Por José María Leiva Leiva
Desde luego los seres humanos somos complejos por naturaleza, y muchísimas veces contradictorios. Ya no se trata solo de mantener una propia individualización, una forma peculiar de pensar/actuar o un margen mínimo de tolerancia, sino que llegamos al colmo de comportarnos de la forma más inexplicable e insólita posible. La literatura al respecto es abundante y digna de mención. ¿Qué tal estas citas y enunciados?
“Hoy estuve pensando en la mala costumbre que tenemos los seres humanos de valorar algo solamente en la ausencia de este. Valoramos el dinero cuando nos falta. Valoramos el tiempo cuando estamos muriendo. Valoramos la familia cuando la perdimos. Valoramos el frío cuando hace calor, y deseamos que haga calor cuando hace frío. Solamente cuando recibimos un golpe bajo, dejamos de posponer vivir la vida para después. Vivimos de recuerdos del pasado, o anhelando un futuro que ni sabemos si vamos a alcanzar”.
“Nos quejamos de nuestros hijos pequeños, y luego cuando crecen deseamos que vuelvan a ser niños. Vivimos discutiendo con nuestros padres, y luego cuando mueren, anhelamos con todo nuestro ser poder retroceder el tiempo y darles tan solo un abrazo más. Nos quejamos de todo lo que nos falta, y nos olvidamos de disfrutar de lo que nos sobra y de lo que tenemos”. Realmente, “que cosa extraña es el hombre: Nacer no pide, vivir no sabe, y morir no quiere”, ¿entonces?
Desde luego la fábula del hijo simio preguntándole a su padre ¿qué es el humano? No tiene desperdicio, tome nota usted: “Son monos sin pelo que piensan que son los dueños de todo lo que les rodea. Construyen cuevas de piedra que llegan al cielo. Su ego, su codicia no tiene límites. Toman de la tierra más de lo que necesitan. Destruyen la selva, ensucian los mares, contaminan el aire. Los humanos esclavizan a los humanos, y dejan que parte de la manada muera de hambre para que unos pocos sean más ricos. Construyen máquinas para matar a otros humanos. Tarde o temprano se exterminarán a sí mismos. Los humanos son monos locos”.
Por si fuera poco, vivimos en competencia con los demás, olvidando olímpicamente que “nacemos sin traer nada, morimos sin llevarnos nada”. Y lo que es peor, “en ese intervalo peleamos por lo que no trajimos y por lo que no nos llevaremos”. Es terrible, pero “nos pasamos la vida esperando que algo pase, y lo único que pasa es la vida”. Y por insólito que parezca, en esta vida, “extrañas a gente que no te extraña. Quieres a quien no te quiere. Y eres bueno con quien no lo merece”. O esa loca carrera en la que “todo el mundo habla sobre cómo dejar un planeta mejor para nuestros hijos, y no de intentar dejar hijos mejores para nuestro planeta”.
En palabras de Ernest Hemingway, “Las mejores personas poseen sensibilidad para la belleza, valor para enfrentar riesgos, disciplina para decir la verdad, capacidad para sacrificarse. Irónicamente, estas virtudes los hacen vulnerables; frecuentemente se les lastima, a veces se les destruye”. ¿Que cómo perdemos la vida? “La vida se pierde de muchas formas: Se pierde cuando quieres vivir la vida de otros y no la tuya. Se pierde criticando los errores de otros, y no mejorando la tuya”.
“Se pierde cuando te lamentas a cada momento por haber fracasado y no buscas soluciones para poder triunfar. Se pierde, cuando te la pasas envidiando a los demás, y no superándote a ti mismo. Se pierde cuando te enfocas solo en las cosas negativas, y dejas de disfrutar las cosas buenas. La vida no se pierde cuando dejas de respirar, sino cuando dejas de ser feliz”. Te agrego este sabio consejo: “Mantén en tu vida gente que realmente te quiera, te motive, te valore, te anime, te inspire, te haga mejorar, y te haga feliz… Si estás con personas que no hacen nada de eso, ¡mándalas al carajo!”.
Bien sabido es: “Lo que no dejas ir, lo cargas. Lo que cargas, te pesa. Y lo que te pesa, te hunde. Practica el arte de soltar, perdonar y dejar ir”, ¡Inténtalo, no te arrepentirás! ¿Sabes quién gana al final? “Al final gana quien todas las mañanas se levanta para hacer frente a la vida, a pesar de todos los problemas. Quien con lágrimas en el corazón regala siempre una sonrisa. Quien cree todavía en los sueños, en un “te quiero” dicho con el corazón, en un abrazo sincero. Quien sabe llevar de la mano su propia vida, dándole un sentido”.
Concluyo con las citas de dos prominentes médicos. “Para navegar contracorriente son necesarias unas raras condiciones: espíritu de aventura, coraje, perseverancia y pasión”. Nise da Silveira (médico-psiquiatra brasileña).
Y, “A una persona le pueden arrebatar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias; la elección del propio camino”. Viktor Frankl (neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, fundador de la logoterapia y análisis existencial. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau).