Morazán en David, Panamá

Por: Mario Hernán Ramírez

Con el ilustre compatriota, doctor Noé Pineda Portillo y la siempre bien recordada escritora Carmencita Fiallos Tábora, viajamos en 1999 a la ciudad de David, república de Panamá, para asistir a los solemnes actos de inauguración de la moderna y bien tallada Plaza Morazán de aquella histórica provincia, en nuestra condición de miembros de la docta Academia Hondureña de Geografía e Historia y del Instituto Morazánico, de cuyas entidades cívicas el doctor Pineda Portillo fue presidente en repetidas ocasiones y, Carmencita, la perpetua secretaria de ambas instituciones.

El avión en que viajamos nos dejó en el aeropuerto Juan Santamaría, de San José, Costa Rica, lugar en el que abordamos un moderno autobús rumbo a David, comunidad que se encuentra fronteriza entre Panamá y Costa Rica. Fue uno de los repetidos viajes que durante su gestión el doctor Pineda Portillo organizó con diferentes miembros de la Academia, ya que también, internamente, viajamos a Islas de La Bahía, Choluteca, Santa Bárbara, San Pedro Sula, Trujillo, Comayagua, Cedros, logrando llegar hasta la isla Conejo, para oficializar en ese memorable encuentro, la soberanía hondureña de esa parcela del archipiélago en el Golfo de Fonseca, cuya principal puerta de entrada es precisamente el Puerto de Amapala en la Isla del Tigre, pero, volviendo a lo de David, la historia registra que fue en esa preciosa región del sur centroamericano, que por entonces pertenecía a la república de Colombia, es decir, lo que hoy es la república de Panamá, ya que estamos hablando de la permanencia del general Morazán en 1841 cuando es cribió ahí sus célebres memorias y su portentoso manifiesto, de cuyo contenido transcribimos lo que a nuestro juicio es más impactante, de acuerdo con la biografía que sobre la vida del héroe escribiera el doctor José Ángel Zúñiga Huete en su bien documentada obra MORAZÁN:

“Hombres que habéis abusado de los derechos más sagrados del pueblo por un sórdido y mezquino interés! Con vosotros hablo, enemigos de la independencia y de la libertad.”

“…En los Estados de Nicaragua y Honduras, los justos deseos de reformas, no satisfechos con las que hiciera el Congreso en 1831 y 1835, fueron de nuevo excitados por dos folletos que escribió́ el ex marqués de Aycinena. En ellos pretendía este probar que no estábamos bien constituidos, porque los Estados, como en Norte América, no fueron antes que la nación, y porque la Constitución Federal es más central que la de aquella República.”

“…Pretender que las Constituciones de nuestros Estados debieran existir antes que la general, es pedir un imposible, porque los españoles, que nunca fueron tan ilustrados, ni tan generosos como los ingleses con sus colonos, no permitieron otra ley que la voluntad del Soberano.”

“…En fin, atreverse a asegurar ante el público tantas falsedades juntas, se abusa demasiado de su sencillez y buena fe, y del silencio que han observado los centroamericanos ilustrados, que conocen que ni los norteamericanos pudieron hacer su felicidad copiando las Constituciones democráticas que habían servido a otros pueblos, ni el de Centro América, en su actual estado, hará́ la suya adoptando la Ley Fundamental de aquella República si no puede trasplantar al mismo tiempo el espíritu que le da vida.”

“Pero Aycinena sólo ha tenido por mira, al propalar estas doctrinas, producir una revolución. ¡Ojalá sea más afortunado esta vez que lo fuera con su familia en la del Imperio mejicano, que defendieron con tanto ardor!”

“Si el Duque de Orleans encontró́ en la guillotina el castigo de haber anarquizado al pueblo francés, aparentando para subir al trono ideas liberales que no profesara, descendiendo de lo grande a lo pequeño, debe tener igual suerte Aycinena, que usa los mismos medios para recobrar sus honores.”

“…Ni el oro del Guayape, ni las perlas del Golfo de Nicoya volverán a adornar la corona del Marqués de Aycinena; ni el pueblo centroamericano verá más la señal oprobiosa de su antigua esclavitud; pero si alguna vez brillase en su frente este símbolo de la aristocracia, será́ el blanco de los tiros del soldado republicano…”

Este trabajo lo consideramos oportuno, ya que nos encontramos justamente en el mes de la patria centroamericana, o sea en el 199 Aniversario de su Independencia de la corona española, aquí recordamos a la honorable señora presidente de Panamá doña Mireya Moscoso en 1999, que fue cuando se realizó tan solemne ceremonia, a la que ella con su presencia, honró y le dio mucho más realce, pues a la misma la acompañaron no solo miembros de su gabinete sino también del cuerpo diplomático acreditado en esa nación, altos oficiales del instituto armado y numerosos colegios, tanto de la capital como de la provincia tantas veces aludida; aquello se constituyó en un verdadero acontecimiento, sin precedentes en la vida cívico-cultural de Panamá y Honduras, pues su realización marcó un hito histórico que deben conocer todos los hondureños.

Doña Mireya, una señora muy culta y simpática, se acercó al grupo de hondureños ahí presentes para indagar _si todavía en la calle peatonal de Tegucigalpa se vendía el delicioso mango verde en tajadas con chile, especias y sal_, a lo que le contestamos al unísono que sí, respondiendo de nuevo, ella, que durante su visita a la capital hondureña había recorrido ese acogedor rincón tegucigalpense y saboreado el exquisito mango verde. Una anécdota que vale la pena recordar.