
Los que leen esta columna que aparece los miércoles en la Tribuna se han dado cuenta que para mí el mejor lanzador zurdo de nuestros tiempos se llama Sandy Koufax, astro de los Esquivadores (Dodgers) de Los Ángeles, que se retiró joven, a los 20 años de edad, debido al desgarre muscular de su brazo principal. Ahora me toca escribir acerca del mejor lanzador de brazo derecho de nuestros tiempos, Se trata de Bob Gibson, que lanzó toda su carrera para los Cardenales de San Luis y que falleció este 4 de octubre.
Gibson era tan grande que en los primeros siete juegos de apertura de Serie Mundial en que participó, ganó todos los siete encuentros. Además tiene el récord de Grandes Ligas con el menor número de carreras permitidas, un increíble 1.12 por partido, un récord que ya lleva 50 años y nadie ha podido superarlo. Él falleció de cáncer el 4 de octubre, día que se cumplían 52 años exactos en que en la serie mundial de 1968 rompió el récord de Sandy Koufax de número de 15 ponchados en un partido de serie mundial pues Bob Gibson el 4 de octubre de 1968 ponchó a 17 bateadores. Gibson también tiene el récord de número de 56 partidos sin permitir carrera alguna.
Durante su fantástica carrera ponchó 3,117 bateadores, ganó cinco veces 20 partidos, ganó siete series mundiales y varias veces recibió el trofeo de mejor lanzador. Además, era un buen bateador, conectando 25 jonrones, cosa rarísima en un lanzador. Él fue escogido ocho veces para el Juego de Estrellas.
Aparte de lanzar como un mago y batear como un titán, ganó nueve veces el galardón de mejor lanzador fildeador. En pocas palabras, el jugador perfecto, nombrado al Salón de la Fama, pero que también tuvo que aguantar al principio de su carrera, siendo afroamericano, el racismo que sufrió el gran Jackie Robinson, en los 50″s y 60’s.