La recepción de La Patria del criollo en la historiografía colonial en Honduras (parte II)

Por: Rolando Sierra Fonseca

A la memoria de Marielos Chaverri

El otro principio era el de la tierra como aliciente. La corona, limitada para sufragar las expediciones de conquista ofreció a los conquistadores una serie de alicientes sobre las provincias que conquistasen. Para que ese estímulo diera los resultados esperados, la corona tenía que mostrar mucha magnanimidad en la cesión de tierras, lo que se convirtió en un mecanismo publicitario que evidenciaba el agradecimiento real que se daba a los esfuerzos de los conquistadores y motivaba a trasladarse a las nuevas colonias. El rey ofrecía y cedía una riqueza que no había poseído antes del momento de cederla. Los conquistadores salían a conquistar unas tierras con autorización, en nombre y bajo el control de la monarquía: y la monarquía los premiaba cediéndoles trozos de esas mismas tierras con sus habitantes incluidos. Un negocio rentable para la corona ya que, sin mayor inversión, ampliaba y fortalecía su imperio y les pagaba a sus leales súbditos, con lo que ellos mismos arrebataban a los indígenas con ellos incluidos.

La preservación de las tierras de indios fue otro principio básico de la política agraria colonial. Esto era de esperarse, porque la organización del pueblo de indios, como pieza clave de la estructura de la sociedad colonial, exigía la existencia de tierras en que los indígenas pudieran trabajar para sustentarse, para tributar y para estar en condiciones de responder al trabajo forzado que de cualquier manera deberían realizar en las haciendas y tierras de los grupos dominantes. Este constituye un principio permanente y fundamental de la política agraria de la colonia, porque sustentaba en un interés económico fundamental y permanente de la monarquía. Para que los indígenas permanecieran en los pueblos y fuera posible controlarlos para la tributación, era indispensable que tuvieran tierras suficientes; que no necesitaran ir a buscar a otra parte.

El último principio es el del bloqueo agrario de los mestizos. La política de negación de tierras a los mestizos pobres en constante aumento demográfico fue un factor que estimuló el crecimiento de los latifundios. El principio del bloqueo agrario de ladinos rurales, que fue un principio importante y permanente de la política agraria en el reino de Guatemala favoreció el latifundio, la población mestiza o ladina pobre se vio obligada a desplazarse a las haciendas y a vivir y trabajar en ellas a cambio de tierra en usufructo.

A partir de este análisis para Díaz Chávez la contradicción social, señalada por Martínez Peláez en estos principios para el repartimiento de tierras y el latifundio explican también el surgimiento del régimen de trabajo impuesto por la colonia especialmente para los indígenas: “…basado en el repartimiento, fue preciso que el proceso histórico pasara previamente por el repartimiento de tierras, característico de la Conquista, base orgánica del latifundismo posterior, además del repartimiento esclavista de indios, ejercidos en un solo y mismo procesos. Variantes del repartimiento de mercancías y el repartimiento de hilazas de algodón, en que quedaban incorporados las madres indígenas y sus hijos al brutal y agotador régimen de trabajo”. (Díaz Chávez; 1973:4)

Así para Díaz Chávez es válida la importante tesis de Martínez Peláez: “El Reino de Guatemala era pobre en minas. Su única “mina” efectiva -permítasenos el juego de palabras- eran los indios. El ramo más productivo de la Real Hacienda fue en todo tiempo el de tributos, siguiéndole no es cerca, el impuesto sobre transacciones (alcabalas). Los dos renglones dependían, en definitiva, de que los indios estuviesen perfectamente controlados en sus pueblos; no solo para garantía de la tributación, sino para cedérselos sistematizadamente a las haciendas, lo cual era, a su vez, factor decisivo de la producción, del comercio interno y exterior, y por tanto también del aumento de las alcabalas”. (Martínez Peláez; 1970:394)

