Por Oscar Lanza Rosales
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El pasado 20 de agosto tomó posesión como nuevo ministro de Finanzas, el joven profesional de 35 años, Marco Antonio Midence. Le han hecho una excelente entrevista, donde deja plasmado sus compromisos de la forma cómo piensa trabajar en esa posición. Para que le tomemos la palabra en su desempeño, resumo sus principales promesas: Sus objetivos: ayudar a salvar vidas, empleos y empresas, mediante la reactivación económica, solucionar el tema energético e impulsar la infraestructura productiva y social, para alcanzar el fin último, que es el bienestar de las mayorías y su desarrollo. Promete enfrentar estos objetivos y retos de las finanzas públicas de la pandemia, con diálogo y una gestión por resultados.
Dice que estará muy abierto al diálogo y alianzas entre los diversos sectores para salir de la situación actual de incertidumbre y, luego desarrollar acuerdos de largo plazo en favor de una Honduras mejor y más inclusiva. Agrega, que va a buscar nuevas formas de conversar, con nuevos tonos y miradas, más empatía y menos peleas. Y lo que necesita ahora, es que el dinero llegue a la población entera para generar bienestar, con el deber moral que cada Lempira que entreguen los hondureños con sus impuestos llegue en plenitud a quienes más lo necesitan y no se quede en el camino.
Va a cuidar con celo el presupuesto fiscal, para que cada inversión –principalmente en salud y en compensación social– genere valor público, teniendo claro, quién y dónde se ejecuta, para que la inversión llegue de manera íntegra a las personas.
Se declara un ciudadano dispuesto a darlo todo por la patria, consciente que, trabajando con humildad, valentía, transparencia, rendición de cuentas, honestidad y escuchando a todos los hondureños sin discriminación, podremos salir adelante de la dura prueba, que vivimos ahora.
A las MIPYMES les va a propiciar más oportunidades para que se estabilicen en el mercado, generen mayor competitividad, y se traduzca en más empleo e ingresos para las personas.
Para buscar el bienestar de las mayorías y avanzar como país, además del fortalecimiento de la economía, propiciará la modernización del estado, la promoción de inversiones y el mayor impacto del gasto fiscal.
Está consciente que para financiar el presupuesto de la república y ante la caída drástica de la recaudación tributaria, se tendrá que hacer uso de todas las fuentes de financiamiento disponibles. Cree que el endeudamiento público es necesario, pero él se propone, que se realice con prudencia y en condiciones favorables para no afectar nuestra sostenibilidad. Negociarlo a plazos y periodos de gracia largos, y a tasas muy bajas de interés, para que el servicio de deuda sea manejable y de acuerdo a la capacidad actual del estado para hacer frente a sus obligaciones.
Con relación a las exoneraciones fiscales, dice que es su deber como ministro, garantizar al pueblo hondureño que el beneficio no se quede en un número reducido de empresas o personas, sino que sea para el bienestar general de la población.
Sobre el acuerdo con el FMI, señala que contribuirá con las medidas necesarias para que la ENEE deje de ser una carga para las finanzas del estado; que el sector energético sea más competitivo y así lograr que los sectores sociales y empresariales tenga una energía a bajo costo.
Ahora, aquí vienen mis inquietudes: El nuevo ministro de Finanzas viene ocupando cargos en el sector público de Honduras desde el 2010, muy ligados a la presidencia, primero en programas de becas, voluntariado, Educrédito, y después como ministro de la Secretaría de la Juventud (2011-2013), asesor presidencial (2013-2014), comisionado de Conatel (2014-2017), y ministro de Asuntos y Prioridades Presidenciales (2018-2020), posiciones en las cuales los hondureños desconocemos sus logros, que no han sido visibles.
Reconozco que es un joven inteligente y estudioso, con maestrías en UNICAH de Honduras, INCAE, INIDEM de Panamá y Harvard-Kennedy School, que es la de estudios más rigurosos y la primera en la formación de líderes en política pública en los Estados Unidos y en el mundo. Por ella han pasado los expresidentes Miguel de la Madrid y Felipe Calderón de México, Juan Manuel Santos de Colombia, Jamil Mahuad de Ecuador y el exsecretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon.
Así que le pedimos al ministro Midence, que no nos vaya a defraudar con sus promesas, ni con el código de honor que Harvard demanda a sus graduados, de ser un ejemplo de integridad en sus servicios profesionales. ¡Eso esperamos!