Rol esencial

Por José María Leiva Leiva

Propio para las festividades de Navidad y Año Nuevo, comparto dos reflexiones que cual pautas de comportamiento o consejos de vida, buscan resaltar el rol esencial que debería primar en las ejecutorias del ser humano, la primera en clave de poesía, del autor y compositor peruano Hugo Almanza Durand, que lleva por nombre: “Mi última lección”, como si esta fuese dirigida a uno de sus discípulos, dicho ello en los términos siguientes:

“Para ser feliz no importa lo que el mundo te ofrezca, sino lo que tú puedas ofrecer, porque todo lo que se da regresa, y ante los ojos del Señor solo valen las buenas obras. Al final no te llevarás lo que has guardado, solo se irá contigo lo que has hecho en favor de los demás; es decir, lo que has dado. Nunca te quejes, la vida no es fácil, camino sin piedra no es camino. No te compares con nadie, mídete contigo mismo; es la única manera segura de avanzar”.

“Ningún ser es infalible, acepta tus errores, los ajenos no justifican los tuyos. Pide que te disculpen y corrígete. La humildad es una virtud maravillosa, casi inalcanzable, pero no imposible. Con los años aprenderás que son los atajos los que alargan el camino, que la ruta más rápida y segura es la que ya conoces. Que nada es gratis en la vida. Que todo debes ganártelo o merecerlo. Que ser útil es mejor que ser importante. Aprende a dominar tus iras. Sé tolerante, cuántas veces lo serán contigo”.

“Jamás agredas, no olvides lo que dijo el poeta: “El golpe daña más al que lo da, que al que lo recibe”. Estira la mano solo para dar o ayudar. Quiere a tus parientes y amigos con todos sus defectos o correrás el riesgo de quedarte solo porque el ser perfecto no existe. Y acostúmbrate a escuchar; los consejos no se discuten, se agradecen. Recuerda que la belleza es fugaz, y que el poder es circunstancial. Que por más dinero que tengas, no serás mejor, no sabrás más, ni serás más bueno. Ni siquiera podrás comer o dormir más que cualquier mendigo.
“En todos los actos de tu vida trata de ser justo, piensa en los demás; deja que tu corazón cumpla con su deber, su destino es querer; para eso lo hizo Dios. Por lo menos eso pensamos los maestros. Aprende a valorar el amor que te dan, siendo poco, tal vez sea lo máximo que puedan ofrecerte. No todos tenemos la misma capacidad de sentir y de dar. Dichoso tú si puedes hacer feliz al ser que amas”.

“Cada vez que sientas ternura por los tuyos no te contengas. Todos tenemos una necesidad increíble de cariño. Sea cual fuere tu edad, ten tus cosas en orden; el Señor puede llamarte en cualquier momento. Enseña a vivir con amor a tu familia; si están alejados o resentidos, perdónense, nunca es tarde. La vida es tan corta. Quiéranse mucho, ahora que pueden hacerlo, que es físicamente posible”.

Recuerda hijo, que mañana si no los aparta la vida, lo hará la muerte”. Mientras tanto, la segunda lectura con autoría acreditada al presbítero chileno Dennis Doren, según el sitio http://www.es.catholic.net/, hace descansar en cada quien el sentido humano que debería prevalecer en la Navidad. Lo define así: “Navidad eres tú… Cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida”.

“Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir. La luz de Navidad eres tú, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, la alegría y la generosidad. El pesebre de Navidad eres tú, cuando te haces pobre para enriquecer a todos y acoges al Niño Dios en tu corazón. Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor”.

“Los pastores de Navidad eres tú, cuando llenas tu corazón con aquel que lo tiene todo. La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro del Señor. Los reyes magos eres tú, cuando das lo mejor que tienes, sin importar a quien. La música de Navidad eres tú, cuando conquistas la armonía dentro de ti. El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano. La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos”.

“La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y restableces la paz, aun cuando sufras. La misa de Navidad eres tú, cuando te haces alabanza, ofrenda y comunión. La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado. Tú eres, sí, la noche feliz de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni gran aparatosidad, tu sonrisa de confianza y de ternura en la contemplación interior de una Navidad perenne que establece el reino dentro de ti”. Y concluyo con el Papa Francisco, al expresar: “La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien un poco de silencio, para oír la voz del amor”. ¡Feliz Navidad!