GUATEMALA, 25 DE AGOSTO DE 1924
SEÑOR PRESIDENTE,
GENERAL DON VICENTE TOSTA
TEGUCIGALPA,
Muy distinguido amigo:
Aprovecho la idea a San Pedro sula de un empleado de la Casa J. Rossner & Co. Para enviar a usted esta carta, en la cual le informo de la actual actitud del Gobierno de Guatemala, respecto del Gobierno de usted, y con relación a los actuales acontecimientos.
Desde hace tiempo debe haber notado usted que yo he tenido que sostener una verdadera lucha para que este Gobierno y algunos elementos que lo rodean para lograr que pongan coto a las diversas tentativas de los emigrados para invadir a Honduras por la frontera de ambos países. El Presidente Orellana había creído que con mandar razones, por medio de Zúñiga Huete, a los líderes de la emigración, en el sentido de que no toleraría que violaran la neutralidad y asilo de Guatemala, y que debían cesar en sus conspiraciones para invadir a Honduras, pues de lo contrario se vería en el caso de tener que expulsarlos o meterlos en la Penitenciaría; que con tales razones sería obedecido, y por lo tanto, podía asegurar que no se efectuaría ninguna invasión. Yo tiempo que tanto él como el Ministro Lowental me hablaban de esas amonestaciones, les manifesté que en un momento dado, los emigrados no haría caso de las advertencias, y que lo más eficaz era la reconcentración y arraigo en esta capital de todos los que hacen de jefes. En esta situación vino la noticia de la sublevación Ferrera; y como los emigrados intensificarán sus actividades, moviéndose en todas las direcciones, renové mi solicitud de arraigo y reconcentración, de manera formal y en un Memorando, cuya copia adjunto a la presente. Entonces fueron llamados todos los principales que el sábado pasado (23 de agosto) estaban aquí; la Comandancia General les impuso el arraigo, con la advertencia de que si intentaban abandonar la ciudad, serían reducidos a prisión; se dieron órdenes de reconcentración para Angel Matute, Eusebio Bonilla, Simón Aguilar y otros más que cinco o seis días antes se habían ido para Puerto Barrios a arriar la gente que debía juntarse en Morales y Zacapa o Chiquimula. Estos individuos están ya para llegar a ésta, según me informó el Ministro Lowental; lo mismo que el Comandante de Chiquimula, que se dejó engañar pro unos diez emigrados de insignificante posición y que se fueron a incorporar a Ocotepeque. Ahora pues hay realmente energía en el Gobierno, porque están convencido de que pues, hay realmente energía en el Gobierno, porque está convencido de que sus anteriores disposiciones parsimoniosas eran impensables por el menosprecio de los emigrados; porque se vio hasta con escándalo público que el Gobierno les toleraba; porque averiguó el Presidente que sus amonestaciones se las callaba Zúñiga Huete, y antes bien hacía comprender que contaba con la tolerancia de tan alto funcionario. En todo esto me he ayudado el Ministro Americano, el de Francia y de El Salvador, principalmente, pues su gobierno está al tanto que la emigración salvadoreña ayuda con dinero y enganches a la revolución ferrerista. Yo sigo trabajando en las medidas tomadas últimamente se cumplan, y estoy alerta para que cuanto afecte a esta situación difícil en que aquí estamos.
Arias no tendrá éxito con todos sus amigos políticos; son apenas una media docena lo que le atienden y no quieren apoyar a Ferrera; los demás casi casi lo menosprecian y no le atienden. Sin embargo conviene que usted ordene y vea que sus órdenes se cumplan, en el ramo telegráfico, para los telegramas del mismo Arias sean trasmitidos de él para él, sus familiares y personas que le manejan sus negocios. Esto es para telegrafiar a sus amigos en Honduras, diciéndoles que no apoyen en ningún sentido a Ferrera, a quien, con los que lo siguen actualmente, llama cinco veces traidor.
Como el doctor Quezada me hubiere telegrafiado sobre el asunto de armas con José Barrios, he estado diciendo al Doctor, que no conviene andar con Barrios porque no ofrece garantías dado el precio exhorbitante que pide por cada fusil de 50 dólares, con dotación de cien tiros, (antes me había dicho que el precio era de 30 dólares); quiere además dinero adelantado por los tales fusiles y para ir él a Estados Unidos a buscar al General Mexicano Félix Díaz, que es quien le vende un lote de 5,000 fusiles; y luego, porque aquí Barrios no goza de la confianza para hacer una negociación de la naturaleza que él pretende. Por eso, en el deseo de que se consiguieran las armas y para que se necesiten en la actual emergencia, válido de la amistad que tengo con el Presidente Dr. Quiñóñez y en consideración a que antes de ahora ha atendido más de alguna solicitud mía referente a la situación de Honduras, me dirigí a él, por medio de su representante diplomático en esta capital, solicitándole nos vendiera o prestara algunas armas y parque para el Gobierno hondureño; y él me contestó que ya estaba tratando el asunto con el Dr. Colindres. Esto le supliqué a usted en telegrama fecha de hoy, decirlo al Dr. Quezada, pues la clave que con él tengo es muy fácil de descifrar.
Al Dr. Manuel G. Zúñiga, le supliqué tratar con usted la cuestión de fondos, es decir, sueldos del cargo que aquí desempeño, y para gastos de vigilancia -que son diversos y diario- de los emigrados. No creo además encarecer de nuevo a usted lo necesario, que es la situación puntual de esos fondos. Usted debe estar seguro que si yo estuviera en memores condiciones pecuniarias, no molestaría su atención sobre tal asunto, pues comprendo que los gastos militares actuales son enormes; pero atender la situación de aquí es también urgente; y aquí es casi imposible conseguir dinero prestado, ni aún con buenas garantías. Confío en que usted penetrándose de la verdad de lo que dejo expuesto, sabrá disponer que sin demora se sitúen los fondos a que he hecho referencia.
Ya tenemos hoy cinco días de no saber nada de lo que está pasando. Yo no puedo contrarrestar las muchas noticias adversas a las armas del Gobierno que se publican en los diarios; nadie me informa nada, mientras los simpatizadores de la insurgencia ferrerista, se valen de mil medios para propalar las noticias que les convienen, aunque sean falsas. Yo he conseguido que solamente mis telegramas sean transmitidos a Honduras; y que aún a El Salvador no se transmitan los de los emigrados y aún no emigrados. Pues así parece la prensa con correspondencia telegráfica dando noticias a cuál más absurda, para alentar a los que no quieren engancharse o tienen miedo a violar las disposiciones del Gobierno. Puede que, por las operaciones militares de Occidente, se interrumpan las comunicaciones telegráficas, por lo tanto, ruego a usted que ordene a quien corresponda, que diariamente me informen de la situación. Pueden hacerlo por la clave de Schlesinger, que es muy difícil descifrarla. Las noticias que yo juzgue reservadas las mantendré en secreto.
Deseando que ponto esté planificada nuestra pobre Patria, y en espera de sus muy apreciables órdenes, me es grato suscribirme su atento servidor y afectísimo amigo.
SATURNINO MEDAL
NOTA: ENVIADA CON H. MOELLER, EMPLEADA DE J. ROSSNER Y CIA. DE SAN PEDRO SULA.
ARCHIVO LUPITA MEDAL, SAN JOSÉ, COSTA RICA.