LA vaina con algunos políticos es que muchas veces lo que dicen para consumo de la opinión pública es distinto de lo que quisieran. Cuesta adivinar, entonces, las reales intenciones detrás de cualquier declaración o el trasfondo de las cosas. Por ejemplo. Deduciendo por los cuestionamientos de cierta dirigencia de los partidos a las elecciones primarias e internas, difícil dilucidar si la pretensión es realizarlas con un censo electoral depurado, limpio y actualizado –como debe ser– o sencillamente un pretexto para lavar conflictos internos; o bien hasta el deseo que no se realicen del todo. Como decíamos ayer, no hemos sido consultados ni nadie tiene porqué hacerlo sobre reformas electorales que obran en manos de comisiones de dictamen en el Legislativo. Supimos por casualidad –en términos muy vagos– de una iniciativa encaminada a dar más tiempo al RNP para que concluya el trabajo iniciado de actualización de la bitácora registral y dotar a los ciudadanos de una nueva tarjeta de identidad.
Que pareciera resolver lo del tiempo adicional requerido por el ente registral para avanzar en su tarea. Sin embargo –hasta donde pudimos enterarnos– la extensión la consiguen atropellando plazos mínimos legales que requiere el CNE –al que técnica y jurídicamente le corresponde la elaboración del censo electoral– de manera que le sería imposible cumplir su cometido dentro del término estipulado para que se materialicen las elecciones internas y primarias. Como buscando algo o a alguien a quien echarle la culpa. Circulan rumores –hasta ahora solo son rumores– que grupos dentro de los partidos preferirían que no hubiese elecciones primarias. Bien podría ser que todo sea enmendable con correcciones y afinamiento, si hemos de presumir que no hay intento de boicotear la realización de las elecciones intermedias. Con lo peligroso que sería jugar con fuego –como queriendo, con fuego, sofocar las llamas– en medio de una emergencia como la que en la actualidad golpea. Queda, sin embargo, expuesta la inquietud, como advertencia, no como premonición, para que no ocurra. Hace unos días, en lo que concierne a opinar sobre cuestiones del acontecer nacional, dijimos –a sabiendas que nadie hace caso– que nada se pierde con exteriorizar lo que en nuestro humilde criterio conviene a Honduras. Como advertir de los peligros que se ciernen sobre el encapotado cielo. De manera que un auditorio desencantado con las políticas y hasta indignado con el sistema –en medio de la pandemia que exacerba aún más el descontento– pueda anidar alguna mediana esperanza que el camino electoral conducirá irremisiblemente a linderos más prometedores de bienestar colectivo.
¿Si la democracia ya no es respuesta que apacigüe el enojo, si el credo es que nada funciona, si se duda de los instrumentos que el sistema otorga para hacer los cambios en paz, para en las urnas decidir la alternancia, entonces, qué nos queda? Deben realizarse elecciones primarias e internas –y por supuestos elecciones generales– bajo garantía de la mayor transparencia. Inconcebible sería la burla de este anhelo popular. Y para no desentonar con los que anuncian por anticipado sus intenciones. Así como se fijan compromisos para la inscripción de nuevos partidos, que respondan a la justicia de nuevos liderazgos, igual, en consonancia con la igualdad de derechos, ¿qué le parecería si el compromiso abarcase que cuenten con representantes en las mesas electorales? Un avance, sin duda, lo fueron las reformas constitucionales consensuadas entre las fuerzas políticas representadas en la Cámara de diputados, que sustituyeron los viejos esquemas por nuevos entes electorales solventes y creíbles con miras a la construcción de un proceso electoral confiable y transparente. No es tarde para retomar un tema que no está agotado. La Segunda Vuelta. No como banderita para agitar del diente al labio. Sino como aspiración –ahora que hay tantos partidos– que la nación salga fortalecida de la consulta comicial, dando sentido real a las alianzas, con un gobierno fuerte, respaldado por una mayoría contundente de los hondureños y con mayor solvencia para conjuntarlo. Esto sí daría una vuelta de calcetín al proceso. Por ello este debate no debe ser postergado.