Genialidad genocida

Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo

A más de alguno de los “genios” (¿?) se le ocurrió la “brillante” idea (¿?) de trasladar dos ventanillas de farmacia adscritas a la de emergencia del Hospital de Especialidades de La Granja del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), en Tegucigalpa hacia un segundo piso donde el nivel de contaminación de coronavirus, COVID-19 es lamentablemente muy alta, pues todo el edificio fue destinado al combate de la pandemia con un alto número de muertes en lo que va de la misma.

Lo más grave de esta genialidad genocida es que las ventanillas trasladadas eran para la despensa de medicamentos especializados y genéricos para pacientes con deficiencia renal aguda y crónica y estaban ubicadas inmediatas a la sala de hemodiálisis, donde tres días a la semana y durante cuatro horas se prolonga la vida a unos 300 derechohabientes que padecen algún tipo de daño en sus riñones.

Por otra parte, el traslado de estas dos ventanillas de farmacia a un área de alta contaminación no presenta ninguna facilidad de acceso para pacientes y familiares en búsqueda de medicinas, previamente recetadas por los médicos designados, derechohabientes que en su mayoría han sido amputados de miembros inferiores o son invidentes y requieren del auxilio de algún familiar para todos sus movimientos, y son en su mayoría afectados por diabetes mellitus, hipertensos y con un funcionamiento renal muy bajo o nulo, en muchos casos enfermedades de base que unidas al COVID-19 dan pocas probabilidades a la medicina ideada para combatir la pandemia.

En lo que va desde la entrada del COVID-19 hasta la fecha (4 meses y días) han perecido 62 pacientes renales en su mayoría contaminados por falta de previsión de las autoridades médicas del IHSS que a saber por qué razones no han querido mover el área crítica de hemodiálisis del sitio donde se ha ubicado, aledaño a la emergencia general y el parqueo de ambulancias, y además área de paso de todo tipo de enfermos de consulta externa, y personas que los acompañan, además de personal de aseo y camilleros que halan todo tipo de material desechable altamente contagiado, hacia un área de almacenamiento de desechos que también está muy cercana a la zona de espera –que dicho sea de paso es a la intemperie– donde familiares y pacientes esperan el llamado por lista para recibir el tratamiento.

Daniel Mairena Aguilar, presidente de la Asociación de Pacientes Renales ha emprendido una lucha denodada y a su vez ignorada por las autoridades médicas del IHSS para que se modifique el área de hemodiálisis sellando ciertas zonas donde se puede dializar a los pacientes renales afectados por COVID-19 y algunos pasillos de acceso para evitar la contaminación, y aparentemente tras arduas gestiones y aireadas entrevistas, donde ha habido hasta amenazas de las autoridades con mandarlo a sacar con los guardias de seguridad, acusándole de insolente y malcriado por haberles increpado su desidia para los renales y hasta preguntándoles si es que se les ha impuesto una cuota de muertes en esa zona crítica para favorecer a la empresa a la que se le ha subrogado el servicio.

Mairena Aguilar ya fue agredido una vez por un guardia, que tolete y pistola en mano le dañó una pierna, sacándole a golpe limpio de un área donde él pretendía organizar la entrada de pacientes, conforme a su turno y hora de llegada, al haber sitio disponible para su tratamiento, ya que los protocolos del IHSS estaban a la espera de que todas las sillas estuviesen vacías para introducir un lote elevado de los mismos con largo tiempo de espera para ser conectados debido a la falta de personal especializado en ese ramo, donde a veces no hay ni siquiera un médico a quien acudir en caso de una emergencia, donde los pacientes en varias ocasiones sufren infartos al miocardio, choques sépticos a sus riñones, bajas y subidas súbitas de presión arterial y hasta hemorragias en sus fístulas, infecciones en los catéteres, episodios diarréicos y otro tipo de anormalidades que requieren de una intervención médica inmediata y en la mayoría de los casos el traslado a emergencia, donde hoy en día se ha determinado que sea el sitio donde se detecta el COVID-19 y se remiten los pacientes a las salas donde se les dará tratamiento, y a la que solo se accede por un elevador en el que la espera se vuelve infinita, debido a la lentitud con la que se mueve el aparato, y que los pacientes además de llamarlo apretando los botones específicos tienen que golpear las puertas metálicas y gritar “paciente en espera” o un familiar les ayuda a transportarse en silla de ruedas o en camillas y baja o sube por unas gradas hasta donde se ha detenido el ascensor para avisarle al operador del mismo que hay gente esperándole en tal piso.

En todo el edificio del Hospital de Seguridad Social de La Granja no existen rampas para pacientes en sillas de ruedas o camilleros, porque no fue pensado así, arquitectónicamente hablando y la única rampa existente es la que da de la entrada del parqueo a la emergencia y es muy empinada, tiene baches, y también el acceso de la sala a la intemperie al sitio donde se dializa al paciente tiene otra rampa empinada que a veces el auxiliar del derechohabiente, generalmente de la tercera edad, tiene que hacer esfuerzos máximos para llevarle hasta el sitio de su diálisis.

Mairena logró convencer, –con su apasionada forma de sugerir mejoras para los pacientes– a las autoridades médicas de volver las 2 ventanillas de farmacia removidas a su lugar original y hacer otras mejoras en la sala de hemodiálisis.