Olanchito, ciudad singular

Por: Juan Ramón Martínez

Mientras en otras ciudades, todo le piden al gobierno, Olanchito reacciona de manera diferente. Y en vez de llorar y exigir, sus ciudadanos se unen y dan respuestas a los problemas. Contrastando con los ambiciosos y oportunistas que, aprovechando la lucha que se libra en contra del covid-19, hacen negocios, vendiendo productos a precios alzados; alquilando instalaciones, –que deben ponerse al servicio del pueblo–; o engañando a los consumidores, en Olanchito dan un ejemplo de solidaridad organizada. Y, antes que pedirle al gobierno, se organizan y se entregan en la tarea de apoyar las iniciativas gubernamentales, ampliando y mejorando las instalaciones del Hospital “Aníbal Murillo Escobar”. Este es un hospital, –cuyo nombre honra a uno de mis contemporáneos más distinguidos, médico dedicado a su profesión, y con el que nos une fraterna amistad–, en donde sus directores y administradores hacen milagros para atender enfermos, dentro de una concepción de medicina universal, sin contar con los recursos suficientes. Durante años, han hecho proezas, con lo poco que disponen. Pero ahora, frente al covid-19, la ciudadanía –en vez de clamar ayuda al gobierno– se han organizado para ampliar la capacidad del Hospital “Aníbal Murillo”, por medio de la construcción de una sala para atender a los enfermos. De acuerdo a las fotografías enviadas, casi tienen concluidas las paredes de una construcción de más de 600 metros cuadrados. Y se preparan, para concluir la sala en el término de 45 días, con capacidad para atender a los compatriotas enfermos del municipio y de otros, con los que mantiene relaciones culturales, como Esquipulas del Norte, Arenal, Sabá y Sonaguera. El costo de la obra civil, es de 2.5 millones, de los cuales es posible que tengan más de la mitad, gracias a las contribuciones de empresas, de los residentes en la ciudad, paisanos que viven en otras partes del país, y por donativos que, otros muchos, envían desde el exterior.

Este hecho, que llena de orgullo a los que nacimos o nos forjamos en su sistema educativo, no es accidental. Refleja el carácter de una ciudad, cuya población ha sido forjada en los conceptos de la libertad, el carácter orgulloso, la criticidad y la independencia. No soy neutral para juzgar lo que hacen mis paisanos. Porque allí me formé, primero en el interior de una familia pobre; pero orgullosa, que nos enseñó que el precio de la libertad –la capacidad del ejercicio crítico por medio del uso de la palabra oral y escrita– se basaba en la independencia. Pero, por ello puedo, aportar algunas explicaciones del porqué, Olanchito es la única ciudad donde sus habitantes, antes de hacer un coro de voces lastimeras, –pidiéndole ayuda al gobierno–, se organizan y se disponen, con energía y alegría singular, a apoyar más bien la gestión gubernamental. Lo primero que se me ocurre para explicar por qué otras ciudades no hacen lo mismo, es que Olanchito nació aislada, poblada por emigrantes que, venían huyendo del autoritarismo y de la muerte, a manos del gobierno de José María Medina. Y que, hicieron del uso de la palabra, el mecanismo para descubrir las intenciones del extraño. Mucho tiempo después, Lisandro Quezada, dijo que Olanchito era la “ciudad de la palabra”. En el carácter de los “olanchitos”, hay una gran inclinación orgullosa, por la defensa de su honor y por la dignificación colectiva. Es, el esfuerzo de esos profesores que moldearon el carácter de su juventud, en donde está la raíz del ejemplo que, les dan a otras ciudades de Honduras. Confirmando que, es la educación, –en el hogar y en las aulas–, donde los maestros, más que llenarlos de conocimientos inútiles, forjan el carácter y convencen que, todo lo que se emprende, se logra, con trabajo y disciplinada dedicación. Por ello, creo que en la conducta de Yadira Hoch y Juan Ramón Ramos, –que son los conciudadanos con quienes nos hemos comunicado para ofrecerles nuestra cooperación económica y este artículo–, quienes están detrás suyo, son los maestros que, los forjaron. A ellos. Y a nosotros.
Celebro la labor de mis paisanos. E invito a las demás ciudades, a hacer lo mismo. Criticar al gobierno, no es suficiente. Hay que ayudarlo para que, nunca deje de estar al servicio del bien común. Y así, controlarlo.