Penúltimo informe

Juan Ramon Martínez

El 30 de agosto dejé de llevar el “Diario de la Pandemia”. Consideré en esa fecha, que las acciones contra el covid-19, tomaban otro giro. Los brotes anunciados, no se presentaron, aunque persistía la lentitud en la reapertura de la economía. Por dos razones. La primera porque los médicos seguían manteniendo sus prevenciones e influencias, y porque, siendo la economía fundamentalmente informal, las decisiones gubernamentales no la rigen ni la orientan. La economía ha seguido funcionando; la oferta ha crecido en forma extraordinaria. Y la demanda – por el ingenio de los empresarios – se ha aproximado como nunca, a los consumidores. La segunda razón es, porque tuve conocimiento que las fracturas que se habían producido inicialmente en el “frente de batalla”, habían sido reparadas: el sistema sanitario había resistido, pese a los pronósticos poco científicos de algunos doctores entusiasmados con el placer de usar el miedo para aumentar su exposición mediática, y porque el protagonismo político del CMH, ha disminuido en forma visible. Tanto Suyapa Figueroa como Ligia Ramos, lucían menos agresivas y los medios no les daban tanta tención. Hay otras cosas adicionales que hay que mencionar. La primera es que el liderazgo del Comandante en Jefe, mejoró. Y aunque siguió improvisando, — sin tener virtudes para ello–, dejó de hacer promesas a diestra y siniestra, concentrándose de manera más puntual y luciendo cercano, humilde y útil servidor. Y finalmente, la irrupción del tema político, — compitiendo con el sanitario — operó como un factor que, disminuyó la presión sobre el frente sanitario.

Y finalmente, el escándalo iniciado y animado por Adolfo Facussé, — con el respaldo de algunos medios que, no pueden diferenciar qué es noticia de interés de la sociedad y la manipulación – permitiéndole disimular ladinamente muy bien, lo que era una lucha entre proveedores, disfrazada como defensa de los intereses nacionales, me permitió entender que las cosas no irían en la dirección anunciada. Lo de los “cascarones vacíos”, resultó un cuento para niños. Y la declaración que habíamos pagado precios de BMW para recibir chatarras, me confirmó que el líder turco, proveedor de hospitales de emergencia, nos menospreciaba, creyendo que éramos – como lo parecemos, — tontos irredimibles.

Estos hechos me permitieron –sin atreverme a decir que había empezado a aplanarse la curva de la pandemia– concluir que, nos aproximábamos a una fase más peligrosa. Para la cual, estamos menos preparados que los mismos médicos que, según las cifras de recuperados, fueron aprendiendo más que nunca en su vida, en el curso de los últimos tres meses. Y que adicionalmente, los intereses de los políticos por el poder, introduciría algunos elementos que modificarían la visión de la población con respecto al covid-19 y, lo peor, reducirían el miedo con el cual el gobierno nos ha mantenido encerrados en nuestras casas, especialmente en las grandes ciudades del país. La irrupción del tema político, tiene sus dificultades adicionales.

Como la clase política nacional y “extranjera”, en términos generales, no tiene suficiente pupitre y sus conocimientos económicos son menos calificados que los de un pulpero recién iniciado en la actividad, la reactivación económica, como se ha demostrado en la última semana, carece de dinamismo propio y, más que atender sus reglas propias sigue en términos generales, sufriendo la influencia de los médicos. Y la dirección del gobierno. Hasta ahora, no le hemos oído a ningún propietario de partido, aspirante presidencial, una propuesta que nos haga entender que volver a antes de marzo 12, es insuficiente, porque urgimos crear las bases para una nueva economía en la que, el país salga fortalecido; sus clases más débiles protegidas, y la capacidad de la nación para concurrir a los mercados, sea en mejores condiciones. Ha sido el gobierno el que, pese a sus limitaciones, ha respondido mejor, presentando soluciones que, aunque incompletas, son esperanzadoras. No para todos. Algunos, en la retaguardia, incentivarán las protestas.

Pero los políticos no solo carecen de conocimientos económicos. Están afectados por visiones de corto plazo, por lo que, no han descubierto que la pandemia ha desnudado la crisis de la sociedad, las fallas del sistema político y gubernamental. Y que, deben presentar soluciones para que el electorado, vuelva a creer en ellos. Seguir como hasta ahora, creyendo que con solo cambiar de presidente o partido, saldremos adelante, es una irresponsabilidad.