Por: Otto Martin
“Más allá de las Columnas de Hércules existió un reino poderoso como ninguno, avanzado como ninguno, dueño de los más portentosos adelantos científicos y la gente más bella que jamás ha existido llamado Atlántida. Quisieron los dioses que en una sola noche fuera destruido hasta sus cimientos, convirtiendo en leyenda lo que fue la más grande civilización que el mundo había conocido, gobernado por Poseidón, dios de los mares”.
Un fragmento modificado de lo que Platón escribió unos 360 años antes de nuestra era que es, realmente, lo único que se conoce de la Atlántida.
Arqueólogos modernos, exploradores, aventureros, gente de ciencia, inclusive gobiernos de algunas naciones han intentado localizar el supuesto lugar en donde estaba ubicada, hasta el momento sin ningún resultado.
La única referencia física establecida por Platón son “las Columnas de Hércules”, que tampoco se sabe qué eran y dónde estaban.
Se ha llegado a una especie de consenso al respecto, muchos creen que Platón se refería al peñón de Gibraltar, punto en que se unen el mar Mediterráneo y el océano Atlántico y donde enormes farallones podrían haber sido denominados en la antigüedad como las Columnas de Hércules, pero no existe confirmación científica, solo una teoría.
Adentrémonos en el Atlántico a toda velocidad y pasamos rápidamente a las Islas Canarias, las cuales durante los siglos XVI y XVII se identificaron como la Atlántida, apareciendo en algunos mapas de la época.
Esa teoría fue desechada con el tiempo, así que vayamos más adelante, sigamos la leyenda. Cerca de las Islas Bimini, un distrito de Las Bahamas, situadas a unos 85 kilómetros de Miami y a 220 de Nassau, se han encontrado escombros de lo que parecen ruinas de edificaciones muy antiguas, algunas sorprendentemente bien conservadas. Muchos están convencidos que son los restos de La Atlántida pero, de nuevo, no existe evidencia comprobada de que, en efecto, ahí existió una ciudad y mucho menos que sea la que estamos buscando.
La especulación sobre una leyenda se presta para mucho. Hay quienes sostienen que en las profundidades de una zona conocida popularmente como El Triángulo de las Bermudas se encuentra una base extraterrestre que no es otra cosa que la ciudad sumergida de la Atlántida.
Muy bueno el tema para novelas o películas, pero nada que ver con la realidad.
Ni siquiera ese “Triángulo” realmente existe. Lo que sabemos es que es un área enorme ubicada entre Bermudas, Miami y Puerto Rico que, obviamente y de manera inevitable forman un triángulo. Pero ahí termina todo. Se dice que aviones y barcos con su tripulación entera se pierden ahí. Siendo su superficie total de 1.1 millones de kilómetros cuadrados es lógico que, con el tiempo, ahí sucedan muchas cosas, pero no necesariamente relacionadas.
Tratar de ubicar una civilización perdida, basada en una leyenda provocada por unas cuantas líneas en relato fantástico, sería el equivalente de tratar encontrar el Olimpo, lugar de residencia de Zeus y otros dioses, también mencionados por Platón.
O quizá creer que los dragones, magos y hechiceros de tantas leyendas en todas partes del planeta, que todo eso fue realidad.
Es lo mismo pensar que nuestros modernos superhéroes (desde Supermán hasta el Hombre Araña, Ironman y Thor) con sus ciudades imaginarias, poderes y máquinas increíbles puedan ser tomados -en un futuro lejano- como que en realidad existieron.
En ese campo, en el de la leyenda, debe permanecer la Atlántida hasta que se compruebe científicamente, sin lugar a dudas, que alguna vez existió.
Lo más que podemos decir es que quizá -solo quizá- Platón a su vez recogió la leyenda de una ciudad destruida por un terremoto, maremoto o algún otro desastre natural, le puso nombre y lo dejó para intrigar a la posteridad.
Lo puedo imaginar en algún lugar riéndose de nosotros y diciendo: “Los humanos no han cambiado en todo este tiempo, son capaces de creer cualquier cosa”.
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