HIMNOS Y CONDUCTAS

VARIAS reacciones recibimos al editorial de ayer, sobre la urticaria que le pega a algunos en este mes de la patria sugiriendo cambios a las estrofas musicalizadas del Himno Nacional. A falta de actitud cívica o conducta patriótica bienhechora de habitual costumbre, de repente les agarra corre que te alcanzo, por compensar el vacío de 12 meses. Aparentar un inusitado interés no mostrado a lo largo de todo el año. Cuesta tanto cambiar comportamientos lesivos a la imagen nacional. Así que –para hacer creer que hay afán por algo que por tanto tiempo pasa ignorado– más fácil recurrir a lo cosmético proponiendo disparates. Como aquello de ir a espulgar los inspirados versos del poeta –quitándole toda referencia a los “muertos”– ya que entregar la vida defendiendo la soberanía nacional –según la tontería– es “apología a la violencia”. Les disgusta esa parte del Himno: “Por guardar ese emblema divino, marcharemos ¡Oh patria! a la muerte; generosa será nuestra suerte si morimos pensando en tu amor”.

(O, quizás, también el cierre del verso incomode, ello es que los moribundos deben exhalar su último suspiro pensando en sabrá Dios que otra cosa y no en el amor). Bello canto. Sin embargo no para todos en esta sociedad de superficialidades. Donde se hacen víricas las estupideces. Huy –dirán varias chatarras de los chats– dos veces en la misma estrofa aparece la terminología luctuosa. Sacrilegio –según lo entienden los que quieren destartalar la poesía– alabar la delincuencia común que se sufre. Cuando es más que evidente, no hay razón de quebrarse la cabeza elucubrando cosa distinta, que el texto poético se refiere a los muertos que ofrendan su vida defendiendo el sacrosanto señorío de la patria. Y en otro pedazo –según los deshilachadores de los símbolos nacionales– el trasnochado poeta reincide. ¿A qué horas se le ocurrió semejante impiedad?: “Defendiendo tu santa bandera, y en tus pliegues gloriosos cubiertos, serán muchos, Honduras, tus muertos, pero todos caerán con honor”. Ello obviamente alude a actos heroicos tributados a la patria. Se trata de lo más sublime que hondureño alguno pueda dar a su nación en momentos de peligro por agresión extranjera. Sin embargo traducido al infantil entender de los trasteadores del Himno Nacional, la rima es otra cosa. Lo entienden como un llamado a los sátiros a cometer esos horripilantes crímenes con pasmosa frialdad. Ese afán de hurgar el Himno y la solemne majestad de los símbolos nacionales, va, como diría la sabiduría popular, de lo sublime a lo ridículo.

También hay daltonismo al azul de la bandera. Desearían pintar sus franjas superior e inferior de un color distinto al que ya tiene. El azul turquesa –“como un lampo de cielo”– establecido en el decreto legislativo. Un lector nos hizo recordar otra ocurrencia. Cambiar el “tu bandera”, por “mi bandera”. Inequívoca la evocación. “Tu bandera –el Honduras sobreentendido– el verso, en lírica exaltación, le habla a la patria. A la bandera de Honduras. El ciudadano que entona las estrofas, igual, ofrece una descripción de la bandera referida al símbolo de todos los hondureños. A la mía, a la de fulano, zutano, mengano y perencejo, la misma para todos. El azul, reflejo del cielo nítido sobre el territorio nacional y de las aguas de los dos océanos, Atlántico y Pacífico, que bañan sus costas. La franja blanca al centro, es descrita en sentido metafórico, la figura retórica utilizada por el autor para transmitir ilusión en la poesía. “Todos los himnos –reacciona una lectora, y manda el de Bolivia que reza “morir antes que esclavos vivir”– tienen llamados a morir por la patria”. “Cambiar la letra del Himno no cambia los comportamientos”, agrega con toda razón. Coincidiendo con lo que hemos venido diciendo. Son las actitudes las que hacen o deshacen la imagen del país. Son las conductas que determinarán si seguiremos como estamos, o si hay salida del hoyo en que nos encontramos.