Herencia Maldita

Mario E. Fumero

He tratado por todos los medios de entender a los políticos nacionales en sus peleas por alcanzar el poder dentro del esquema nacional que actualmente vivimos. No solamente nos enfrentamos al surgimiento de muchos partidos políticos que dividen más la sociedad, sino a la contienda que hay sobre el sistema electoral, discutiendo la segunda vuelta, el prevenir el llamado fraude, la identidad de las personas etc., pero lo peor de todo es la interrogante de quiénes serán los aspirantes a la presidencia de la nación en estos momentos críticos que vive el mundo.

Quizás ninguno de los que aspiran a la presidencia y el congreso se ha puesto a pensar en el futuro económico del Estado para el próximo período, ya que el que salga elegido presidente en las próximas elecciones va a recibir una herencia maldita, pues tendrá que enfrentar una nación con una crisis económica como nunca antes la ha tenido, además de la crisis social y moral que vive el mundo como consecuencia, no solamente de la corrupción imperante en los últimos 20 años, sino al caos generado por el flagelo del COVID-19, el cual ha socavado y destruido la débil economía nacional más que el huracán Mich en 1998.

¿Qué heredará el próximo gobierno electo? Indudablemente una economía quebrada, en recesión, acompañada de una deuda externa galopante, y precedida por un aumento extremo de la pobreza, inseguridad y la terrible corrupción que se generó durante la pandemia. A lo anteriormente citado, tenemos que añadir la existencia de un estado burocrático de dimensiones insostenible, frente a la realidad de los ingresos de impuestos que han descendido a su nivel más bajo en décadas, por lo que es indudable que habrá un colapso de la economía, porque la pandemia ha dejado a muchas empresas fracasadas y en bancarrota, lo cual indudablemente reducirá los ingresos fiscales.

El que sea elegido presidente, y los que formen parte del congreso, deberá manejar un estado quebrado que no les permitirá hacer mucho, y si los que son elegidos no se desprenden de la voracidad existente de los grandes salarios de los altos funcionarios, y no frenaran su apetito voraz de enriquecerse rápidamente a costilla del erario público, llevaremos al país a una hondonada terrible, lo que puede generar una convulsión social de dimensiones impredecibles.

Si apareciera un gobernante honesto dispuesto a salvar la crisis económica existente, tendría que tomar decisiones impopulares principalmente para los corruptos y ambiciosos, que forman el estado. Una de las primeras medidas sería reducir los altos salarios de los altos funcionarios, y después reducir la gran cantidad de ministerios y empleados públicos para tener recursos que invertir en el desarrollo de la clase pobre, fortaleciendo la salud y la educación, que son la columna vertebral de un estado próspero. Además deberá estimular la producción nacional, principalmente de la agricultura y la alimentación. Por otro lado, deberá demandar un fuerte castigo a los corruptos, y terminar con los contratos amañados que nos convierten en un país cuyos servicios públicos son los más altos de Centroamérica.

Estoy seguro que este gobernante, si existiera, tendría mucha oposición, y al menos que esté rodeado de una mayoría de gente íntegra y honesta, difícilmente podrá hacer la transformación que el país requiere para poder sacar la nación del agujero en el cual ha caído, como consecuencia de la corrupción y el tiro de gracia que le dio la pandemia del coronavirus.

Este gobernante (si existiera) necesitaría nuestras oraciones y apoyo, porque tendría por delante una dura y ardua tarea. Tendría que ser un hombre que hable poco, pero que actúe coherentemente, con mucha sabiduría, algo que no veo en la gran mayoría de los políticos actuales.
Mirando el panorama nacional, e incluso internacional, aún en la política de los Estados Unidos, nos enfrentamos a una lucha entre un mal creciente y poderoso, frente a un bien decadente y en crisis. Tristemente el presente es crítico y el futuro sombrío; solamente un milagro puede sacarnos a flote del abismo en el cual hemos caído, y para ello tenemos que rogarle al Dios todopoderoso que intervenga y haga su voluntad, para que nos depare un futuro mejor, principalmente a los más pobres, que ya son más del 75% de la población.

[email protected]
www.contralaapostasia.com