Esta tesis, “es importante porque la pobreza relativa del reino en oro y plata, vendrá a determinar, en primer lugar, la política colonial, aunque no se le propusiese de la destrucción de la parte humana de las fuerzas productivas, por consiguiente el bloqueo de la conciencia social de los indígenas para incorporarse, como masas populares a un proceso de liberación y lo más importante en la época de las revoluciones de independencia de América, la ausencia, sobre esa base de relaciones sociales deleznables y degradantes de las fuerzas productivas, de un sentimiento común capaz de generar los fundamentos del Estado soberano, condición indispensable para crear condiciones reales de independencia”. (Díaz Chávez; 1973:44)

Bajo esta óptica tanto la política agraria y la mano de obra indígena española determina en el istmo centroamericano el desarraigamiento brutal de la tierra y del derecho propio fundar villas de mestizos, de una gran masa de población que creció prácticamente sin base en que fundar una patria; “Como expresa Martínez Peláez en su obra de la cual nos estamos valiendo: “aquel no tiene propiedad en el país que habita es un extranjero en dicho país”. (Díaz Chávez; 1973:45)

Por lo tanto para Díaz Chávez, la lógica del desarrollo social durante el período colonial gira en torno al control de la mano de obra abundante por parte de los españoles: “Puesto que todo el desarrollo social de la colonia gira alrededor de la pugna por el control de la mano de obra abundante y sumamente barata de las masas indígenas, que se establece entre los funcionarios españoles de la corona y los criollos españoles, resuelta evidente que un medio para disminuir esa tensión social entre las fuerzas en pugna, es visto por la corona y de acuerdo con las condiciones que ha creado en el reino como muy necesario para la “paz” social y la garantía del sistema mismo. Tal función fue llenada, desde luego, por las masas desarraigados de mestizos proletarios que se vieron en la insoslayable alternativa de invadir haciendas en busca de subsistencia, donde rápidamente fueron uncidos al sistema de explotación”. (Díaz Chávez; 1973:45)

De este modo, para Díaz Chávez este es un elemento central para comprender la independencia de centroamericana respecto del imperio español, por la contracción y la disputa del trabajo del indio con respecto al repartimiento y la encomienda, lo que permite “la comprensión histórica del desarrollo de la lucha de clases que ha de culminar en la declaratoria de “independencia” política de 1821”. (Diaz Chávez, 1973:40)

En esta línea de emplear el análisis de la política agraria española de La patria del criollo se encuentra en el trabajo realizado por el Instituto Hondureño de Desarrollo Rural (IHDER) (1980) titulado 84 meses de reforma agraria en Honduras del Gobierno de las fuerzas armadas de Honduras, publicado en segunda edición el 2018. Este libro tiene un amplio capítulo sobre los antecedentes de la reforma agraria en el que se analiza los antecedentes históricos de la tenencia de la tierra y las políticas agrarias en el país, al estudiar el período colonial retoma los principios de la política agraria planteados por Martínez Peláez y llegan a la conclusión que de los cinco principios únicamente el último no tiene una clara expresión en leyes. Respecto al tercer principio de la tierra como aliciente sostienen que para el caso Honduras: “El procedimiento al que recurrían los criollos y peninsulares era poner ganado en tierras realengas o de indios. Para luego reclamarlas como suyas y pedir composición… Los títulos de Supecalpa -que comprende las tierras de Suyapa y el Hato de En medio- y de otras Zonas próximas a Tegucigalpa dan fe de este procedimiento utilizado intensivamente en el Siglo XVIII”. (IHDER; 2018: 39-40)

No obstante, es el historiador Marvin Barahona, el que hasta ahora ha realizado el estudio más completo sobre la sociedad colonial en su estudio sobre la historia de la identidad nacional al centrarse en el peso de la sociedad colonial en la conformación de la identidad hondureña. En este trabajo, Barahona, retoma el análisis de la sociedad piramidal del sistema colonial expuesto por el historiador guatemalteco, en cuya base se encontraban los indios, en el pago de tributos y en el abastecimiento de mercado locales, en el cual los pueblos de indios se convirtieron en el punto de apoyo de todo el sistema colonial, (1992:128), lo que le permite a Barahona concluir ·…que los pueblos de indios, aún en las condiciones y circunstancias que hemos descrito, fueron el origen de las culturas rurales y campesinas de Honduras”. (1992:139) De igual manera Barahona, rescata los conceptos de Martínez Peláez de hibridación cultural y religiosa para analizar la cultura emergente de la sociedad cultural hondureña. (1992:.161)

