EL MAPA POLÍTICO

¿CREEN que eso no nos atañe acá? Pues no estén tan seguros de ello. La ola es expansiva y se repite de una nación a otra. Los que ignoran los mensajes o las lecciones, pierden. El triunfo de los conservadores ingleses desafió todos los pronósticos. El bombástico primer ministro jugó su futuro político a la elección y ganó la apuesta. Los tories obtienen 365 asientos, un incremento de 66, mientras los laboristas en una derrota histórica apenas retienen 203, perdiendo 43 escaños en el Parlamento. Boris Johnson acaparó todos los votos por el Brexit. Mientras los votos por permanecer en la Unión Europea se dividieron entre el Partido Laborista, los Liberales Demócratas y el Partido Nacional Escocés. (La misma táctica que siempre funciona. Dividir el voto entre los varios partidos rivales mientras se ofrece un buen mensaje que logre acaparar lo propio). Lo que acaba de suceder bien puede servir como mapa político para procesos electorales en otras partes del mundo. Los liberales tanto allá, y parecido a lo que recientemente ha sucedido en los Estados Unidos –no han encontrado– en esta nueva era de las comunicaciones sucintas, insípidas y superficiales, la forma como tocar las emociones de las personas.

Una sola frase, “que se cumpla el Brexit”, penetró más el sentimiento generalizado de los votantes que cualquier lección –larga y llena de conceptos indigeribles para gente sin mucha capacidad de concentrarse por más de 30 segundos en lo que le transmiten– ofrecida por los políticos opuestos a sacar el país del club europeo. Los servicios de redes y medios sociales están llenos de mentiras, fanatismo y tonterías, pero funcionan para comunicar a la colectividad. La verdad es algo que a la multitud no le interesa. Muchos de los votantes se guían por la personalidad de los líderes, las apariencias, su capacidad de comunicación. Importa el carisma y el atractivo personal. No votan por los sosos, aburridos, antipáticos, y amargados. (Todas esas peculiaridades fueron atribuidas a Corbin, el líder laborista, quien dimite en enero, abochornado por la vergonzosa derrota de su partido). Infunde más confianza un semblante amable, simpático, bromista, campechano y cordial. (Boris, escénico y teatral apeló al auditorio con frases cortas, tajantes, a veces mordaces contra sus rivales). Además, muchos votan no a favor de alguien sino en contra del otro. Y el candidato laborista, de narrativa divisiva y aspecto frío, simplemente ahuyentó a los electores. Los ciudadanos responden a sus miedos, a sus frustraciones, a sus impulsos internos. Ya los discursos académicos y doctorales no apelan a nadie.

El secreto es cómo lograr contactarse con los sentimientos, con lo que interesa a la vida de la gente. Representar a los que se sienten excluidos de los bienes de la sociedad más cómoda y reaccionan enojados con el sistema. En la Unión Europea el referéndum que generó el Brexit mucho tuvo que ver con votantes en pequeñas comunidades que sintieron que les arrancaban su cultura tradicional. Al final de cuentas, el veredicto de los pueblos es inapelable. No hay razón que valga o justifique lo que no quieren ver o escuchar. Lo que importa es el peso de sus aprensiones, sus obsesiones y la manera como interpretan la realidad. La percepción es una para los que están en negación de la realidad, y otra para los que la sienten. La política, cada vez más, es de colores vibrantes, no de matices intermedios. Es de puntos de un lado o del otro del espectro, de blanco o negro. Si bien los votantes –ya en lo atinente al destino de su país como a lo que pueda asegurar su bienestar particular– son proclives a buscar el centro seguro cuando los extremos los asustan, ello no basta. Ese centro debe encontrar el nervio que toque el sentimiento colectivo y saber como comunicarlo.