PUNTO DE PARTIDA

EL CONTAGIO Y LAS ALARMAS

EN los próximos días LTV (La Tribuna Televisión) –en su modesto radio de penetración– abrirá sus espacios a pequeños y medianos emprendedores para que gratuitamente, –durante el tiempo prudencial que tome salir de esta crisis sanitaria– puedan colocar anuncios de sus negocios y pautar sus videos sin costo alguno. El propósito es transmitirlos con la mayor frecuencia disponible. Se hace –así como se cedió mucho del horario de la programación habitual poniéndolo al servicio de la educación virtual para beneficio de estudiantes que no cuentan con internet– con el ánimo de extender una mano solidaria a empresarios que atraviesan por dificultad, sin dejarse derrotar por los problemas. Que vuelven a apostarle al futuro de Honduras, salvando lo suyo y de sus familias, sin apocarse o renunciar a la lucha, en este período de recuperación de las actividades económicas. Como muestra de aliento a quienes resisten la calamidad; con esa preciosa madera del roble que movido por la furia del vendaval se mece pero no se quiebra, desafiando la gigantesca crisis.

Sin resignarse y menos amainarse frente a la adversidad. Debemos ser creativos en la adaptación exigida en estos malos momentos. Reinventarnos con ingenio y perseverancia. Pero además audaces en las iniciativas que incentiven la industria, el comercio, el negocio que da trabajo a cientos de miles de compatriotas. Claro que el desplome económico a todos afecta. A unos más que otros. Hay quienes sortean la desgracia con más recursos, otros con mayor capital, pero la inmensa mayoría no logrará sobrevivir sin el auxilio suficiente que asegure su reincorporación. Desde antes que el país sufriese este golpe demoledor a la vida y a la economía, como consecuencia del confinamiento obligatorio para aminorar el contagio de la peste, hemos escrito sobre la necesidad de elevar la tan disminuida autoestima nacional. Esa seducción hacia lo ajeno, en detrimento de lo propio, se ha convertido en nociva causa efecto de la dependencia. Una especie de complejo de ser menos que impide a la sociedad levantar cabeza con dignidad. El atraso que se padece, más que cualquier carencia material, es un estado mental. Somos poco porque nos pensamos poco. Por ello, para ir venciendo ese complejo, es preciso construir sobre la confianza interna. Invertir en aquello generado con el esfuerzo nacional. Preferir lo elaborado por manos hondureñas. Privilegiar lo hecho en casa. Obviamente las deficiencias del mercado deberán suplirse con importaciones.

Hay más demanda de lo básico que capacidad de oferta que la satisfaga. Una serie de medidas, trámites y déficits de estímulos que conspiran contra la producción. Si es inevitable traer bienes importados debe limitarse a la materia prima, lo esencial, lo sumamente necesario, como insumo para la fabricación doméstica o complemento de lo que internamente se carece. Incluso recurrir a la revisión de los convenios de libre comercio y de las franquicias que permiten introducción de lo superfluo amparado en canonjías. Sobre cualquier otra cosa, aprender a apreciar lo nuestro. Escoger sin titubear lo que el país genera. Lo uno lleva a lo otro. En la medida que la demanda por lo elaborado localmente crezca, incrementan las fuentes de trabajo. Contrario a gastar en el sostenimiento de trabajadores de otros países, consumiendo esos productos, decidirse a apoyar la labor, el empeño, el bienestar de los trabajadores hondureños. En este mes de la patria, si se trata del repaso de actitudes patrióticas, este sería buen punto de partida para emprender el camino.