CON cada día que corre, mientras la autocracia permanece imperturbable atornillada al poder en Venezuela, la oposición se difumina. El Grupo de Lima, los aliados europeos que no reconocen al gobierno, el Secretario General de la OEA, el Departamento de Estado, pese a sus intentos de darle vuelta de carnero al régimen, ni cosquillas han logrado hacerle al heredero del finado. Antes se fueron los halcones de la Casa Blanca que sacar a Nicolás de su cómodo aposento. Antes hunde la economía a lo más hondo y mata de hambre a todos los venezolanos que los contrarios sacudirse la autocracia. Y eso que está rodeado por vecinos que le adversan. Antes contaba con todos los compañeros de viaje de la Revolución del Siglo XXI. Todos se fueron. Solo Argentina y México persisten. Aunque no es remoto que la pandemia acabe con varios de los actuales gobiernos de derecha. Sin embargo hasta ahora, aun con el entorno adverso, ha podido capear el temporal. En Bolivia perdió su último aliado de la tanda anterior.
De los huesos duros de roer. Estuvo años, arreglando constituciones a la medida de sus túnicas “unku”, hasta que el fraude electoral encendió la calle y los militares le pidieron gentilmente que mejor se fuera. El país ha estado en crisis intentando recuperar la paz. Una doble crisis, la sanitaria y la política que a los apesarados bolivianos no da tregua. En lo que respecta a Nicolás, resiste rodeado de una hostil atmósfera, con un país acabado, ganando tiempo. Esperando impaciente el regreso de sus antiguos socios. En la última reunión del Foro de Sao Pablo muchos ilustres caídos abanderados de la causa, apostaban a la desestabilización de las derechas. Una vez alcanzado el objetivo, amenazan con regresar. La táctica de Nicolás es divagar la comunidad internacional con diálogos. Para que nadie preste atención al sufrimiento del pueblo. Con diálogos –adentro y afuera– sin ceder nada ni avanzar un milímetro. Solo aparentar voluntad de entenderse. Y ganar tiempo. Mientras los obedientes generales no se despeguen de su lado, puede reprimir a su antojo y capturar opositores. Para después ofrecerlos como rehenes que suelta. Dados en misericordiosa concesión. Acaba de liberar 34 presos. Un premio a sus interlocutores de la oposición que participaron en las pláticas secretas auspiciadas por los turcos. Para el montaje contó con su aliado dictador de Turquía. El apoyo de rusos y de los chinos, facilitando asistencia suficiente, garantizan su intocable permanencia. Las pláticas y la recompensa que la autocracia otorga a los platicadores, –la liberación de unos presos políticos–suscitaron un cruce de acusaciones entre la dividida oposición:
«Informamos (…) de nuestro absoluto desconocimiento –reza un comunicado emitido por Guaidó– a las negociaciones inconsultas realizadas a título personal entre el régimen de Nicolás Maduro y los dirigentes Henrique Capriles y Stalin González». Ambos sindicados han abogado por la participación en los comicios del 6 de diciembre para renovar el Parlamento, único poder en manos de la oposición. En tanto una treintena de partidos opositores desisten participar en “el fraude” ya que las autoridades del Tribunal Electoral fueron puestas por los obedientes magistrados de la Corte Suprema, obedientes a Nicolás y no elegidos por el Parlamento, como lo establece la Constitución. Pompeo avisó desde Washington que no “contribuirán a legitimar el fraude electoral”. Sin embargo, la oposición luce cansada, debilitada y dividida. La gente de tanto esperar que le quiten de encima a Nicolás, sin que nada suceda, se ha ido resignando. Y muchos de los dirigentes de los grupos opositores ya no se entienden.