Por: Noé Pineda Portillo
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Es doloroso cuando un pariente se va, especialmente cuando es un pariente con quien se ha mantenido cierta cercanía y tanto las alegrías y tristezas se han mantenido juntos. Tal es el caso de nuestro pariente Baldemar Portillo Mejía, quien falleció el pasado 31 de agosto de este año.
Es digno de mencionar y trascender el nombre de Baldemar Portillo, por su trayectoria académica y artística, así como profesional de la educación en el nivel medio. En lo académico fue un magnífico profesional en las Ciencias Sociales, especialmente en la historia, tenía una memoria de neolítico para recordar fechas y hechos históricos, y en el arte, su gran fuerte era la música, una admirable vocación y admirable ejecución con los instrumentos como la marimba, acordeón, concertina, guitarra, xilófono y todos los afines a percusión, viento y cuerda. Siempre su mayor pasión, como verdadero maestro, fue la marimba.
Decíamos que su dedicación en lo académico eran las ciencias sociales y dentro de éstas la Historia. Esto lo heredó de su padre, nuestro tío, coronel Juan Ángel Portillo, por eso la reverencia que dejó en todos su hermanos, comenzando en sus nombres, de mayora menor: Epaminóndas, Dora Argentina, Baldemar, Lombardo Lenin, Morazánida y Morelos Hidalgo. Estos dos últimos sobreviven.
En el caso de la música, tuvo una especialización becado por una organización internacional en la República de Argentina, donde le tocó participar como expositor y ejecutor de música en ciertos centros culturales, donde destacó con muchos aplausos en ese país hermano.
También por su ejecutoria como maestro de música y como profesional de la docencia por muchos años, fue objeto de honra por muchas instituciones y gobiernos con certificados, diplomas y medallas; galardones que mucho lo enorgullecieron tanto a él como a su familia, especialmente a su esposa Maricruz o Crucita como él cariñosamente la llamaba y sus hijos y sus nietos que también van tomando sus rumbos. Dentro de éstos méritos, recuerdo el que le dio la Alcaldía Municipal de su pueblo natal, en 2017, San Francisco de Ojuera.
Su mayor labor como docente la hizo en la Escuela Normal Mixta y en el Instituto Central “Vicente Cáceres”, donde una infinidad de jóvenes varones y señoritas, lo recordarán por sus famosos regaños, pero mucho más por su apasionante música que dejaba perplejos a muchos y por el cultivo por el arte de la música que lleva la melodía que perfecciona el alma.
Adiós Maestro de Generaciones y hermano del alma. Que el Señor te tenga un espacio en su seno y que le lleves una inspiración del son de tu querida marimba.