
Hace cuatro días, murió un actor afroamericano, Chadwick Boseman que hizo en una película de nombre «42», el papel de Jackie Robinson, el primer beisbolista negro en llegar a jugar oficialmente en las Grandes Ligas, a partir del 15 de abril de 1947, cuando Robinson salió al engramado en Ebbetts Field, el Estadio de los Esquivadores de Brookyn.
El actor tuvo una actuación tan dramática y tan formidable mostrando la cantidad de horrendos y dolorosos actos racistas de que fue objeto Robinson, que pese a los insultos y el desprecio que le tenían por ser negro se mantuvo firme.
Robinson jugó con la camisola número 42 y no tardó mucho en convertirse en una gran estrella, algo que abrió las puertas de beisbol a miles de jugadores afroamericanos, asiáticos ya fuesen cubanos, dominicanos, puertorriqueños, mexicanos, venezolanos, panameños, nicaragüenses, etc.
Años después, superando prejuicios, la heroica gesta de Jackie Robinson hizo posible el ingreso de hombres de color a toda una serie de deportes profesionales, como el baloncesto, el futbol americano, el futbol soccer, el boxeo, la lucha libre, las carreras de coches, el tenis, el hockey sobre hielo. etc.
Las puertas deportivas también se abrieron a la mujeres periodistas, sin importar el color de la piel o su sexo, para que ellas narraran partidos y también para que fueran comentaristas y analistas deportivas.
Hoy ya existen ligas de mujeres en soccer, en tenis, en carreras de coches y en toda una serie de deportes.
Las atletas estrellas como la futbolista Mia Hamm, tuvieron que batallar mucho, pero lograron su objetivo y superaron muchos escollos racistas debido a su piel o su sexo femenino.