“LOS MISTERIOSOS CAMINOS”

UNA vez más para que el amable público medite hondo. Sobre lo misterioso que son los caminos del Señor. Quién iba a sospechar, unas semanas antes que se desatara esta infernal calamidad, que los días de Semana Santa no serían repetición de lo que han sido durante todos estos años atrás. Ello es, un prolongado período vacacional de cómodo relajamiento, de placer y de parranda. Ya en época más reciente, reservado para hacer turismo interno y no precisamente dedicado a la conmemoración de la efeméride religiosa. Que sería, siendo fieles a la tradición de épocas pretéritas, a recrear en los espíritus, conciencia del legado de fe, de amor, de obra, pasión, sacrificio y redención que dejó al mundo el Maestro de Galilea. No a las actividades frívolas del entretenimiento mundano, del ocio y de la holganza disfrutando de las playas, de los centros de esparcimiento y de los innumerables paradisíacos destinos que ofrece el país como muestra de su ubérrimo patrimonio natural.

Pues bien, intentando capear el agresivo contagio de la peste, el mundo se ha encerrado y Honduras no es la excepción. Los días de Semana Santa hay que pasarlos en casa. Mejor sería departiendo en familia, practicando valores olivados de la convivencia fraterna. Nada, además, costaría alimentar la cultura general con la útil compañía de lecturas productivas. Aprovechar la entrega gratis de los PDF que ofrece LA TRIBUNA de su edición escrita, con información veraz, confiable, rápida, completa y precisa. Aunque sean quiméricos deseos. Como pedir lo improbable al vasto auditorio de adictos de las redes sociales, de los zombis hipnotizados en sus pantallas digitales y las “chatarras de los chats” repartiendo mensajes insustanciales de vida o muerte. Sin más que hacer, atados al aislamiento, por voluntad de la Providencia, recluidos en los hogares, quizás convenga prestar atención a los mensajes de nuestros líderes espirituales. El cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez en su homilía acostumbrada, esta vez desde la Basílica Menor de la Virgen de Suyapa, elevó sus manos al cielo suplicando por todos nosotros. “Que Dios salve la nación y a su pueblo, ante la difícil situación que vive, agudizada por la epidemia del coronavirus”. “Sálvanos, salva a esta Honduras, lo necesitamos más que nunca, que hoy podamos abrirte las puertas de nuestro corazón”. La capital hondureña, al igual que otras ciudades, han lucido desoladas, con un aspecto lúgubre y, en el caso de la capital, ennegrecida por una densa capa de humo de los dañinos incendios forestales.

El purpurado abogó “por los enfermos, los que padecen por el coronavirus, los que se encuentran en los hospitales, en las unidades de cuidados intensivos, los que han perdido a un familiar querido sin poder despedirse y por todos los que han fallecido”.

“Hoy con fe te decimos Señor, ven a nuestra Honduras, líbranos de todo mal. Hoy pedimos que en toda la tierra se pueda levantar una oración por la paz, por una vida más humana y solidaria”. “Nos hemos enterado con mucho dolor –dijo– que incluso algunos familiares le niegan la entrada a la casa a alguno que llega quizás de trabajar supuestamente enfermo de coronavirus”. “No hay ninguna prueba de que estén contagiados, pero ese gesto es un gesto contra Cristo, es un gesto anti Semana Santa. Señor, perdónales, porque sí saben lo que hacen, están negando el amor, están negando la compasión, están negando la misericordia”. “La pobreza de Jesús invita ‘a ser generosos, solidarios, a vivir libres de toda ambición de poder, de ser importantes, de tener, que es lo que arruina al mundo y genera tanta injusticia’”. El cardenal hondureño tuvo palabras de aliento y reconocimiento a todo el personal médico, paramédicos, enfermeros, soldados, policías y otros héroes que “están sirviendo con sacrificio” en la lucha que se libra contra el coronavirus. Amén.