Tonto útil y testaferro

Por: Óscar Antonio Oyuela Castellón

El tonto útil en el léxico político es el idiota o “simpatizantes confundidos y descarriados” que sin el mayor asomo de escrúpulo ciegamente y al pie de la letra hace lo que le ordena el líder a quien le ha declarado lealtad absoluta hasta con su propia vida. Este imbécil que es acertadamente descrito por Carlos Alberto Montaner en su libro “El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” y “El Regreso del Idiota”, generalmente por su minusválido cerebro ignora lo que se oculta detrás del “mandado” que le manda hacer su jefe, su líder o su dueño, y al ponerse al descubierto las perversidades que se generan de lo secretamente realizado, el tonto que se quiso pasar de vivo asume el mayor castigo, y el pícaro mandante que opera desde la oscuridad es el más ganancioso, y, cuando no existen o no funcionan instituciones auditoras y hay total ausencia de autoridad policial y judicial, todo queda en la impunidad, a excepción del tonto útil que por ser tan tonto, deja por todos lados sus huellas y su firma se le descubre con facilidad como autor del crimen y termina en la cárcel purgando largas condenas si su padrino no le facilita el abogado que le prometió le defendería en caso de caer preso, pero, con la condición de “no hablar” absolutamente nada, “el abogado se encargará de hacer lo que sabe hacer para que quede en libertad”.

Esta práctica es muy común entre los buitres empresarios y banqueros, tienen en agenda una variedad de tontos útiles, especializados en diferentes disciplinas técnicas y académicas, dispuestos a jugarse su destino por un puñado de dólares o lempiras devaluados. En política, el tonto útil obedientemente a la mayor brevedad hace lo que le indica el “líder” que haga, y es tan tonto que ni por curiosidad se atreve a investigar las fatales consecuencias del mandado, y cuando todo sale mal, el tonto enfrenta los cargos que le impone la ley por los ilícitos cometidos. Están también los “tontos útiles” que se encargan de hacer la limpieza con habilidad extraordinaria, que borran las huellas y otras evidencias que servirían en la investigación para descubrir al o los autores del o de los delitos cometidos. Lamentablemente entre estos figuran periodistas que trastocan la verdad, hábilmente con un juego de palabras y conceptos dicen lo contrario a lo que deberían decir o escribir; abogados, jueces y magistrados que tuercen los juicios, atrasan procesos, pierden expedientes, sustraen evidencias y aprovechan los vacíos de algunas leyes administrativas y penales. Y las instituciones que auditan, en su mayoría están integradas por personajes de dudosa reputación y, prestos a ver a otro lado, cuando entre los involucrados figuran correligionarios y amigos que influyeron para ocupar sus posiciones con sueldos millonarios y sus respectivas dietas y gastos de representación. Y así en estos países desordenados, desgobernados y corruptos, marcha a sus anchas la impunidad que como cáncer contamina toda la institucionalidad y envenena a la misma sociedad. Como dicen los estudiosos de la conducta humana: “donde hay un tonto útil siempre hay algún listo aprovechado”.

El “testaferro” es más que un “tonto útil” porque deliberadamente se presta a una jugada sucia que le ordena la institución o la persona que influye en su voluntad a cambio de un beneficio económico o una posición estratégica en la administración pública o privada que le permita manejar a su discrecionalidad millonarios presupuestos, que generalmente no es auditado y cuando así lo manda la ley, es a posteriori que lo hacen los organismos integrados también por deshonestos funcionarios reconocidos por sus méritos de tener extraordinarias habilidades para esconder las inmundicias o porquerías que dejan regados por todas partes quienes le apadrinaron para entrar en la burocracia.

El testaferro es una persona sin principios ni valores, actúa en nombre de otra para “encubrir una situación o conducta inaceptable, disfrazándola con una postura diferente”, “….se prestan como títeres de otras siendo manipuladas para que sean ellas las que sean la cara visible y reciban las consecuencias de sus acciones en vez de quien las genera realmente”. Algunos actos del testaferro no se traducen en actos ilícitos, pero cuando ocasiona daños a un tercero la situación es diferente. Por ejemplo, hay testaferros que compran con dinero en efectivo de dudosa procedencia bienes inmuebles o servicios, cuyo verdadero dueño se mantiene en el anonimato para evitar ser alcanzado por el brazo de la justicia. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Antes los abuelos solían decir con orgullo: “somos pobres pero honrados”, recalcaban: “el ser honrado tiene un alto costo”. Ahora en estos dorados tiempos de orgías y libertinaje que hasta las iglesias se han corrompido, el dicho popularizado es: “quien no roba es pendejo”.