REINVENTARSE

ESCOJAN ustedes, como consuelo, las cifras que menos les atormenten. Las autoridades del BCH prevén una contracción entre el 7 y 8 por ciento al final del año, por los efectos nocivos de la peste. Pero la cúpula empresarial calcula que la contracción será más profunda. Por lo menos un 10%. Antes que azotara el infernal virus, los pronósticos de tener crecimiento positivo rondaban entre 2 y 3 por ciento. Los números divulgados por el ente empresarial es que “43% de las empresas hondureñas han desaparecido y se han perdido entre 250 mil a 300 mil empleos”. Tanto la autoridad económica como la dirigencia empresarial coinciden en que siguen deprimidas –y así continuarán en todo lo queda del año– las principales actividades económicas del país. La oferta productiva, la industria manufacturera, el comercio, hoteles y restaurantes, transporte y almacenamiento, agricultura, la construcción y la demanda de bienes y servicios.

Para que el lector pueda ubicarse cómo lo anterior contrasta con otras previsiones. El FMI ha empeorado sus perspectivas para América Latina y el Caribe al pronosticar que su actividad económica se desplomará un 9.4% este año por el impacto de la pandemia. El parón generalizado provocará “una caída del PIB de 8% en Estados Unidos, del 10.2% en el Reino Unido, una contracción de 7.8% en Alemania, de 12.5% en Francia y de 12.8% en Italia”. Mientras ofrecía estas cifras escalofriantes, el ente crediticio con sede en Washington, aprovechó para hacer un atento llamado a los gobiernos nacionales a llevar a cabo políticas efectivas que ayuden a frenar el deterioro económico y preparar el escenario “para un proceso más rápido que beneficie a todos en la sociedad en todo el espectro de ingresos”. Suena como a directrices bastante opuestas a las recomendaciones que ofrecían en el reciente pasado, más encaminadas a velar por la salud de los ingresos gubernamentales y no el efecto ruinoso de esas medidas de ajuste –por el lado de contraer una demanda de subsistencia no de aumentar la oferta productiva– en los mercados hambrientos de estos pintorescos paisajes acabados. Como de cifras fantasmagóricas se trata, la FAO lanza las suyas. “Calcula que esta crisis podría empujar a entre 80 y 130 millones de personas al hambre en todo el mundo. La situación empeora en América Latina y el Caribe, que es la región del mundo donde la inseguridad alimentaria está aumentando con mayor rapidez”. Sin embargo, no todo es calamitoso. El campo podría –si se estimula apropiadamente– servir como colchón durante la emergencia.
Se estima que en lo doméstico la producción de frijol aumentará a 1.9 millones de quintales en la cosecha de postrera. Los productores de arroz estarían sacando unos 4.5 millones de sacos, 1.4 millones de quintales, que representan el 31% de la demanda nacional. No hay recuperación dramática para la caficultura. El valor de las exportaciones de café, a un precio de $125.44 por saco, decayeron en $29.4 millones, en relación al año pasado, cuando el precio promedio fue de $107.09 por saco. Siquiera los precios no se hundieron con la pandemia. El confinamiento, como el estrés que este provoca, hace que los consumidores demanden más café. En lo que respecta a la contribución a la economía nacional de nuestros compatriotas residentes en el exterior, esta resiste los embates de la severa tempestad. El ingreso por remesas al finalizar el año andaría por los 5,058.5 millones de dólares, inferior en 503.7 millones (-9.1 por ciento) con relación a los 5,562.2 millones de dólares enviados en 2019. Así que no todo está perdido. Con ingenio y creatividad, hay todavía espacio para reinventarse.