Las mesas electorales

Rafael Delgado

El calendario electoral iniciará pronto y al parecer son muchas las cosas que seguirán igual. Quizás, si toda esto se tratara solamente de incapacidad, no anduviéramos tan mal. Con trabajo, recursos y tiempo se perfeccionarían los mecanismos del proceso electoral que tan mal funcionan. Sin embargo, lo deplorable es que, además de la incapacidad, en la política partidaria tradicional no existe voluntad para hacer los cambios necesarios y deseados por la gran mayoría. Pese a las fatales consecuencias del fraude y la descomposición que esto trae, se sienten satisfechos con el sistema y sus detalles, proponiendo algunos toques por aquí y por allá que en esencia nada cambian. Pero lo peor de lo peor, es que ese apego con lo que no sirve, se ha transmitido por todos los espacios, haciéndoles creer a muchos dentro de la política que lo que tenemos en materia electoral es lo único posible. Por eso, todo queda atrapado en los retorcidos mecanismos que seguirán su funcionamiento para que haya paz entre los políticos del atraso.

Una de las cosas que ya ratos demostraron su perjuicio al proceso electoral, es la integración de las mesas electorales. Uno tras otro, los resultados de cada proceso electoral demuestran lo mismo. Eso de poner en manos de las mismas corrientes internas el proceso electoral interno y primario y después a los representantes de los partidos en las elecciones generales, ha demostrado ser una verdadera tragedia para el proceso electoral. Al final el evento cívico de escogencia de los mejores se convierte en un lamentable espectáculo de desesperados candidatos de los partidos maniobrando, traficando con los representantes en las mesas, asignándoles la deshonrosa tarea de defender el voto que en la realidad termina siendo un sucio juego de falsear los resultados.
Es necesario que finalmente todos los candidatos saquen sus manos de las mesas electorales. El derecho a una cuota en la mesa es la credencial para manipular y para negociar a su favor entregando el proceso a las peores prácticas. Por eso el civismo con que asisten algunos representantes es anulado por el irrespeto de muchos otros. Lo peor es que esto amenaza con pronunciarse en los próximos eventos electorales con ese auge de partidos y candidatos que a leguas denotan sus intenciones de sacarle provechos ilegítimos al proceso.
Realmente le correspondería a la autoridad electoral manejar los procesos electorales, pero dado el hecho que esas mismas autoridades fueron puestas allí por las mismas cúpulas de los partidos siguiendo la misma lógica del cinismo, tampoco resultaría algo diferente.

La propuesta de poner en la mesa electoral a personas capacitadas y certificadas en buenas prácticas electorales por un organismo técnico es parte de la solución. Estas personas deberían ser jóvenes estudiantes del nivel medio y de la universidad sin ningún compromiso con los mismos candidatos que aparecen en las papeletas. Así dejaríamos finalmente en el pasado a los partidos políticos, a sus corrientes y a sus candidatos como los que definen los resultados de su propia elección. No me cabe la menor duda que se pueden encontrar miles de jóvenes con habilidades, capacidades y valores para hacer ese trabajo mucho mejor que las maquinarias pagadas de los partidos. A lo sumo estimo que se debieran dejar a los partidos y a sus corrientes como observadores del proceso que se desarrolla en la mesa electoral.

Algunos comentarán que es imposible entregar las urnas a otras personas que no sean los reclutados por los mismos candidatos a elección popular; que vivimos en Honduras y que las cosas son así, que bastaría con entregar las credenciales con nombres. Pero es parte del ambiente impregnado por cinismo sin comparación, donde ya para muchos es imposible distinguir entre lo que es dañino y lo que es bueno para el país. Nada más absurdo y fatal que pensar que las cosas no pueden ser diferentes.