Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)
Llegan las horas finales para la aprobación de la llevada y traída “Nueva Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas”, que de nueva lo que tiene es mínimo ya que aparte de la creación del CNE y otras reformas que son más cosméticas que profundas, se perfila como un nuevo engaño para el pueblo hondureño que vehementemente exigió en las calles, en los medios y de todas formas posibles, la Segunda Vuelta Electoral, la resolución del tema de la hasta ahora ilegal e inconstitucional Reelección Presidencial, la Municipalización de las Juntas Electorales Receptoras de Votos, la eliminación de las Credenciales Electorales a los partidos, muchos de los cuales, son de maletín y han sido aprobados para justificar el fraude del Partido Nacional que las compra y las utiliza para dominar en la mesa lo que no pueden hacer en la urna, la profundización de los mecanismos para que no se filtre el dinero del narcotráfico y el lavado de activos a las campañas y candidaturas la prohibición de utilizar el dinero oficial para propaganda política, en fin, un sinnúmero de reformas que fueron solicitadas, propuestas y defendidas por el Partido Liberal desde el fenecido y fallido Diálogo Político con Naciones Unidas, esfuerzo torpedeado por el PN y por Libre en aquel momento.
Dicho lo anterior, con nueva ley o con sin nueva ley, llega también el momento en que la clase política debe demostrar que ha madurado, que ha crecido y ha entendido, después de 11 años de malos gobiernos, de diversas crisis de distintas naturaleza, de la pandemia y sus terribles consecuencias así como del desastre de la corrupción e impunidad que ha traído consigo, que llegó el momento de actuar pensando en los grandes intereses de la Patria y no, en el interés particular de x o y, que, ante la enorme oferta electoral que existirá por la aprobación descabellada de gran cantidad de partidos, que lo que hacen, es destruir el posicionamiento de los electores confundiéndoles más que dándoles opciones reales de poder y de cambio, lo que es más conveniente es una alianza fortalecida de la oposición frente a la maquinaria de dinero, manipulación y de actividad criminal de quienes gobiernan, deciden y administran el Partido Nacional de Honduras.
Honduras necesita de un liderazgo unificador, honorable, que construya en vez de destruir, que edifique, que apele a nuestros mejores deseos y esfuerzos, que nos haga creer en la solidaridad, en el esfuerzo creativo, en el apego a la ley, al orden, en el fortalecimiento de la institucionalidad y del Estado de Derecho, que sea prueba viviente de probidad, de templanza, de serenidad, de humildad, de ausencia de ego, soberbia, vanidad y autosuficiencia, que sea ejemplo de esfuerzo, dedicación, entrega por los demás, de lucha personal por la excelencia, por llegar más allá de lo común, un liderazgo que convoque a nuestros mejores hombres y mujeres, por sus méritos personales, sin pretender ser juez de los demás pues la perfección solo existe en Dios, con una visión de país clara y con una hoja de servicio destacada en sus actividades y emprendimientos, que sea un firme creyente en el trabajo en equipo para poder reconstruir a esta nación destruida por todos lados, un pacificador con la verdad antes que un agitador con la mentira, firme en sus propósitos y con inteligencia emocional suficiente para sentarse con un humilde campesino así como el más estirado miembro de nuestra sociedad, que entienda la relación especial entre el capital y el trabajo, entre sus seguidores y sus adversarios, capaz de convencer, no a los que ya están convencidos, sino más bien a aquellos que todavía no ha convencido, que no se olvide De Dios en sus acciones.
En fin, ese liderazgo se puede construir en equipo también, para ello es necesario conversar con todos, escuchar a todos, comprender a todos los interlocutores, sus motivaciones, sus pasiones, sus objetivos, sus cimas y sus valles; la necesidad que alguien tenga el carisma suficiente para convertirse en el interlocutor de varios, de muchos o de todos es indispensable y solo se logra también rodeándose de intérpretes serenos, objetivos, elocuentes, capaces de trabajar tras bambalinas en las cosas importantes, de reconocer en los otros sus virtudes y sus propias historias personales, familiares, culturales, sociales, las de sus comunidades y lugares, desde las atiborradas ciudades hasta en la lejanía de nuestras montañas, pueblos y caseríos que aspiran a ser ciudadanos de primera clase y no, como los tratan los gobiernos, ciudadanos de segunda y tercera categoría, por eso, el momento de la clase política y en particular de la oposición llegó, hay que pasar del discurso a la práctica, del idealismo al realismo, llegó el momento de demostrar que podemos construir una alianza de oposición real, una que nos permita a todos vencer la narco-dictadura disfrazada de demócrata y con sus tentáculos inmersos en todos los ámbitos de la vida nacional, permeada por el narcotráfico y lavado de activos, por los negocios sucios y por una guerra sucia contra quienes nos oponemos.
Hace falta desarrollar a Honduras y en ese esfuerzo cabemos todos los hondureños, cada quien desde su particular espacio, cabemos los buenos ciudadanos liberales, los buenos ciudadanos del Partido Salvador de Honduras, los buenos ciudadanos de Libre, los buenos ciudadanos nacionalistas, que también los hay, los buenos ciudadanos de otros partidos, los que no tienen partido pero desean otro país. Llegó el momento de la verdad!.
(*) Catedrático Universitario. Secretario General del Partido Liberal de Honduras.