas por el sistema.
La Central de Información Crediticia (CIC) o los burós de crédito es información requerida por instituciones que necesitan conocer a su cliente, sobre todo la capacidad de pago y el nivel de endeudamiento para calificar el riesgo, en caso de otorgarles un crédito.
En la central de riesgo están las personas naturales y jurídicas a las que se les ha otorgado un compromiso u obligación crediticia directamente, o en calidad de deudores, codeudores, avales o fiadores.
Cuántas personas por un mal momento, porque perdieron su empleo, porque tuvieron un accidente, porque debido a un error han sido incluidos en este buró, no pueden “levantarse” porque las puertas se le cerraron de manera despiadada.
Si el Presidente de la República quiere mover la economía en estos apremiantes momentos, deberá de manera urgente cambiar los parámetros y requisitos establecidos en la central de riego, flexibilizar sus procesos, relajar estos indicadores, de tal manera que una persona salga rápido de esta calificación crediticia si ya pagó y que pronto tenga acceso a dinero que le permita prosperar y construir su futuro de manera segura.
Ahí está, señor Presidente, el primer obstáculo que debe de modificar en beneficio de miles de hondureños, que, por una u otra razón, justificable o no, quedamos marcados con un sello negativo, algo así como tener un cáncer económico que tarde o temprano terminará matando al hondureño honesto, luchador y trabajador.
Modifiquen esa ley, que se escuche a quien debe y si tiene un plan de pago, si tiene un plan b frente a su crisis, para que la persona o negocio se levante, que rescate su honor y que logre salir adelante junto con la maltrecha economía del país, producto de los efectos negativos de esta pandemia que parece no tener fin.