El “loqueísmo” es un relleno innecesario, Por: Dilia Celeste Martínez
Máster en Español como Lengua Extranjera
La semana pasada me referí al respeto que merecen las variedades geográficas o diatópicas del español. Sin duda es un tema muy amplio y, cuando alguien me pregunta si entonces todos debemos hablar como se nos dé la gana, mi respuesta siempre es “no”. En principio debo aclarar que el habla es un acto individual, y sí, cada quien es libre de hablar como quiera, no hay policías de la lengua, pero sí instituciones que pretenden difundir su normativa, a fin de cuentas, para que podamos conocer la estructura de cómo funciona este código.
En esta ocasión hablaré un poco acerca del estilo, porque dependemos de situaciones, y por esta razón no tendemos a comunicarnos igual en el trabajo, con la familia o con amigos. Las peculiaridades con las que los usuarios hablan español en cada sitio (variedades geográficas) son un tipo de variantes distintas al estilo (variedades diafásicas o funcionales). De acuerdo con Marías, J. (2018:26), en cualquier lugar se hablan o escriben españoles excelentes y horrendos, y suelen ser lo uno o lo otro en función del estilo y las elecciones de cada escritor o hablante, no de las particularidades o variantes propias del sitio.
Acerca de lo horrenda que puede llegar a ser nuestra lengua cuando se desconoce su uso correcto y empleamos un pésimo estilo, puedo citar como ejemplo el loqueísmo, -lo que es- tan dicho aquí, que no me sorprendería si apareciera como característica en algún libro que pretenda describir el español hablado en Honduras. Incluso me parece peor pensar que parte de este uso excesivo de “lo que es”, se atribuye a la influencia de los medios de comunicación, porque si enciendo la televisión o la radio escucho este vicio a cada momento: lo que son los doctores, lo que es el mercado, lo que… ¡Me hacen enloquecer!
Con el uso de las estructuras “lo que es” y “lo que son”, se introduce una oración dentro de otra y se conoce como subordinación, pero para lograr esto también existen más fórmulas. Góchez, R. (2008) explica que para el caso específico de “lo que es”, tiene sentido hacerlo cuando queremos referirnos a un conjunto de cosas concretas o difusas que no deseamos enumerar, a las cuales aludimos mediante el pronombre neutro “lo”, por ejemplo: “A cierta edad, ya distinguimos lo que es bueno para nuestra salud”. Sin embargo, añadir “lo que es” resulta completamente innecesario cuando el nombre que constituye el atributo de la proposición es concreto y ya está presente, inmediato, visible, adyacente y explícito en la oración original.
El loqueísmo no es más que un relleno en el discurso, hay que evitarlo sin importar con quien hablemos. Hagamos uso de un buen estilo.
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