¿Cuándo madurará el Código Verde?

Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo

Los contratados médicos, licenciadas en enfermería y auxiliares, virólogos, soldados y policías por el denominado “Código Verde” esperan que este madure, y sus dirigentes y administradores paguen lo más pronto posible los salarios de agosto y septiembre que incomprensiblemente se les adeudan.
Esta gente que se encuentra al frente del combate a la pandemia del coronavirus COVID-19, que sin piedad alguna ataca a la humanidad entera con una alta letalidad y sin que en el horizonte científico se encuentre una cura y mucho menos una vacuna que prevenga el contagio.

El personal contratado por el Código Verde se faja todos los días en los hospitales, centros de triaje, casa por casa de barrios, colonias, aldeas y caseríos de todo el país, buscando contagiados para darles tratamientos paliativos que retrasan o disminuyen la acción viral, evitando que los mismos congestionen los centros hospitalarios, que hoy por hoy a pesar del efecto meseta que ha alcanzado la pandemia aún tienen cupo disponible para la atención de los afectados.

El programa “Código Verde” con sus resultados positivos y reforzado por el de “Fuerza Honduras” con los centros de triaje, los cócteles médicos ideados por científicos hondureños residentes en el extranjeros y en el patio nacional MAIZ y CATRACHO, han salvado miles de vidas por lo que es justo y necesario que se le pague al personal contratado y que además se cumpla con el decreto legislativo de que “todo aquel personal de salud que está por contrato recibirá su acuerdo definitivo para gozar de una plaza en el sistema público”.
Pero lejos de pagarles en tiempo y forma y cumplir con el decreto legislativo, y sin que la pandemia haya sido vencida, hay despidos masivos de médicos, licenciadas en enfermería, auxiliares, personal administrativo y de servicio de varios centros hospitalarios, incluyendo el Instituto Hondureño de Seguridad Social.
Da lástima ver a diario los plantones de los cientos de despedidos exigiendo su reintegro o al menos el pago de los meses que laboraron con eficiencia y eficacia, al tiempo que condenan la mitomanía del gobierno que a diario en cadenas de radio y televisión se llena la boca en una danza de millones de lempiras, supuestamente dedicados al combate de la pandemia, pero cuya inversión no se ve en términos reales y hace que todo mundo en Honduras se pregunte ¿dónde está el dinero?

Los grupos que demandan el reintegro o el pago de sus salarios, además de condenar la actitud negativa, denuncian que no se les dotó del suficiente material y equipo de bioseguridad para evitar la contaminación, y a ella se debe la alta letalidad de personal médico, de enfermería, administrativo y de servicio del sistema de salud pública y del IHSS en todo el país.

Resulta completamente ilógico que mientras la pandemia se expande según se va abriendo la economía y hay hasta rebrotes de la misma entre pacientes que ya habían superado una vez la enfermedad se despida gran cantidad de personas que se batieron en la guerra contra el coronavirus, aun sin las armas necesarias para el combate efectivo y eficaz por un salario y promesas gubernamentales de mejoras en un futuro cercano, promesas incumplidas que mantienen en calamidad económica a cientos de familias dependientes de los despedidos que además han contraído deudas para atender sus propios problemas de salud, alquiler de cuartos y apartamentos, comida diaria, energía eléctrica, agua potable y toda la gama de impuestos cobrados para el Estado para su propia subsistencia, agregándose ahora gastos extraordinarios en tecnología para su uso debido al distanciamiento físico y no aglomeración de personas que mantiene alejado de los centros de estudios a cientos de miles de estudiantes de todos los niveles y que ahora reciben clases por radio, televisión, tabletas, celulares, y computadoras, equipos sumamente caros al que hay que sumar el costo del uso de cables, routers y aplicaciones especiales (APS) que no son gratuitas ni cubren el territorio nacional.

El haber despedido a cientos que en su momento el Presidente de la República Juan Orlando Hernández calificó como héroes sin tacha y sin miedo, resulta ilógico e inhumano y hasta genocida si se quiere, cuando se necesitan hasta 91 personas para echar a andar los hasta ahora inmóviles hospitales móviles adquiridos a un costo millonario y supervalorados de tal forma que con el costo de siete se pudieron haber adquirido catorce.
De los siete solo han llegado dos al país y permanecen sin prestar ninguna utilidad, instalados uno en San Pedro y uno en Tegucigalpa mientras se espera la llegada de otros dos, uno para Choluteca y otro para Copán, que trae un barco que no se sabe si ya zarpó del puerto de Estambul o por dónde viene, en un largo recorrido por el océano Atlántico, y de los otros tres restantes no se sabe nada.

La gente, y más los trabajadores que quedan sirviendo bajo el programa de “Código Verde” ya ha recibido avisos extraoficiales de que sus contratos serán liquidados en diciembre sin que se cumpla la promesa de obtener una plaza fija en el sistema de salud que el Presidente de la República ha prometido dejar sumamente robustecido y a tono, no solo con otros del istmo centroamericano sino de países del primer mundo.
La promesa gubernamental se tiene como un mito más de un gobierno basado en la mentira y actividades populistas que no han sido más que beneficiosas para el activismo político aplicado con mucho sectarismo y que no ha beneficiado en realidad a los sectores más afectados del país.