Por: Nery Alexis Gaitán
Los hondureños debemos salir adelante en esta dura prueba que estamos viviendo. Los daños son muchos y algunos irreversibles con las pérdidas de valiosas vidas humanas. El colapso de la economía agravará aún más la pobreza, la miseria que nuestro pueblo padece desde hace mucho tiempo.
Así vemos cómo las personas, acuciadas por el hambre, se han dedicado, en la medida de lo posible, a realizar actividades alternas que les permitan traer comida a sus hogares. En estos momentos que se ha dado nuevamente la apertura económica, vemos que se comienzan a activar los negocios. Y, sobre todo, empieza a revivir el comercio informal que es vital para los sectores más desposeídos.
La generosidad de particulares y algunas empresas se ha hecho presente para auxiliar a los que están sufriendo. Acción loable que merece un justo reconocimiento. Héroes son también el personal de salud que está luchando en primera fila para combatir el virus. Y demás autoridades civiles y militares que están trabajando para enfrentar esta crisis.
Asimismo es justo reconocer los esfuerzos que ha hecho y continúa haciendo el gobierno para enfrentar la crisis sanitaria. Sin su intervención, a estas horas todos estaríamos contagiados y las muertes serían mayores. El desastre sería total.
Lo desafortunado ha sido la mala administración con el presupuesto asignado. Y los actos de corrupción, que a estas alturas es imposible que escondan, en que se han visto envueltos funcionarios de todas categorías. Quizás creyeron que esta pandemia era cosa de unas cuantas semanas, que pasaría pronto y que podían hacer y deshacer con el dinero presupuestado. Error de cálculo ya que el desastre sanitario ha sido grande y las necesidades muchas. Mientras tanto, las medicinas, los materiales y equipos de bioseguridad, “ya comprados”, o llegaban a cuenta cuentas o no llegaban.
Lo de los hospitales móviles es algo inaudito, monstruoso, inhumano. Han pasado cinco meses y todavía no entran en funcionamiento los dos que llegaron. Y los otros cinco, sepa Judas cuándo llegarán. Si es que al fin llegaran y se pusieran en funcionamiento, sería ya muy tarde para tanto compatriota que ha muerto y seguirán muriendo desgraciadamente.
La percepción de la ciudadanía es que el gobierno ha enfrentado de una forma muy deficiente la pandemia. Y que ha puesto a personas incapaces, y sobre todo corruptas, a dirigir los esfuerzos para controlarla. En síntesis, el sistema sanitario público no ha dado una respuesta adecuada en cuanto al manejo de la pandemia del COVID-19, lo que ha resultado en centenares de muertes.
Los casos de ineptitud, por no decir de corrupción y maldad, son muchos; desde distribuir mascarillas deficientes, robarse los materiales, dejar perder medicinas y pruebas para detectar el virus; dejar arruinar respiradores mecánicos… y paremos de contar.
Razones por las cuales el reclamo popular no se ha hecho esperar. Las redes sociales son una vitrina donde se evidencia la inconformidad del pueblo ante el descalabro de la mala administración gubernamental. La frase ¿Dónde está el dinero? (que por cierto así titulamos un artículo hace algunas semanas), se ha vuelto viral. Y se encuentra pintada y a lo largo del territorio nacional.
Ridícula así ha sido la actuación del edil, “Papi” a la orden, mandando a empleados ineptos a borrar el rótulo y haber fracasado en tan “importantísima misión”, después de varios intentos. Hecho que ha ocasionado que con mayor fervor el pueblo haya ido a repintarlo, expresando así su repudio.
Pero aun con estas condiciones adversas -donde los responsables deben ser enjuiciados y encarcelados-, debemos ser optimistas y trabajar con mayor ahínco para sacar adelante a nuestras familias y por ende a Honduras.
Este es un momento crucial para demostrar que cuando los hondureños queremos, podemos hacer las cosas bien. Dediquémonos a trabajar por el bienestar de todos, nuestras familias nos lo agradecerán.