Nobel en Fisiología o Medicina

Por: Carolina Alduvín

Este 2020, la crisis sanitaria mundial ha dejado ver el grave error de menospreciar la importancia de la labor de los científicos y el craso error de limitar la capacidad del sistema público de atención a la salud. Con todo en pausa forzada, o con tímidas medidas de reapertura, supuestamente hasta que se obtenga una vacuna segura y efectiva contra el COVID-19, y con varios equipos trabajando alrededor del mundo para lograrlo primero que los demás; se esperaría que el galardón se otorgara al ganador de la carrera. Sin embargo, el Nobel no funciona así, hay casos en los que el reconocimiento a la relevancia de los estudios ha demorado hasta cuatro décadas, como el de Barbara McClintock y los “genes saltarines” en el maíz, otorgado en 1983.

Esta semana se anunció que los ganadores de este año son: Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice, por descubrir el virus de la hepatitis C. Su contribución ha sido decisiva para la lucha contra la hepatitis originada en la sangre, un grave problema global de salud que causa cirrosis y cáncer hepático en todo el mundo. Previamente, el descubrimiento de los virus de hepatitis A y B, fueron pasos críticos, pero la mayoría de las causas de hepatitis crónica seguían sin explicación. El descubrimiento de este virus reveló la causa del resto de las formas crónicas de esta enfermedad e hizo posible las pruebas sanguíneas que han salvado millones de vidas.

La inflamación del hígado se debe principalmente a infecciones por virus, aunque el abuso del alcohol, las toxinas ambientales y los padecimientos autoinmunes son también causas importantes. En la década de los 40s, se clasificaron las hepatitis en 2 grupos; el primero, llamado A, se debe a agua o alimentos contaminados y casi nunca tiene efectos a largo plazo. El segundo o B, se transmite a través de sangre o fluidos corporales, es una amenaza más seria, dado que puede volverse una condición crónica, es una forma insidiosa, hay pacientes en los que la infecciosa es silenciosa durante muchos años, antes de manifestar complicaciones graves.

En la década de los 60s, Baruch Blumberg determinó que la hepatitis de origen sanguíneo la causa un virus, el descubrimiento llevó al desarrollo de las respectivas pruebas diagnósticas y luego a una vacuna; en 1976, Blumberg recibió el Nobel. En ese tiempo, Harvey J. Alter estudiaba casos de hepatitis en pacientes receptores de transfusiones; aunque las pruebas para hepatitis B habían reducido significativamente el número de casos, muchos nuevos pacientes seguían apareciendo. También ya había pruebas diagnósticas para la forma A, y no explicaba los casos remanentes. Se le denominó entonces “hepatitis no A ni B”.

La sangre de estos pacientes era capaz de infectar al único huésped no humano del virus, el chimpancé, con ayuda de ejemplares de laboratorio, se determinó que el agente infeccioso también es un virus. Harvey J. Alter realizó metódicos estudios en pacientes que habían recibido transfusiones. Michael Houghton innovó una estrategia de biología molecular para aislar e identificar el material hereditario del nuevo virus, ahora llamado hepatitis C, y Charles M. Rice aportó la evidencia concluyente sobre que este virus por sí solo es capaz de originar la enfermedad. Todos los artículos relativos a los 3 aspectos, fueron publicados antes de 1998.

Estos descubrimientos marcaron un hito contra los padecimientos virales, hicieron posible el desarrollo de pruebas sanguíneas altamente sensitivas que hoy están disponibles, y que prácticamente han eliminado las infecciones post transfusión en todo el mundo. También permitieron el rápido desarrollo de drogas antivirales dirigidas específicamente contra este virus de la familia de los flavivirus. Por primera vez en la historia, este padecimiento hepático tuvo cura y nos estamos encaminando hacia su erradicación que, para culminarse, debe haber esfuerzos internacionales que faciliten las pruebas en sangre, la fabricación de nuevas drogas antivirales y que las mismas estén disponibles en todo el mundo, siendo accesibles a todos.

Harvey J. Alter nació en New York en 1935, médico graduado en la Universidad de Rochester e investigador principal en el Departamento de Medicina de Transfusiones de los NIH. Michael Houghton en Gran Bretaña en 1949, virólogo en King´s College, trabajó en Corporación Chiron y la Universidad de Alberta. Charles M. Rice en Sacramento en 1952, doctorado en el Instituto Tecnológico de California, investigador en la Universidad Washington San Louis y Rockefeller.