Por: Álvaro Sarmiento
Especialista Internacional en Comercio y Aduanas
La mayoría de las personas tenemos percepciones cercanas o alejadas de la realidad sobre personas, lugares, culturas, equipos de fútbol, etc. Para algunos, el equipo de sus amores, seguirá siendo el mejor equipo del mundo y sus alrededores aunque lleve 10 años ganando casi ninguna copa. Afirmamos, que algún vecino o familiar es buena gente aunque no le conozcamos a fondo. La imagen de Costa Rica, siempre ha sido bastante buena, hasta algunos se han animado a llamarla la Suiza de Centroamérica.
En términos comparativos con el resto de vecinos, seguramente los datos de escolarización, salud, expectativa de vida, seguridad, respeto por las leyes, democracia, separación de poderes, participación en mundiales de fútbol y el cuidado institucional y grupal por mostrar su mejor cara e imagen frente al resto del mundo, simplemente nos llevan años de distancia. Es indiscutible.
Ahora bien, esta semana, algo pocas veces visto está ocurriendo en ese remanso de tranquilidad, bloqueos en decenas de carreteras, protestas populares, al mejor estilo digamos catracho. El motivo, si se puede generalizar o simplificar la respuesta, el tico promedio no está dispuesto a pagar más impuestos. Ya sabemos que generalmente estos movimientos “populares” tienen otros trasfondos así como incitadores, que buscan un botín político de la protesta/violencia, pero ese no es el objeto del presente artículo.
Vamos a los hechos. El presidente Alvarado ha pretendido negociar con los diversos actores, primero con el banco, en este caso el Fondo Monetario Internacional un préstamo por US$1,750 millones. Se argumenta, y en este año es lógico hacerlo, que es necesario para salir de la crisis provocada por el COVID-19.
El problema de fondo es que seguramente, una de las condiciones del préstamo es reducir el déficit fiscal, (diferencia entre ingresos y gastos gubernamentales) que en el caso de Costa Rica fue en diciembre pasado del 7% del PIB, el más alto en su historia, una tendencia que se ha mantenido desde el año 2009, es el tercero más alto a nivel latinoamericano.
Las finanzas del gobierno tico, son como las de cualquier familia. Si gasta más de lo que gana, tiene varias opciones, la más sencilla topar su tarjeta de crédito, después apoyarse en familiares y amigos para pagar la tarjeta y el resto de gastos. Pero todo eso tiene límites. El gobierno de Costa Rica necesita ese préstamo para pagar gasto ordinario, que en su inmensa mayoría son sueldos y bonos de empleados y funcionarios gubernamentales, es decir, poco o nada quedará para inversión en carreteras, hospitales, etc.
La otra opción es disminuir el gasto, cosa que tiene su complejidad, porque requiere disminución de sueldos, beneficios y muchos etcéteras que son beneficios de sindicatos, que simplemente no se quedarán de brazos cruzados.
Así que la opción de subir impuestos, parecía hace una semana, como la más viable, ya que nadie se imaginó la reacción viral que se ha visto a lo largo del país. Recordemos también que subir el Impuesto Sobre la Renta parece un contrasentido si se quiere reactivar una economía maltrecha por la pandemia, bueno desmejorada, porque no podemos satanizar al COVID-19 como el origen de todos nuestros males. En todo caso, la fortaleza de la mayor parte de las instituciones en ese país, seguramente será la pieza clave para iniciar el proceso de mejora. Por otro lado la capacidad de mantener diálogos de altura, es un gran activo en Costa Rica.