Segunda vuelta, verdades y falsedades

Por: Juan Ramón Martínez

En la mayoría de los casos, las opiniones sobre la segunda vuelta electoral, no tienen respaldo teórico. Forman parte de la estrategia insegura de la oposición al régimen actual. Y es indicativa de su inseguridad. Porque, si no logran derrotar al Partido Nacional en la primera vuelta, les queda la opción de rematarlo en la segunda vuelta. Por ello es que, al margen de sus escasas posibilidades de ser aprobada en el Congreso Nacional, en vista que al requerir mayoría calificada (86 diputados) sus seguidores no tienen matemáticamente, ninguna seguridad de lograr los votos necesarios, por más que se quieran engañar con las declaraciones sospechosas –que huelen a trampa– de Antonio Rivera Callejas.

Por ello es que no hemos leído, un análisis teórico profundo, ni mucho menos uno fáctico, con la excepción de Aceituno que, sí ha efectuado un estudio matemático en función de resultados. En lo primero, ni el más francés de los políticos hondureños, después de Carlos Roberto Reina que en algún momento parecía imitar más a De Gaulle que a Villeda Morales, Ernesto Paz Aguilar ha mostrado argumentos que, van más allá de la práctica francesa, país que desde 1852, la ha usado en todos sus procesos electorales, con las reformas de 1962 a la Constitución de 1958. Duverger al referirse a estas, dijo que habían convertido al sistema político, en semi presidencialismo y la mayoría lo conoce como la V República. Paz Aguilar tampoco ha mencionado, en ningún momento, las diferencias abismales entre Honduras y Francia, porque sabe –con la inteligencia que no disimula– que es difícil probar que los modelos electorales no son aplicables, modelos electorales específicos, en realidades políticas diferentes. Los otros colegas que han opinado, no son constitucionalistas, no han publicado nada; y no tienen una postura definitiva. Usan el derecho a su conveniencia. Un día, dicen que la Constitución de 1982 está muerta; y otro dicen que irán al final en procura de la candidatura liberal –y a los primeros cohetillos reventados–, echan pie atrás.

El análisis de Aceituno es la primera aproximación al tema, desde los resultados. Nadie se pone una vacuna sin estar seguro que, los resultados serán positivos. Ni Jorge Cálix. Por ello, ha estudiado el asunto desde una visión latinoamericana, no afrancesada como Paz Aguilar. Dice que “en América Latina, hay 12 naciones presidencialistas que usan la segunda vuelta. Venezuela, México, Paraguay y Honduras son la excepción”. Su análisis incluye el estudio de 55 procesos electorales, celebrados entre 1999 y 2019. Lo paradójico, dice, es que, en 33 elecciones, 26 (78%) el ganador en la primera vuelta, ganó en la segunda; en las 7 restantes (22%), ganó el que había ocupado el segundo lugar”. Agrega que esta aparente paradoja, “es causada porque el elector hace uso de lo que llaman el voto estratégico, que significa votar por el candidato que ha ocupado el primer puesto; aunque no esté dentro de sus favoritos y no el que ha ocupado el segundo lugar porque, lo considera más débil. Es producto también que, en primera vuelta, el elector define quién quiere que le gobierne, mientras que en la II vuelta, lo que lo motiva a votar es contra quien no quiere que le gobierne”. Concluye Aceituno, con una contundencia extraordinaria: “En la primera vuelta se selecciona; en la segunda se elimina”.

El argumento esgrimido por los que favorecen la segunda vuelta –afrancesados o simples tácticos electorales–, es el tema, suavemente autoritario, muy latinoamericano, de su admiración por los gobiernos fuertes. Aceituno responde a este supuesto así: “En 33 procesos estudiados, 20 de los mismos (61%), el elegido no supera el 40% de los votos. En la segunda vuelta, en el 39% de los casos, el ganador no logra el 30%. Los casos estudiados son los de Colombia (2014), Guatemala (2003, 2007, 2019), Chile (2013) y Colombia (2018)”.

Un agregado personal. Estos gobiernos “débiles” no siempre exhiben conductas democráticas. Serrano Elías, pretendió, sin éxito, disolver el Congreso –porque en segunda vuelta el ganador no cuenta con la mayoría de los diputados en el mismo– en cambio Fujimori, logró hacerlo, con los terribles resultados que aun ahora, sufren en el Perú. De modo que no hay que legislar para las próximas elecciones, sino que para el futuro. Como lo han hecho, exitosamente, los franceses.