Rendición de cuentas

Juan Ramón Martínez

Nos ha resultado muy positivo y alentador el movimiento “¿Dónde está el dinero?”. Es democrático, conveniente. Rescata la soberanía popular y coloca a los gobernantes que, como mandaderos, tienen que informarnos, en forma minuciosa, en qué han usado el dinero y cuáles son los resultados alcanzados. El gobierno no produce dinero. Solo tiene el que, en forma de impuestos, tasas y contribuciones, le damos los ciudadanos.

En consecuencia, es democrático, pedir cuentas al alcalde municipal, a los diputados, a los secretarios de Estado –que, aunque están obligados por ley, que no cumplen, deben presentar una memoria anual de sus actividades al Congreso, que representa al pueblo– a los directores de las oficinas desconcentradas y al Presidente de la República. A todos ellos. Y no importa del partido que sean. Porque si, solo se las pedimos a los adversarios y nos hacemos los indiferentes con los correligionarios, incurrimos en una falta que en términos populares significa incumplir aquello que “todos en la cama o todos en el suelo”. Lo peor que puede ocurrirnos en el duro momento que atravesamos, es permitir que la ideología nos deforme la realidad y nos aliene, asumiendo conductas irregulares, propias de doble moral. Hay que pedirle cuentas –solo para ejemplificar– al alcalde liberal, al alcalde nacionalista, al alcalde de Libre y al de PAC, si hubiera alguno. Y la respuesta popular, tiene varios castigos: el descrédito cuando las cuentas no salen; la sanción administrativa y penal, y el rechazo del elector que en las siguientes elecciones, no vota por quien no merece su confianza.

Pero, todo esto se altera cuando la ideología, la política y el partidarismo se colocan por encima de la moral, altera los juicios de la realidad y las opiniones personales. La ideología no solo oscurece la realidad, deforma los hechos y provoca equivocaciones, sino que aliena la conducta individual. Por alienar queremos decir, “enajenar”, quitar. Y por alienación, nos referimos al “sentimiento de la conciencia que está separada de la realidad”. En el error. Es decir, desde afuera, algunos con mala intención, usando diferentes técnicas, le hacen creer a uno que, lo verde es negro y que el bueno, es malo. Ser víctima de la alienación, nos convierte en una “cosa”; nos manipulan y nos hacen decir palabras que, no sabemos por qué lo hacemos; pero solo esas sabemos. Un ejemplo basta para explicar este tema que, por supuesto –como todos los de la conciencia– es complejo. Al nacionalista de conciencia más frágil y vulnerable, le hacen creer que los liberales son perversos. Sus enemigos que, constituyen un peligro ante el que, no se debe confiar. Igual ocurre a los liberales con respecto a los nacionalistas; los de Libre en relación a los nacionalistas y los liberales y Salvador Nasralla, que repite que todos somos inútiles, porque el único honrado e inteligente es, él. Quien piensa así, está alienado.

Cuando se pide cuentas, hay una finalidad. Que el mandadero: el gobernante, no se quede con “el real y el mandado”. En las relaciones entre mandante –que somos todos nosotros– y el mandatario, (mandadero) debe privar una relación de desconfianza, no fruto de la alienación sino que, del concepto popular que ahora los maestros no enseñan: “cuentas claras y amistades largas”. Y esto, no solo para con los políticos y los funcionarios públicos, sino que, con los empresarios, los familiares y los amigos. Porque, si apreciamos las cosas, pasamos por alto que la corrupción que queremos evitar con la rendición de cuentas –no como una reacción partidaria para afectar a los gobernantes o servidores públicos– es como el tango. Y que siempre en el acto corrupto, hay un empresario privado, un político que hace favores; o un funcionario que se salta los procedimientos, para ofrecer favores. Contratar con el gobierno no es delito. La corrupción empieza con la valoración, la elección privilegiada y el pago inmediato; o adelantado. Es matemático que, en la medida en que los mecanismos para obtener el pago se complican, aumenta la corrupción. Los “Cachiros”, empezaron sobornando políticos, para que el gobierno les pagara. (Este tema de la complejidad de los procesos y la falta de transparencia pública, lo dejaremos para otra ocasión).

Es justo y necesario, pedir cuentas. A todos. A los correligionarios también. Este y todos los gobiernos, ¡deben rendir cuentas!