Por: Coronel ® Jose Antonio Pereira Ortega
Con perseverancia, estudio y permanente deseo, cualquier hombre puede llegar a ser grande.
General George Patton
Las Fuerzas Armadas de Honduras, en una preocupación constante por ser mejores y dar cumplimiento exitoso a la múltiple y variada gama de misiones constitucionales de guerra y de no guerra, han encontrado en la capacitación constante, su mejor herramienta en la promoción y superación del talento humano de sus cuadros de mando, a nivel de dirección y ejecución tanto en tiempo de paz como en tiempo de conflictos, logrando de esta manera una extraordinaria disposición de las personas y de los recursos materiales de manera eficiente y oportuna que le garantice el éxito en pro del pueblo y del país.
Con esta visión, y con el objetivo de evolucionar en el contexto que exige la sociedad a las instituciones armadas, los altos mandos se propusieron y siguen proponiéndose, crear las estrategias, políticas y procedimientos que le permitieran diseñar un plan de constante evolución intelectual, física y psicosocial, sin menoscabo de sus tareas constitucionales, haciendo uso apropiado del tiempo y de los recursos asignados en forma eficiente, fortalecidos en las más modernas de educación y desarrollo.
En este marco de referencia, los mandos de la fuerza Ejército, conscientes de empeñarse al máximo para cumplir las misiones asignadas y deducidas, consideraron necesario transitar el camino de la profesionalización militar de sus hombres, y dándose cuenta de su vulnerabilidad derivada de la carencia de centros de formación y educación militar apropiados o incipientes, deciden a partir de los primeros años del siglo XX, emprender un difícil pero valiente camino en aras de potenciar la capacidad de sus miembros, instituyendo para ello los centros de formación necesarios y entre ellos se destaca la Escuela de Aplicación para Oficiales (EAO), mejorando así el desempeño de los mismos en el campo de la planeación, administración, dirección y ejecución de los planes y órdenes emanados de las autoridades competentes.
Este centro de capacitación que toma como su lema “Non Ristare, Aptare” que significa “No Descanses, Aprende” nace a la luz pública el 01 de enero de 1972, mediante acuerdo número 58, estableciéndose en el histórico Cuartel San Francisco en Tegucigalpa F.M, convirtiéndose en la punta de lanza en el campo, educativo militar, complementando los esfuerzos de los centros iniciales como la Escuela Básica de Armas, de Cabos y Sargentos, y una serie de intentos de organizar academias militares, como la propuesta bajo la dirección del coronel de origen chileno Luis Oyarzun en 1905 y otras que sucumbieron por diferentes causas ajenas a la institución militar.
Es meritorio considerar que no todo fue miel sobre hojuelas, desde sus inicios la EAO pasó por escabrosos procesos que redundan en la falta de voluntad y entendimiento de su propuesta, desde los valladares presupuestarios del inicuo presupuesto en investigación y educación en las Fuerzas Armadas, hasta los desmanes surgidos en los constantes pleitos políticos respecto al posicionamiento de la institución armada en el estado democrático, haciendo difícil la consolidación de este importante y eficiente centro de capacitación militar, solo la incalificable postura de los mandos de ese entonces hicieron posible poner en perspectiva y fundar esta escuela, cuyo único propósito era el de potenciar la capacitación militar de la oficialidad, que se confinaba únicamente a la formación básica de sus centros de formación básica, y a los pocos cursos en el extranjero, en particular en los centros de capacitación del ejército de los Estados Unidos de América, en los programas IMET y MAP.
A 38 años de su fundación, nuestra Escuela de Aplicación para Oficiales “Mayor Luis Felipe Reyes Mayes” es un auténtico legado de éxito para los oficiales graduados, sus alumnos potenciales, oficiales del ejército, de las Fuerzas Armadas y para Honduras, el producto de su gestión ha cumplido las expectativas de su creación y es un crédito de superación en la formación presente y futura de los cuadros de mando, dirección y administración de los oficiales del ejército hondureño, que sienten y viven el compromiso de servir a Honduras en todas las áreas del desarrollo nacional, apropiándose del Non Ristare, Aptare, empeñándose en cualquier tipo de circunstancia y ambiente adverso para mantener segura a Honduras y a los hondureños, de cualquier amenaza interna o externa, así como de la asistencia humanitaria por los desastres producidos por fenómenos naturales y antropogénicos, como se demostró en los diferentes fenómenos destructivos como el Huracán Mitch en 1998.
En mi condición de oficial graduado en el año 1981, no puedo quedarme indiferente y hoy rindo un merecido tributo a la titánica y gloriosa labor educativa de sus 38 años, de exitosa producción académica, asentando su sello en sus graduados para vivir su lema “No Ristare, Aptare”.
Elevo mi orgullosa exaltación a nuestra Escuela de Aplicación Para Oficiales “Mayor (P) Luis Felipe Reyes Mayes”.