Horizonte oscuro

Por: Denis Castro Bobadilla
Doctor, abogado y médico forense
II Vicepresidente del Congreso Nacional

Se ha dicho, y se ha comprobado, que vivir en democracia es lo mejor que les puede pasar a los pueblos, y hasta que no se perfeccione este sistema o se encuentre uno mejor, la democracia es la opción más aceptable para la política y la administración del Estado.

En teoría, es perfecta. En la práctica, los liderazgos oscuros la corrompen, la alejan del pueblo y la ponen al servicio de intereses mezquinos en donde el brillo del oro deslumbra y llena bolsillos con los recursos que son y deberían ser siempre del pueblo.

Este punto es el más siniestro de la traición a la democracia: la corrupción.

Pero, en Honduras se está gestando una nueva aberración en nombre de la democracia.

Los llamados partidos grandes se están repartiendo cargos y poderes con las nuevas reformas a la ley electoral, reformas que parecen no acabar jamás porque nunca, satisfacen la avaricia de poder de los que han mal gobernado el país desde siempre.

Quieren dejar a los partidos nuevos sin representación efectiva en uno de los actos de discriminación más absurdos de la política de los últimos tiempos.

No les basta con llamarlos «pequeños», en el entendido del número de militantes, sino que quieren lanzar sobre ellos la sombra amenazante de la extinción. Por supuesto, los tres «grandes» tienen el poder suficiente para manipular elecciones y hacer desaparecer votos, quitándoles a los nuevos partidos la representación en el Congreso Nacional.

Y esta es una verdad innegable. Bien sabemos que muchos «representantes del pueblo» fueron elegidos de dedo, por expresa voluntad de los amos que han necesitado su voto en el Legislativo. Sin embargo, el pueblo tiene derecho a ser representado dignamente y a que su voluntad en las urnas sea respetada. Pero, por lo que se ve, pronto será burlada una vez más esa voluntad popular.

En democracia todos somos importantes. Al Estado le corresponde hacer valer el derecho a existir que tienen las instituciones que sostienen la democracia. Y, consciente de esto, yo propuse en el Congreso que se le adjudicara una cantidad anual a cada partido nuevo, en nombre de la democracia y de los deseos del pueblo de tener más y mejores opciones políticas. Una cantidad que está infinitamente por debajo de las astronómicas cantidades de dinero que se llevan los corruptos cada año.

Es urgente que los que han usufructuado la política en Honduras entiendan que el país necesita pluralismo verdadero, inclusión y democracia efectiva. Si quieren seguir controlando el poder político, sométanse a la voluntad de las mayorías. Respeten, además, el derecho de los partidos nuevos, garanticen su representatividad de acuerdo a leyes justas y participativas.

Ya bastante tenemos con las divisiones que han causado su avaricia y su ambición desmedida. Honduras es de todos, y todos tenemos derecho a decidir su futuro en igualdad de derechos, deberes y oportunidades. Esto es democracia. No el afán desmedido de poder que sigue infectando a esos tres seudo poderosos que deciden quién sí y quién no.

Sabemos que estos tres jinetes del apocalipsis político hondureño les temen a los nuevos hombres y mujeres que piensan y que con amor patriótico y buena voluntad desean darles lo mejor a Honduras y a su pueblo.

Basta de seguir dividiendo a los hondureños. Ya tuvieron su oportunidad, y está claro que hicieron todo mal para el pueblo, aunque sí que hicieron lo mejor para ustedes y los suyos.