LA RUTA DEMOCRÁTICA

PROTEGER LO NACIONAL

NADA se gana del repetido aporreo al proceso electoral. Siendo la única ruta democrática posible –que evite el caos y la anarquía– como ventana de esperanza a la alternancia y al cambio para salir de la crisis. Varios avances políticos han ocurrido como respuesta al descontento y a la falta de confianza generada por el sistema electoral anterior. Después de varios intentos fallidos –mediados por la cooperación internacional– de poner a platicar al gobierno y a la oposición, algún cauce agarraría la solución al desacuerdo. Fue así que las fuerzas políticas representadas en el Congreso Nacional –sin necesidad que ajenos metieran su cuchara en la discusión de asuntos soberanos solo atinentes a los hondureños– llegaron a acuerdos elementales orientados a restaurar la confiabilidad del sistema. Ello, pese a lo difícil de una tarea de esa envergadura, dado el ambiente tóxico que hasta la necesidad de dialogar y consensuar es satanizada por sospechas e insensatez.

Primero decidieron la intervención del órgano registral; la fuente de los datos cuestionados dizque responsable del fraude. Mientras, reformas constitucionales y una ley especial dieron vida a los nuevos órganos colegiados del CNE y del RNP. Bastante empeño hubo de colocar comisionados con cierto perfil técnico en el RNP y consejeros solventes en el nuevo Consejo Nacional Electoral. Pero como arribar a consensos políticos resulta ser una faena tan contumeriosa como los dolores del parto, no han podido hasta ahora aprobar la nueva Ley Electoral que debió estar lista hace días. Ello es, porque la ley vigente es el pedazo que queda de las viejas disposiciones que rigieron procesos anteriores, mientras ya está en marcha un nuevo sistema registral y ya días operan, intentando echar a andar elecciones confiables y transparentes, nuevas autoridades del CNE. Ocurrió entonces, que el CNE obligadamente tuvo que convocar a elecciones primarias en la fecha prevista en la ley vigente. De no haberlo hecho, entraba en precario el orden constitucional peligrando fracturar el Estado de Derecho. Inició, pero todavía no concluye, la elaboración de la nueva base registral depurada. Esto es lo que sirve de información primaria –la bitácora completa y actualizada de datos registrales– para emitir la nueva tarjeta de identidad y la base para la elaboración tanto del censo electoral provisional como del definitivo. Sucede que a falta de una ley definitiva, con reglas claras que rijan el proceso comicial ya en curso, hay una especie de limbo, entre lo anterior y el sistema novedoso que se implementa.

Como aquí, –por el mismo tenso ambiente– las cosas políticas marchan a pasitos, hay que resignarse a la entrega por cuotas. A ello obedecen esas disposiciones legales que acaban de acordar –“Ley Especial Elecciones Primarias 2021”– que, en realidad, debieron ser artículos transitorios de la nueva Ley Electoral. (Sin ese espacio de tiempo para habilitar la conclusión de los trabajos que realiza el RNP y el CNE, imposible dar cumplimiento a cabalidad de las funciones encomendadas. No desaparecen, empero, conjeturas sobre la voluntad de sacar la nueva normativa. Menos mal que, saliendo al paso de las suspicacias, la presidencia del Congreso Nacional instruyó convocar sesiones corridas esta semana hasta completar la aprobación de la nueva Ley Electoral). Sin la mezquindad que impida reconocer logros alcanzados, queda el pesar de lo pendiente. Que –quienes recibieron del CNE un proyecto de decreto de reformas constitucionales– no se hayan molestado en presentar la iniciativa de la figura del balotaje, o segunda vuelta. No que eso sea tema de reformas electorales. Pero lo uno no es excluyente de lo otro. Nada impide parpadear y mascar chicle al mismo tiempo. Ahora que ocupaban votos para esos transitorios, era la oportunidad de exigirlo. Decíamos ayer, como genuina aspiración –hoy que hay tantos partidos– que la nación salga fortalecida de la consulta comicial, dando sentido real a las alianzas, con un gobierno fuerte, respaldado por una mayoría contundente de los hondureños y con mayor solvencia para conjuntarlo. Aún así, no hay que ser candil de la calle y oscuridad de la casa –para no reconocer los avances– cuando hemos advertido sobre los riesgos de la descalificación al proceso electoral. Siendo esa la única luz que alumbra una salida del laberinto.