Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo
Si ya están instalados y funcionan, no hay hondureño que no piense por qué los dos sobrevalorados hospitales móviles, uno en San Pedro Sula y otro en Tegucigalpa no entran en funcionamiento efectivo en favor y beneficio de la salud del pueblo hondureño, que junto al mundo entero vive una letal pandemia provocada por el coronavirus COVID-19.
El funcionamiento de estas dos unidades de 91 camas cada una, salvaría vidas por las remisiones que harían los centros de triaje de los casos graves, imposibles de manejar en ellos, y que a pesar de que aparecieron tardíamente han solucionado por ahora un colapso hospitalario anunciado y temido por los galenos hondureños que se fajan a diario aprendiendo en el camino sobre la mortal enfermedad, que dicho sea de paso ha sido un tanto leve en su ataque a los hondureños, si comparamos nuestra situación con otras latitudes mundiales.
Pese a los desaciertos en el manejo del millonario presupuesto destinado al combate de la pandemia, el gobierno ha tenido varios aciertos como la apertura y equipamiento de centros de triaje en los 298 municipios del país, algunos de ellos muy bien equipados como verdaderos policlínicos, que al pasar la pandemia servirán de refuerzo al hasta ahora vulnerable y deficiente sistema de salud pública, otro gran acierto es el haber conformado brigadas de visita casa por casa en busca de personas afectadas por el virus, a las que se les da el tratamiento adecuado y seguimiento médico respectivo, descongestionando así las salas hospitalarias que por un momento se vieron rebasadas y hoy hasta anuncian que tienen cupos disponibles para casos que ameriten atención hospitalaria.
Aun con estas medidas no se logra aplanar la curva del COVID-19, y el gobierno no informa por qué se empecina en solo atacar la enfermedad con los tratamientos MAIZ y CATRACHO, y por qué no aceptó el ofrecimiento de un retroviral utilizado en Rusia con mucho éxito y que la federación rusa hizo una importante donación que se utiliza ya en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y El Salvador.
Tampoco se explica el porqué no se obtienen vacunas que ya se ensayan en seres humanos en China y Rusia y que posiblemente su producción masiva para el resto del mundo se inicie en septiembre de este año.
Aparentemente el gobierno apunta sus esperanzas en una vacuna que se produzca en Inglaterra o USA pero que no saldría hasta el comienzo del otro año, si es que llega a cumplir con las estrictas reglas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyas proyecciones para obtener un preventivo se dan para dos años más.
A la velocidad con que avanza la pandemia ningún país del mundo puede esperar dos años para vacunar preventivamente la población que le quede viva y sin haberse infectado por el virus, cuyo ataque aun siendo superado por los infectados deja secuelas impredecibles cardiopulmonares y vasocerebrales, en muchos casos requiriendo de terapias intensivas y especiales para superar los daños secuenciales.
Los esfuerzos gubernamentales se ven manchados por espantosos actos de corrupción que van desde la sobrevaloración y equivocación en equipos y medicamentos comprados, hasta el robo descarado de medicamentos de las farmacias de los hospitales y entrega de equipamientos incompletos por las brigadas móviles.
Algunos entes de investigación del Estado actúan en busca de los ladrones de medicinas de centros hospitalarios, las que supuestamente venden a empresarios farmacéuticos privados y hasta a pulperos y vendedores ambulantes de los mercados capitalinos, sumándose así a un genocidio sin precedentes en la historia médica hondureña.
Mientras tanto, corruptores y corruptos campean por sus fueros y ahora hasta protegidos con un manto de impunidad en vigencia con un nuevo Código Penal y otras disposiciones legislativas que solo favorecen a los que sin escrúpulo alguno meten las uñas en el erario nacional.
Nada ha valido la afirmación presidencial de que hay que hacer lo que se tenga que hacer, caiga quien caiga, porque todos los días y ahora virtualmente sus más cercanos colaboradores le doran la píldora y le dicen maravillas y linduras sobre la marcha del país, el combate de la pandemia y la reapertura de la economía, endulzándole el oído con lo que él quiere oír y no con lo que debe escuchar.
El mandatario es hoy en día muy impopular, pese a sus buenas intenciones y al haber sido víctima del COVID-19, que le ha obligado a aislarse más de lo que estaba y ese aislamiento lo mantiene alejado de la realidad concreta, por lo que su hoja de ruta es engañosa y según algunos sectores sociales él debería salir y enterarse in situ de la verdadera situación, no solo de la pandemia de la COVID-19, sino también de la del dengue, que aparentemente es aún más grave que la del coronavirus, ya que el Ministerio de Salud se ha olvidado de las fumigaciones y empleo de químicos en recipientes de almacenamiento de agua, limpieza de solares, que son reservorios ideales para la proliferación del Aedes aegypti, que también transmite el zika, malaria, fiebre amarilla y chikunguya. Esperamos que los 2 hospitales móviles entren pronto en funcionamiento y que los 5 restantes lleguen cuanto antes al país.