PRUDENCIA ELEMENTAL

LAS reaperturas económicas son indispensables para la sobrevivencia de nuestro país; sin embargo, presentan sus bemoles. El más importante de todos es que el hondureño promedio, o por debajo del promedio cultural, se encuentra como obnubilado frente a las medidas de bioseguridad en la calle, en los autobuses, en los taxis y en el trabajo. Los mismos jefes de las empresas públicas y privadas poco saben, por regla general, del peligro del aire acondicionado en lugares cerrados; de las distancias que deben prevalecer entre unas personas y otras; de la forma correcta de ponerse y quitarse las mascarillas y otros artefactos. De la necesidad de lavarse constantemente las manos y los brazos con jabón; e inclusive el rostro. En fin, una serie de detalles que pueden fastidiar pero que son elementales para sobrevivir.

El segundo problema es la gran cantidad de personas “asintomáticas” que circulan por las calles, los hogares y los negocios, que son portadoras del virus, y que nadie lo detecta a primera vista. De repente los “asintomáticos” son la causa principal del contagio. Algunos de estos jóvenes (de ambos sexos) se desplazan tranquilamente por las ciudades, suburbios y aldeas sin ningún sentido de responsabilidad y prevención.

Hemos sabido de casos de personas que en ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula adoptan todas las precauciones recomendadas. Pero una vez que se movilizan hacia los pueblos del interior del país, se les olvida todo, pues caminan como si estuvieran en feria, ya sea tomando bebidas alcohólicas, jugando fútbol y bailando a media noche en fiestas caseras, contagiando a todas las colectividades habidas y por haber. Igual comportamiento se observa en algunos barrios y zonas marginales, en los que la autoridad brilla por su ausencia. Luego los hospitales y los cementerios colapsan, agrandando una tragedia que bien podría ser neutralizada, con un poquito de sentido común, que “es el menos común de todos los sentidos”.

Esas personas retornan a las ciudades sin ningún sentimiento de culpa. Se les olvida que incluso en la zona de La Mosquitia, la subregión más apartada de Honduras, se han registrado varios casos de coronavirus.

Para una reapertura económica se requiere que una policía severa resguarde algunos puntos estratégicos, pero sin abuso de poder –como el irresponsable agente que lanzó una bomba lacrimógena al interior de un autobús– ni buscar las “mordidas” acostumbradas. Además, que se obligue a los usuarios del transporte a mantener la distancia indispensable entre los unos y los otros, con las mascarillas bien colocadas, en tanto que algunos se las ponen por debajo de las narices como “baberos” o las usan como vinchas. Alguien responsable debiera vigilar los grandes mercados populares que se convierten en los principales focos de infección, después de los hospitales públicos, dicho sea de paso, tal como se demostró en la primera reapertura. Inclusive en los bancos del centro de la capital, ha sido usual que se desorganicen las filas de los cuentahabientes por causa de los irresponsables y por la ausencia de un solo policía que vigile en los alrededores del establecimiento. A veces de poco sirve que muchas personas precavidas adopten las medidas de bioseguridad, si los chabacanos y los irresponsables, en cambio, andan sueltos contaminando a los demás.

Varias instituciones públicas y privadas se han mantenido muy activas gracias al “teletrabajo” de los funcionarios, jefes y empleados, sin ningún riesgo de contaminación. Por raciocinio y por simple sentido común debieran temporalmente continuar sus operaciones virtuales en donde algunos han demostrado mayor eficiencia que con el trabajo presencial. Nuestro país necesita reaperturas económicas con medidas estrictas. Que no se siga utilizando la verborrea de la “reapertura inteligente”, en un país con tan bajo nivel educativo y pobreza cultural.