Por: Froylán Ochoa Alcántara
Esta vez voy a referirme a una persona de nombre Boris, un amigo muy especial, y los que lo conocimos fuimos impactados con su inesperado fallecimiento en esta ciudad de Tegucigalpa.
Su nombre Boris, un poco extraño para nuestra idiosincrasia ya que parece que tiene raíces europeas, viene a ser como eslavo; lo conocí a muy temprana edad haciendo el primer grado en el Instituto Moderno de la capital, a inicios de los años cincuenta. Su tía era la profesora de dicha institución, la recordada profesora Luz Zelaya Rubí, aquel grado fue aparentemente experimental y fue matriculado como mixto. Recuerdo que nuestra promoción estaba integrada por las niñas: Martita Bonilla, Cléyla Cantor; los niños Boris Zelaya R., Miguel Morazán, Julio Rosa, Jesús Zacapa y Froylán Ochoa A.; nuestra profesora era Lidia Cantor. Allí aprendimos nuestras primeras letras y cantábamos todos los días el Himno Nacional de nuestra amada patria, Honduras.
Aquella emérita institución era rectorada por la honorable profesora Estelita Pineda Ugarte, se ubicaba en la bajada o cuesta aledaña a la Casa Presidencial, casi enfrente al dormitorio de los cadetes de la Guardia Presidencial. El instituto era de enseñanza privada, orientado para señoritas en las ramas de secretariado comercial en español e inglés.
Traigo a memoria la grata presencia en aquel entonces de jóvenes señoritas que asistían a las clases impartidas por uno de sus profesores como el abogado Francisco J. Zacapa, en las materias de Derecho Mercantil y Contabilidad, entre otras; asistían Adriana y Rina Síri, Belquis Melara, Negus Zacapa, Iris Van Dycke, Micky Rossner y hermanas, Rosibel Zúniga, Cydalia Batres, Rosalinda Ochoa Alcántara, (mi querida hermana), que me asistió recordando aquellos años y me indicó mencionar a Idalia Zelaya Rubí. quién se destacaba en los desfiles cívicos del 15 de septiembre y la profesora Teresa Zúniga (madre de Miguelito Morazán) que ejercía varias funciones académicas.
Recuerdo que de vez en cuando visitaba a mi amiguito Boris, quién vivía en el vecindario ahora denominado barrio “El Centro” en las cercanías del parque Valle a media cuadra de la Iglesia Evangélica y a una cuadra de la casa de habitación donde entonces residía el abogado, don Óscar A. Flores, en el barrio “La Ronda,” por lo cual asumo que Boris estrechó lazos de amistad con su hijo Carlos Flores, ahora distinguido director de diario “LA TRIBUNA”.
Otro pasaje vivencial lo fue cuando realizamos un viaje a San Pedro Sula invitados por el licenciado Mario Rivera López y nos encontramos en casa del famoso líder liberal don Odilón Ayestas, ambos diputados al Congreso Nacional, en donde tuvimos la grata impresión al observar cómo ambos políticos compartían cálidos momentos durante el almuerzo convidados por aquel simpatiquísimo anfitrión. Para nosotros aquella ocasión fue toda una enseñanza, al ver cómo los políticos pueden llegar a fraternizar no importando las diferencias y militancias políticas.
En esta oportunidad mi amigo me pidió que lo acompañara a La Lima, ya que quería saludar a su padre, a lo cual accedí y al siguiente día dejamos la ciudad de los laureles y nos encaminamos hacia la ciudad del oro verde, puestos allá y con la dirección que Boris llevaba, fuimos preguntando hasta que finalmente dimos con la casa. La visita fue rápida, nos despedimos del señor y emprendimos nuestro viaje de regreso. Tuve la impresión de que la relación no funcionaba bien.
Pasado algún tiempo volvimos a compartir en el Club de Leones de Tegucigalpa, todavía cachorros concurríamos todos los sábados por las tardes a las sesiones del grupo, el local de la “Cueva” se encontraba enfrente del inmueble del otrora
“Chico Club”, en el centro de la ciudad, las sesiones duraban unas dos horas y recibíamos entrenamiento para desarrollar actividades de proyección social, después de lo cual socializábamos entre amigos y compañeros, celebrando cumpleaños y otras actividades compartidas con damitas de Tegucigalpa, recuerdo entre otras a, Carmen Alicia Fúnez, Sonia Cordero, Maura Codina; como el tiempo no deja de transcurrir, nuestras actividades se fueron tornando diferentes, por mi parte ingresé a la Escuela de Derecho a sacar mi carrera y Boris igual, emprendió estudios contables y de auditoría y nuestros caminos se fueron separando.
Así que el destino decide otras rutas y como dicen popularmente “Dios mueve la rueda de la vida” y aquí estamos esperando vernos de nuevo… hasta pronto, Boris.