La Navidad

Por Carlos Eduardo Reina Flores

He visitado varias parroquias durante este año. La basílica de Suyapa en Tegucigalpa, la catedral de San Patricio en Nueva York, la catedral de San Pablo en Londres, la basílica del Sagrado Corazón en París y la catedral de Sal en Zipaquirá, Colombia. Todas ellas, imponentes estructuras que tomaron años edificar, para venerar a Yahweh.
La basílica en Tegucigalpa fue concebida como hogar para la protectora Virgen María de Suyapa. Trasladarla de su antigua iglesia alrededor de la cual creció la comunidad de Suyapa. A medida que creció la ciudad capital, su humilde iglesia fue haciéndose pequeña para acoger a todos los fieles que deseaban visitarla. Fue desde allí, desde un altar colocado en la afueras de la capilla, desde donde el papa Juan Pablo Segundo se dirigió a una multitud de creyentes, en su peregrinaje pontificio a tierras centroamericanas, cuando la región sufría la convulsión política del conflicto ideológico, durante los aciagos días de la guerra fría.

En la visita del Papa Francisco a Nueva York en 2015, quedó maravillado que la catedral de San Patricio estuviese ubicada en el preciso epicentro del bullicio de la ciudad. La costumbre antigua era construir los centros sagrados distantes de la metrópolis, como destinos de peregrinación, aunque, durante épocas menos concurridas, bendecidos por el silencio. Los sacerdotes estadounidenses, justificaron la ubicación de la catedral a Su Santidad, diciéndole que precisamente se encuentra en el corazón de la ciudad para que la gente no se olvide que Dios está en todas partes.

En Londres la catedral de San Pablo fue construida con el nombre del apóstol de los gentiles. San Pablo de Tarso tuvo la dicha de comunicarse con nuestro Salvador Jesucristo. Al construirse la iglesia envió varias epístolas –propagando la palabra del Señor– que ahora forman parte de la santa Biblia.

La basilique du Sacré-Cœur, traducida del francés al español a la basílica del Sagrado Corazón, se encuentra en la ciudad de París. Fue edificada a los finales del siglo XIX en la zona más alta de la ciudad, Montmartre, para que, desde la cima, Jesús cubriera con su manto protector a los creyentes. La basílica fue construida en tiempos turbulentos, durante la guerra Franco-Prusiana que diera origen a la comuna de París. Tiempos devastadores, pero la parroquia ofrece el simbolismo evidente que al final triunfa la fe.

En las alturas de los Andes, en las minas de Zipaquirá, los mismos mineros trazaron cruces y reverencias al Señor en las paredes de la excavación. Años después, de persistente fe, decidieron hacer una iglesia. Con el pasar de los años, ganó categoría de catedral simbolizando la protección a los obreros en las excavaciones. Referencias propicias ahora con el advenimiento de las fiestas navideñas. Al conmemorar el nacimiento del Redentor, el sentimiento que cobija a todo cristiano es de gracia, paz y misericordia. ¡Bendiciones a todos y feliz Navidad!