Por Rafael Jerez Moreno
Twitter: @RafaJerezHn
Confiar en un político es, ciertamente, una excepción y no la regla general. Pero, ¿por qué un concepto tan banal como la confianza, es lo más importante al momento de abordar una crisis como la del COVID-19? Porque si la ciudadanía no confía en un líder, sus palabras no tendrán credibilidad, sus medidas serán cuestionadas y sus buenas acciones serán reprochadas con sus malas decisiones.
La doctora en Ciencias Políticas Roser Rifà Jané expresa que, la confianza en las instituciones políticas democráticas debe entenderse como la creencia ciudadana de que estas actuarán y se comportarán de acuerdo con sus expectativas, de modo que los ciudadanos consideran que sus acciones son fiables, y que no actuarán de manera injusta, y que, además, actuarán de acuerdo a su competencia y el criterio de transparencia. Naturalmente, para un gobierno, la confianza nace desde el momento en que es elegido. Si una administración se constituye a partir de elecciones justas, transparentes y democráticas, todos tendrán certeza de quién es el ganador, por lo tanto, el depositario de la soberanía popular.
La política es una maratón, no una carrera de cien metros. Por ello, la confianza ciudadana se retiene e incrementa con decisiones que se toman a diario. El expresidente estadounidense Bill Clinton dijo alguna vez que al presidente o presidenta se le contrata para que tome las decisiones que nadie más puede tomar. Sin embargo, el margen para tomar decisiones correctas disminuye cuando estas pueden tocar intereses de personas que condicionan al líder, las élites económicas y políticas, o cuando el que toma la decisión arrastra actos de corrupción que impiden que adopte medidas que, a la larga, perjudiquen su libertad y estado de inocencia, o el de sus amigos. Red de diputados, entre gitanos no se leen la mano.
El Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (ERIC.SJ), en la novena edición del Sondeo de Opinión Pública, expresó que, para 2018, el 82.1% de la ciudadanía desconfiaba del gobierno central, el 86.3% del Congreso Nacional y 82.2% del Poder Judicial. ¿Democracia representativa? La caída en los niveles de confianza en las instituciones y sus titulares representa una caída en la calidad de la democracia, porque resultan electas personas en las que no se confía, o se deja de confiar en poco tiempo.
Desinformación. Un denominador común en las conversaciones que diariamente sostenemos. En este caso, al no confiar completamente en la información oficial, aparecen los medios de comunicación. Los profesores Virginia García Beaudoux y Orlando D´Adamo, sostienen que los medios indicen a través de un fenómeno denominado como saliencia, es decir, la medida en la que un tema es percibido como importante. Una vez que es importante para el medio, priorizado en su agenda noticiosa, entonces será considerado importante por el ciudadano que se alimenta de la información de ese centro de noticias.
Confiar o no confiar, he ahí el dilema. El COVID-19 lo vencemos unidos, eso está claro. Un sistema puede no estar preparado para enfrentar una pandemia, pero dependerá de qué tan preparado esté para que su impacto sea menos devastador. Esto último se logra con un liderazgo que desde un inicio sepa cuáles son las prioridades en un país, que tome decisiones, y así, será un liderazgo en el que se puede confiar.