Posteriormente, la historiadora Marielos Chaverri analiza el tema del trabajo y la protesta social durante en el período colonial, especialmente los levantamientos indígenas asumiendo ciertos conceptos de Martínez Peláez como el de ladino, protesta y levantamientos indígenas. Chaverri, para entender la causalidad primordial de la protesta social durante este período parte del siguiente planteamiento de Martínez Peláez; (1970): “El aparato de la dominación española, incluidos los aspectos en apariencia más alejados de la lucha por los bienes materiales, se estructuró y funcionó, como es sabido, para garantizar el envío de riqueza a la metrópoli… que iba parar finalmente a manos de la nobleza feudal y de la burguesía comercial… peninsulares, clases dominantes en la metrópoli y por tanto en las colonias”.

Es entorno a ello que se estructura la economía y sociedad colonial que demanda cada vez mano de obra ya se por la actividad minera o ganadera y lo que de acuerdo con Chaverri se desencadenan, haciendo referencia a Martínez Peláez las “causas desencadenantes de la protesta social”. (1996:33) Aunque si bien, Chaverri retoma conceptualmente la causalidad de la protesta social indígena de Martínez quien plantea que la causa generalizada es más el tributo más que la tierra y el repartimiento de trabajo: “Sin embargo, en Honduras el repartimiento de trabajo tiene tanta, si no más importancia, que la protesta por el tributo. Tal vez esto se deba a los tipos de trabajo al cual eran enviados los indios aquí, pues aparte del trabajo agrícola en las haciendas, el trabajo en las minas era el más importante y también, a pesar de las prohibiciones, se les utiliza en la producción del añil, ambos trabajos desbastadores para ellos. Según Chaverri, “el trabajo de minas fue uno de los principales responsables de la disminución absoluta de la población nativa y la disminución relativa en los pueblos de indios, pues estos huían al monte para liberarse de él y terminaba finalmente integrándose a la masa ladina”. (1996:28-29)

Los conceptos de indígena, ladino y mestizaje son empleados en la perspectiva de Martínez Peláez son empleados también por Marielos Chaverri al analizar el proceso social y cultural de la población de la Antigua Alcaldía Mayor de Tegucigalpa y la protesta social en sus trabajos: “El grupo Ladino en el Contexto de la Sociedad Colonial de Honduras. Siglos XVII y XVII”. (1993) y “El Repartimiento de Trabajo como Causa de la Protesta Social en la Honduras Colonial: el caso de Texiguat”. (1994).

Desde otra perspectiva, la otra obra que se apropia de una forma audaz del enfoque Martínez Peláez es la Marcos Carías. De la patria del criollo a la patria compartida. Una historia de Honduras (2006), de Marcos Carías. en la que el autor alude a esa visión de la sociedad colonial hondureña como “patria del criollo”, donde la estructura social que se forma en la Honduras colonial, que al igual que Barahona es uno de los esfuerzos más significativos por comprender el peso de la sociedad colonial en la configuración del presente hondureño. No obstante, Carías intenta salir de la filosofía de la historia pesimista y trágica propia de otras narraciones históricas de Honduras y reconoce que en la historia del país ha habido progresos y desaciertos y define a Honduras como una sociedad en búsqueda. De hecho, establece un solo período de 1542-1949 en la historia de Honduras que denomina La sociedad tradicional hondureña.

Consideraciones finales
Este breve acercamiento a la recepción o registro de la huella de la obra de Severo Martínez Peláez en la historiografía hondureña permite ver que, por un lado, que quienes han trabajado de forma constante la historia colonial hondureña no hacen referencia a su obra, y, por otro lado, quienes la han recepcionado el mayor empleo que hacen de ella es en el análisis de la historia de la propiedad y del proceso de ocupación de tierras por aparte de los españoles. Así como los conceptos que más se han utilizado de la obra de Severo Martínez ha sido los de ladino, indígena, mestizaje, levantamiento indígena y protesta social.

Bibliografía
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SEVERO MARTINEZ PELAEZ, HISTORIADOR CENTROAMERICANO