Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo
¿Dónde está el dinero? Es hoy por hoy la oración interrogativa más popular en Honduras porque nace del seno del pueblo como reclamo legítimo para que el gobierno dé explicaciones lógicas y veraces sobre la forma en que ha administrado miles de millones de dólares del erario nacional y múltiples organizaciones internacionales de financiamiento, gobiernos amigos y fundaciones humanitarias particulares para que combata la pandemia de coronavirus COVID-19 que abate al mundo entero.
La pinta de la corta oración se inició en Tegucigalpa, donde se han hecho vanos intentos por borrarla de la calzada y los muros donde fueron pintadas por considerarla ofensiva para el gobierno.
El Presidente Juan Orlando Hernández Alvarado a raíz de la pinta iniciada en Tegucigalpa y hoy regada en todo el país, ha advertido a todos sus colaboradores que actúen con transparencia absoluta en el manejo de los fondos millonarios destinados a combatir la pandemia, porque a su criterio el pueblo tiene derecho a saber en qué y cómo se invierten sus impuestos y donaciones.
Sin embargo, el mandatario evita referirse a las malas compras de insumos, equipos y medicamentos que en su mayoría han sido sobrevalorados y adquiridos equivocadamente, como por ejemplo una carpa-hospital que se instaló en Villanueva en un terreno inadecuado y en el primer aguacero se inundó y que dice que tiene un costo de cinco millones de dólares.
Tampoco se da explicaciones sobre la compra sobrevalorada de siete hospitales móviles, de los cuales solo han llegado dos al país y de los otros cinco restantes no se sabe dónde los están haciendo, ni cuándo llegarán, si es que llegan, tampoco qué se hace para que los proveedores de los dos que ya están aquí repongan equipo que venía vencido o en mal estado general.
Mucho menos se da explicación sobre una cacareada compra de ventiladores mecánicos que llegaron también incompletos y en mal estado, ni siquiera se ha exigido a los que los vendieron que repongan el equipo faltante para su uso adecuado.
Otra explicación que se exige es por qué no se pidió a una empresa coreana que vendió a costos millonarios pruebas para COVID-19, que llegaron incompletas, sin los reactivos necesarios, y por qué se compraron mascarillas inadecuadas a costos millonarios en el extranjero, y dónde están los 9 millones que el gobierno dice mando a hacer a las maquilas que funcionan en el norte de Honduras.
No se da ninguna explicación tampoco del porqué 250 mil pruebas rápidas fueron transportadas desde su lugar de origen hasta Tegucigalpa sin cumplir con la cadena de frío necesaria y sin haber sido utilizada una tan sola de ellas en beneficio del pueblo hondureño.
Otra explicación que no se da es por qué no se dota al personal de salud que está en primera línea de lucha contra el mortal virus del equipo biomédico para su protección personal, ese que se anuncia con bombos y platillos, adquisiciones millonarias del mismo.
Mientras tanto se han destinado millones de lempiras para la apertura de centros de triaje en los 298 municipios del país con el fin de evitar el colapso hospitalario para dar tratamiento ambulatorio temprano a los afectados por COVID-19 que según los médicos expertos ya puede ser de un millón de personas aunque las estadísticas oficiales solo hablan de 50 mil afectados porque van muy atrás de la realidad.
Es por ello que el gremio médico y otros sectores de salud elevan su voz de protesta ante alto número de contagio de sus miembros en muchos casos con consecuencias letales.
Es por ello que la oración popular interrogativa ¿dónde está el dinero? A pesar de ser reciente es imborrable por mucho aceite quemado, tierra y diluyente que le pongan encima, pues ya caló en la mente popular que ve con incredulidad, aunque ya sabían que iba a pasar que los ladrones de cuello blanco han comenzado a salir de la cárcel, merced a un nuevo Código Penal, considerado desde sus primeros debates en el Congreso Nacional como un código de impunidad, preparado como manto protector que cubre las barbaridades y horrores de una corrupción sin precedentes en medio de la muerte de cientos de compatriotas en una pandemia mundial, tratada con mucha torpeza y voracidad por quienes tienen el deber de luchar contra ella.