Por: Jorge Roberto Maradiaga
Doctor en Derecho Mercantil, catedrático universitario y especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial.
Indiscutiblemente, hoy en día como producto del negativo y demoledor impacto del COVID-19, el comercio electrónico se ha convertido en un accionar contundente y efectivo y por ello constituye uno de los ámbitos de mayor investigación científica y más actividad en la creación de un marco legislativo. El crecimiento de un mercado electrónico global ha afectado a numerosos aspectos legales, que incluye: seguridad en la red y las transacciones; protección de los derechos de propiedad intelectual y material con copyright en el entorno digital; la gestión de los sistemas de pago, la legalidad de los contratos electrónicos y diferentes aspectos de la jurisdicción en el ciberespacio.
Los hechos demuestran en forma concreta que actualmente nos encontramos en una situación de explosión en todos los sentidos, mientras el comercio electrónico tiene una creciente tasa de aceptación entre la comunidad empresarial debido al rápido desarrollo tecnológico, la mayoría de los problemas se derivan de las cuestiones legales.
Para que el comercio electrónico funcione hay que implantar, por una parte, tecnologías seguras (como firmas digitales, certificados digitales y mecanismos seguros de pago electrónico) y, por otra, un marco jurídico e institucional que sirva de apoyo a estas tecnologías… Dado el carácter esencialmente transnacional del comercio electrónico, es necesario conseguir un consenso mundial, tal como lo ha venido haciendo UNCITRAL.
Señalamos lo anterior porque en ello hay coincidencia a nivel mundial. Es procedente destacar que nuestro país ya cuenta con una ley sobre comercio electrónico y otra sobre firmas electrónicas. Otro instrumento básico es la Convención de las Naciones Unidas sobre la utilización de las comunicaciones electrónicas en los contratos internacionales. En esencia se trata de instrumentos vigentes en nuestro país.
Los objetivos del comercio electrónico en todo tipo de transacciones pueden sintetizarse en puntos tales como: 1. Mejorar la eficiencia y reducir los costos en las actividades comerciales; 2. Mejorar el campo de actuación (ampliación del mercado potencial); 3. Mejorar en los clientes la satisfacción de sus necesidades; 4. Mejorar los sistemas de interactividad de proveedor-cliente.
Obviamente, los objetivos del comercio electrónico son múltiples y diversos. Entre ellos se destacan: 1. Incrementar la rapidez y eficiencia de los procesos y transacciones comerciales, mejorando el servicio al cliente; 2. Fomentar nuevas aplicaciones que incorporen el incremento de la competitividad, la creación de empleos y el crecimiento económico; 3. Reducir los precios de servicios como producto de la mayor competencia; 4. Desarrollar nuevos mercados para la industria, así como nuevas posibilidades de elección de los clientes; 5. Permitir a las empresas llevar a cabo negocios con socios lejanos; 6. Incrementar o reforzar la participación de la micro, pequeña y mediana empresa, con el consiguiente efecto multiplicador.
Es de destacar que en los últimos años y no digamos en los últimos meses, el comercio electrónico ha experimentado un crecimiento sustantivo debido a la convergencia de diferentes desarrollos tecnológicos en las telecomunicaciones, la informática y la gestión de información; a lo que ha contribuido un clima económico favorable.
Por otro lado, el ingente crecimiento cuantitativo y cualitativo de Internet y su sucesivo aumento de popularidad constituyen las bases para el desarrollo del comercio electrónico. Un valor añadido que ofrece la red Internet es la posibilidad de garantizar la representación apropiada de las PYMEs y fomentar su participación en un mercado global. Recuerde en este apartado el impacto del COVID-19, que ha obligado al uso de la tecnología.
Es importante recordar que, hasta hace unos años, el comercio electrónico se limitaba a relaciones interempresariales a través de redes propias, hoy en día se está ampliando y convirtiendo rápidamente en una compleja malla de actividades a nivel mundial entre participantes cuyo número no cesa de crecer y que utilizan redes abiertas como Internet.
Es importante la consideración de aspectos legales del comercio electrónico, tales como: 1. Robo de números de tarjetas de crédito transferidos a través de Internet; 2. Robo de fondos en un banco; 3. Utilización de palabras claves ajenas; 4. Robo de fondos modificando la cantidad de una cierta transacción. Recuérdese que un participante en una transacción puede más tarde negar haberla realizado, pero obviamente debe actuar con la debida diligencia y haber adoptado en tiempo forma las medidas de seguridad propias del cambio tecnológico.
En todo caso, es preciso la normativa sobre criminalidad informática y la incorporación de convenios o convenciones sobre la materia, tal como lo han hecho ya varios países.
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