Por: Otto Martín
Por alguna razón -que en lo personal solo puedo atribuir a la ignorancia- hay un buen grupo de gente que, con gran naturalidad, cree en las cosas más extrañas.
Después de una rápida investigación, vía Internet desde luego, saqué una lista de las favoritas y su porcentaje de aceptación entre los creyenceros.
Un 54% cree en ángeles. Nadie normal y en su sano juicio puede declarar que ha visto uno alguna vez, pero hay muchísimos que juran que existen. Uno de los más populares es el “Ángel de la Guarda”, hay quienes inclusive le rezan cada día. Piense bien; rezan y se encomiendan a una criatura imaginaria. Yo solo puedo compararlos con los que creen en San Nicolás, los que piensan que son Napoleón o que vieron y hablaron con Cristo. En una noche oscura, bajo determinadas circunstancias y en un estado mental especial, cualquier sombra puede ser confundida con un “fantasma”; un 47% cree que en realidad existen. Qué son los fantasmas? “Espíritus” de muertos? Por qué salen a asustar a la pobre gente? Cómo puede haber alguien que crea esas cosas?
Qué es un “universo alternativo”? Ni idea, pero deberían de pensar que lo suficientemente grande es la parte del universo que conocemos, como para creer en otros. No hay pruebas, solo relatos disparatados, aun así un 43% cree en su existencia.
Los alienígenas son muy populares, un 39% está seguro que nos visitan o que lo han hecho en el pasado, aún sin pruebas, solo relatos de gente, la mayor parte de las veces con disturbios mentales. Nunca nadie serio ha tenido un “encuentro cercano” ni lejano. Las teorías conspirativas, que dudan que el hombre ha llegado a la Luna o que existe de verdad el COVID-19, tienen un 27% de seguidores. Entre estos mismos se encuentran los que creen que la Tierra es plana. Viajes en el tiempo 25%, vampiros 7%, etc.
Un estudioso del tema sostiene que la gente que cree en ALGO de todo esto, tiene la tendencia a creer en OTRAS COSAS similares. Según las encuestas realizadas, quien cree en vampiros también lo hace en otros seres sobrenaturales, como hombres lobos y zombis.
Yo atribuyo a la ignorancia creer en cosas solo por creerlas, sin tener pruebas de ninguna clase. El “chupacabras”, por ejemplo, qué es? Por qué destripa vacas y otros animales domésticos? Vaya usted a saber, pero hay quienes juran que ese “ser” existe. Aparece una vaca mutilada, por aquí o por allá, e inmediatamente la “comunidad creyencera” empieza a denunciar cosas terribles que han ocurrido con sus cabras, perros y conejos.
Sabe usted cuántos creen y siguen el horóscopo? Tiene idea de qué porcentaje de la población consulta adivinos, leedores de cartas, fumadores del puro y babosadas similares?
Son muchos -y no son gente rara o especial-, son personas aparentemente normales que creen en esas cosas anormales.
De dónde viene eso? Mucho de tradiciones familiares o populares en general, con gran ayuda de las religiones y, también, del cine y televisión.
He visto personas normales portar talismanes de la buena suerte, llenar su casa de objetos como elefantes de la abundancia y otros que, supuestamente, “ayudan”.
En la radio, particularmente en horas de la noche o madrugada, una serie de estafadores se lucran de la ignorancia y el miedo. Casi todos los que llaman o consultan están siendo “trabajados” por alguien para hacerles un mal y, claro, las cosas se arreglan con bebidas especiales, imágenes y aguas sagradas, flores encantadas y otras estupideces, desde luego, pagando por el servicio, nadie ayuda gratis. Que conste, no muy diferente a predicadores religiosos que a cambio de donaciones también “ayudan” a la gente en problemas.
Pero no solo los humildes, también personas poderosas y con educación académica consultan este tipo de delincuentes, usan amuletos, rezan a toda clase de santos, eliminan de su menú “comidas prohibidas”. Los mormones, por ejemplo, no tienen permitido beber té y café calientes o que contengan cafeína. En otras religiones o supersticiones los hay que no comen carne los viernes. (A como están las cosas mucha gente no come carne ni un día de la semana o del mes, pero eso es otra historia).
El más grande enemigo de las supersticiones es el conocimiento, que en esta era de tecnología está al alcance de casi todo mundo, pero aun así es difícil limpiar el cerebro de quien lo tiene ya lavado desde la infancia.
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