¿Qué hizo la República de China Taiwán?

Por: Fernando Berríos
Periodista

Suficiente se ha hablado de Inglaterra, Francia, España, Italia, Estados Unidos, Brasil.

Estos países sucumbieron ante la pandemia y sus sofisticados sistemas de salud quedaron en deuda ante la agresividad (en ciertos segmentos poblacionales) de un virus que la comunidad científica no termina de descifrar.

Si bien se han logrado enormes avances médicos (incluyendo el hondureño con los tratamientos MAIZ y Catracho), falta mucho para resolver este asunto, que de pronto le cambió la vida al mundo entero.

Han pasado más de 10 meses desde la aparición de los primeros casos y todavía se debate sobre la forma de contagio, sobre el tratamiento y la seguridad o no de una eventual vacuna.

Pero, por qué hablar de los países más afectados y no de las historias de éxito de países que son un verdadero ejemplo a seguir.

Según un reporte oficial, al 2 de septiembre en el mundo se reportaban 25.8 millones de personas contagiadas, 17.1 millones recuperadas y 859,000 fallecidos.

Sin duda, la pandemia es un duro golpe para la humanidad y es más duro saber que ocurre en un momento que la humanidad creía tener respuesta para todo.

Ahora bien, sabía usted estimado lector que hay un país que a la misma fecha solo reportaba 489 casos positivos y apenas 7 fallecimientos.

Así como lo lee, esta es la realidad de la República China Taiwán, un país de 23.5 millones de personas pero con toda una tradición sobre medidas de bioseguridad.

Quienes han tenido la oportunidad de viajar a la pequeña isla de Formosa saben que no mentimos al afirmar que desde hace muchas décadas, la mascarilla es parte de un estilo de vida entre los taiwaneses.

La mascarilla es una demostración de respeto. Si estoy enfermo ayudo a no contagiar a otros y si estoy sano evito contagiarme por alguien que sí lo está.

Pero no solo eso, entre los taiwaneses es común el distanciamiento social, el lavado constante de manos, el uso de gel y el no saludo de besos y abrazos.

El resultado de esta cultura de bioseguridad y de un sistema de salud preventivo casi perfecto debe ser un ejemplo para el mundo.

A pesar de estar a muy pocos kilómetros del país epicentro de la nueva enfermedad, la República de China Taiwán mantuvo bajos niveles de contagio, aún en los meses más difíciles e inciertos.

Sorpréndase aún más. El pico más alto alcanzado por la República China Taiwán fue el 20 de marzo cuando reportaron 27 casos. Así como lo lee: 27 casos.

Hoy más que nunca, el mundo necesita conocer y replicar las buenas prácticas de la República de China Taiwán y el escenario ideal es la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Estamos a las puertas de la 75 asamblea general de la ONU y ha llegado el momento de poner fin a la exclusión de un pueblo noble y trabajador que sabe hacer bien las cosas.

Es el momento de que Taiwán vuelva a tener un escaño en la organización más grande del mundo.

La ONU es una organización que pregona la inclusión y de ahí que resulta inexplicable que se sostenga una resolución de exclusión que a todas luces va en contra de ese espíritu unificador que debe predominar en el mundo.

Resulta intolerable que los ciudadanos taiwaneses y los medios de comunicación no puedan siquiera visitar la sede de este organismo en Nueva York.

La voluntad de Beijing de oponerse al tratamiento de Taiwán como país, no puede estar por encima de la autodeterminación de los pueblos, un principio supremo que debe prevalecer en las decisiones de la ONU.

Taiwán no es parte de la ONU desde 1971 cuando se aprobó la resolución que establece que la República Popular China es el único representante legítimo de China ante la organización internacional.

Pero hoy, Taiwán ha demostrado que tiene mucho que ofrecerle a un mundo que sigue en un laberinto sin salida respecto al manejo de la pandemia. Hoy más que nunca es importante que toda esta experiencia sea aprovechada en el marco de la Organización de Naciones Unidas.

TWITTER: @berriosfernando
Email: [email protected]