Por: Coronel ® José Antonio Pereira Ortega
Si hay algo que nos caracteriza a los hondureños, es la rutinaria práctica por los malos hábitos y que los tomamos como si fueran leyes a nuestro favor, destacando en ser desordenados, irrespetuosos, impuntuales y apasionados por vivir sin límites, sin reglas ni controles, cultivando como verdad que la disciplina, el orden y el control solo son normas de cumplimiento para los pendejos, volviéndonos soberbios y malcriados, enarbolando banderas antisistema por cualquier tontera que les desagrade, la consigna subliminal es estar contra todo lo que represente a la ley y a las autoridades.
Resulta incomprensible que en este momento del problema de la pandemia que nos ataca, se asuma un comportamiento irreverente, evidenciar no tener ni la menor idea de lo que signifique peligro, riesgos para la propia vida, que en muchos casos aunque no se pierda la misma dejará lesiones imborrables, debo recalcar que en estos momentos de perturbación física y emocional, no hay tiempo para seguir en esa práctica, se debe cambiar de actitud y no solo en él en sentido personal, sino que también en sentido comunitario.
La razón de las observaciones que hoy comparto, a manera de alerta y como una recomendación seria, con la visión de incentivar a enmendar lo malo, es porque en este momento no hay espacio para la irresponsabilidad personal, se enfrenta una amenaza desconocida, de proceder silencioso, puntual y mortal en su ataque cuando aparece y que utilizando como arma a las personas, que diseminan silenciosamente y de manera inocente su contagio, no avisa cuándo o dónde va atacar, entendiendo además que siendo impredecible al atacar, también lo es en su resultado, concentrada en arrebatar vidas, no da concesiones para nadie, todos estamos a merced de este mortal virus.
Sin más preámbulos, voy a entrar en mi apreciación que estoy seguro es la misma de la mayoría de la población, tomando en cuenta que apela a la lógica, si consideramos que son situaciones del acontecer diario, pero que se desestiman, lo he titulado Factores multiplicadores del contagio del COVID-19, y que son manejables porque se originan en la persona y en su conducta y por lo cual son fáciles de corregir por las mismas, pues está en ellas el conocerlos para tomar previsiones y evitar los contagios masivos, como ser:
1. Factores socioculturales negativos en la personalidad, expresada en la manera absurda de comportarse, con argumentos pueriles que le produce un gozo yendo en contra de todo y de todos, encerrándose en su mundo de soluciones según su conducta propia o inducida.
2. Ausencia de urbanidad en las nuevas generaciones de ciudadanos, lo cual complica la interrelación personal por el marcado irrespeto al prójimo en lo más elemental, como ser los buenos modales, la decencia y las buenas costumbres, contaminando el ambiente de sus relaciones en su entorno de convivencia. Para una mayor explicación voy a insertar el significado de urbanidad, dado que hace unos 40 años era de naturaleza común en las relaciones entre los hondureños, y por un error fue desterrada en el sistema de educación nacional, al grado que para muchos jóvenes son criterios de museo. La urbanidad según ABC, “no es más que poner en práctica los buenos modales y la cortesía con gestos de respeto hacia los demás”.
3. La desobediencia a las disposiciones del distanciamiento social. No puedo calificar de otra forma como desobedientes a los pobladores en particular no respetar las distancias y el uso de mascarillas y otro equipo de prevención sanitaria. Eso nos va pasar la mayor factura con rostro de dolor y luto.
4. Indolencia del hondureño en la comprensión real del problema, partiendo de premisas falsas de que solo “X” sector corre riesgo de contagio, cuando se ha encontrado con el avance de la pandemia la contrariedad que afecta a todo el que se descuida y no solo a los viejitos.
5. Mucha tolerancia en hacer cumplir las medidas de restricción de no circular, impuestas y desobedecer la medida “Quédate en casa”.
6. La muy mala relación del gobierno con el personal de medicina y de enfermería del país, en especial los agremiados en el Colegio Médico de Honduras, que promueven cualquier error del gobierno, lo magnifican y en su deseo de revancha no miden que quien sufre esa desavenencia es el pueblo.
7. El gran hacinamiento en los centros urbanos y entre las familias, es en estos momentos un gran foco de contagio acelerado.
8. La confusión de la información con la comunicación, hablan mucho y dicen poco, generando esperanzas falsas que llaman a la confusión, en especial en el actuar de las autoridades centrales con las municipales. Refleja un desorden en el manejo de la crisis, redundando en que la gente salga de sus casas.